Como ya todos sabemos, el actor mexicano Julio Alemán falleció este 11 de abril a causa de cáncer pulmonar. Los distintos medios de comunicación ya se encargan de recordarnos todo en cuanto a su vida y obra, que fue prolífica en cine, teatro y televisión. Como un pequeño tributo, en Revés rescatamos de nuestros archivos más polvosos un artículo publicado hace ocho años en nuestra era impresa, en el que se detalla una fase poco conocida del nacido en Morelia: su interpretación como agente secreto, vamos, como el James Bond latino. Su nombre era Dínamo, Alex Dínamo…

Por José Xavier Návar

Ni modo. Alguien tenía que cargar con el muerto (más bien con el oso) de ser el primer agente secreto latinoamericano en el cine y ese alguien fue Julio Alemán. A decir verdad, gran parte de la culpa de que el también intérprete de Rockambole (un vengador enmascarado de uniforme muy en deuda con El Águila Descalza) haya tenido que resguardar o solucionar los inexistentes secretos de lugares como Guayaquil, hay que adjudicárselos a René Cardona Jr., quien inspirado por las películas de James Bond, y sin miedo al ridículo, se le ocurrió el invento de un agente secreto al estilo del encarnado por Sean Connery, pero en versión fogosamente latina.

Sin embargo, imitar a las superproducciones bondianas ya tenía sus bemoles para cuando se decidió rodar la primera de dos cintas que duró Alex Dínamo: en lugar del lujo de las películas inglesas (filmadas donde se les diera la gana y con los cientos de miles de dólares de producción que se veían en las pantallas de medio mundo), se tendría el moderado lujo de las locaciones de Quito y Guayaquil, en Ecuador, y nada de derrochar dinero, filmar con lo estrictamente necesario, o sea, con lo que buenamente les permitió el subdesarrollo del momento anunciado como la “sensacional presentación del súper agente secreto Alex Dínamo en la más fantástica película de acción constante de realismo increíble”.

SOS Conspiración Bikini (que provisionalmente se llamó Operación Bikini) se filmó a colores durante el mes de julio de 1966 en Quito y Guayaquil. Su estreno en México fue el 3 de agosto de 1967 y durante dos semanas en los cines Robie y Carrusel consiguió acaparar la atención del público amante de cualquier clase de aventuras. Ni las poderosas y determinantes curvas de Sonia Furió, ni las de Sonia Infante, ni las de Maura Monti, ni las de Lisa Castro, ni las de la importada Lorraine Chanel, bueno, ni las de Isela Vega, entre otras, fueron capaces de conseguir siquiera una semanita más de éxito, a pesar de que la película es una joya del humor involuntario. La cinta comienza cuando Dínamo logra vencer a unos villanos que esconden drogas dentro de unos plátanos. Más tarde, Alex y su amante, Adriana, se las tienen que ver con el malo de la historia, Luigi, y sus esbirros que hacen sudar muy poco a Dínamo, quien incluso se da el tiempo para dilatar la pupila con las excelentes nalguitas de una convención de moda playera que se lleva a cabo en un hotel con casino de Quito: paralelamente, en el mismo lugar, se genera un encuentro femenil casi terrorista.

Lo maravilloso de SOS Conspiración Bikini son sus (d)efectos especiales de tres dólares; una cámara fotográfica que es pistola, otra que es encendedor, un libro-pistola, un estetoscopio indiscreto y otros aditamentos que hasta Santo el Enmascarado de Plata se hubiera negado a usar. Las maquetas son tan chafas que nadie acaba creyendo que se trata de un yate, un helicóptero o un auto deportivo. Todo parece financiado con 10 dólares, pero eso sí: buena parte de la lana para la filmación la pusieron Aerolíneas Peruanas, Ecuatoriana de Aviación y el Hotel Humboldt de Guayaquil; sus anuncios pueden verse a lo largo de toda la película… Pero, ¿y el buen Alex? Como ligador compulsivo en sus descansos de agente secreto, Dínamo se ve obligado a aguantar los embates de su compañera que ya mero y es peor que los villanos. Se ve que Julio Alemán, más que buscar una Diosa de Plata, o un Ariel (mejorado) sólo fue a pachangueársela a esta dizque aventura internacional.

Casi un año después (cuando ya parecía olvidado el asunto y mientras el original James Bond no se preocupaba realmente por Flint (James Coburn) ni por Matt Helm (Dean Martin) y agentes secretos similares o corregidos y aumentados) llegó a los oídos de Alemán un rumor que luego acabaría confirmándose: regresaba Alex Dínamo.

Para la segunda película, Alemán pidió garantías porque su imagen no volvería a mancharse a consecuencia de aventuras internacionales que destilaban precariedad. Sin embargo, tras un breve intercambio de golpes monetarios con Cardona Jr., terminó convencido de volver a encarnar al habilidoso y besucón agente latinoamericano con licencia para tirarle plátanos a cualquier villano. Además, en el nuevo filme, ya no tendría que preocuparse del marcaje personal de Sonia Infante y podría repartir mejor su tiempo de sex-machine con dos nuevas socias: Alma Delia Fuentes y Barbara Angely. Por otro lado, los villanos (sería más correcto decir “las villanas”, una vez más la nefasta organización llamada SOS) representaban un verdadero reto; en especial las curvas importadas de Elizabeth Campbell, quien casi pone a sudar horas extras al buen Dínamo, aunque otra agente, Amadee Chabot, no se queda atrás, y menos el virus con que las bravas hembras piensan contaminar las aguas de Latinoamérica luego de hacer colar la refinería de Guayaquil.

¡Peligro…! Mujeres en acción (que como título provisional tuvo el de ¡Peligro, vikini en acción!) se estrenó el 17 de julio de 1969, pero anunciaba lo peor. ¿Otras dos semanas de exhibición en un par de cines del DF? No. Algo más siniestro: ¡Una sola semana! (aunque eso sí, estuvo en más cines: Variedades, Carrusel, Colonia, Popotla, Bahía, Maya, Soledad, Francisco Villa, Santos Degollado, Álamos, Máximo, La Paz, Minerva y Briseño). Sin embargo, nadie en ese momento podía vislumbrar los efectos que a posteriori tendrían las aventuras de Alex Dínamo en video: nulas, a no ser por algunos coleccionistas del chopo que rescataron las películas del olvido en que las tenía Televisa para convertirlas en objeto de culto.

Para su segunda aventura, Julio Alemán se preparó mejor: al parecer tomó un curso en el Gaspar Henanine´s Actors Studio, y repasó las películas de James Bond. Trató de sentar un precedente porque no cualquiera era elegido así como así para ser el primer agente secreto latinoamericano. Se dice que Rodolfo Guzmán Huerta, El Santo (que no sólo era agente secreto en sus películas sino hasta miembro de la Interpol) nunca consideró como un serio contrincante (al menos en lo que a cintas de agentes secretos se refiere) al señor Dínamo, e incluso alguna vez afirmó que si a él le hubieran encomendado acabar con la organización terrorista de mujeres conocida como la SOS, sólo le hubiera bastado una película.

En ¡Peligro…! Mujeres en acción, Dínamo practica algunos diálogos en inglés (pronuncia perfectamente of course y hasta presume en algún momento de sus habilidades con el francés, soltando certeros oui) y repite algunas tomas, principalmente besuqueando a Alma Delia Fuentes (dándole respiración de boca a boca) con quien también sostiene algunos diálogos antológicos, nada dignos de un agente secreto. Más que armas a la usanza de James Bond, Dínamo usa besos a la menor provocación. Una vez más el argumento es incongruente: persecuciones irresponsables, telefonemas en clave, cigarros delatores, submarinos patito, un helicóptero balín e interminables conversaciones en walkie talkie con los ya tradicionales cambio y fuera de la primera película; de nuevo encontramos la insistencia en mostrar anuncios publicitarios de todos los patrocinadores. A veces más terrorífica que la propia trama, la música de Ernesto Cortázar y Carlos Camacho alcanza verdaderas cumbres de horror: por ejemplo cuando Nacho Méndez entona I´ll never be in love with you.

Ya lo dice bien la lógica: hasta la aparición de Alex Dínamo, nunca antes en Latinoamérica, y mucho menos en Guayaquil, habían existido agentes secretos tipo James Bond (aunque Dínamo responda más al modelo subdesarrollado que al inglés): ¿Qué tipo de secretos se pueden ocultar, a menos que sean los domésticos? Sin embargo, ya se demostró con las dos películas del señor Dínamo que, tras muchas voluptuosas curvas, sí que las hay.

*Artículo originalmente publicado en la revista Complot.