Claudia Morales ha escrito un libro en el que se vale de la ficción para que el lector conozca mejor a Laura Méndez de Cuenca. La obra le mereció el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2026 y se espera que la edición llegue para el año entrante. La protogonista de este relato fue una prolífica escritora y activista, aunque en un país machista era más conocida por ser la pareja de Manuel Acuña, quien tuvo un trágico final al quitarse la vida bebiendo cianuro de potasio en 1873.
En Revés Online tuvimos la oportunidad de conversar con la escritora que actualmente radica en la Ciudad de México.
Comencemos por lo básico, platícanos de qué va el texto
La novela está contada en tres tiempos. Sigue la vida de la escritora mexicana del siglo XIX Laura Méndez Lefort, conocida en el ámbito literario como Laura Méndez de Cuenca. Era además pedagoga, ensayista y poeta. Lamentablemente es conocida por su trágica relación con Manuel Acuña, cuyo desenlace es bastante triste.
Sin embargo, más allá de esa historia, su obra ha sido muy invisibilizada, pese a que hay recientes esfuerzos académicos de rescatarla.
La novela sigue su trabajo desde la ficción. Quiero aclarar eso: no es biografía ni es biografía novelada, es pura ficción. Así, desde la voz de Laura Méndez de Cuenca, recrea dos periodos en su vida: el primero es cuando ya tiene 34 años y vive en San Francisco, California, y antes cuando tiene 16 años y comienza su vida en la escritura.
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Intenté recrear la voz de una Laura Méndez muy jovencita, adolescente, y la voz de una autora madura de 34 años mirando al pasado, pero está interconectado con la narrativa de una autora moderna.
La novela está basada en mi experiencia buscando la obra de Méndez. Entonces, a través de la novela vemos a Laura joven, a Laura adulta y a la escritora que está escribiendo sobre Laura Méndez. En general, la novela intenta hablar sobre lo que es el camino de las mujeres en la escritura y también es una reflexión sobre los fantasmas literarios y sobre la presencia de otros artistas en nuestras vidas literarias como escritores.

Y esa escritora de alguna manera eres tú, ¿cierto?
Sí, es bastante autoficción. Yo llevo más de 15 años estudiando académicamente la obra de Laura Méndez de Cuenca, por lo que conozco profundamente su escritura. Curiosamente yo terminé viviendo en San Francisco, igual que ella, y he caminado por las calles que ella recorrió… entonces había conexiones muy obvias.
¿Qué te llevó a abordarla desde la ficción?
Esa es una buena pregunta porque primero comencé escribiendo sobre ella desde la academia. Pero decidí escribirla desde la ficción justo porque le conté a una colega cómo me sentía de provocada al caminar por las calles de San Francisco y me dijo: «Deberías escribir esto, me parece que hay una historia». Cuando empecé a escribirla, lo hice en tercera persona y pronto me di cuenta que sonaba demasiado académica y demasiado biográfica. Entonces, cambié la voz a la primera persona y ahí fue cuando la historia agarró más literatura.
¿Y cuánto tiempo te llevó escribirla?
Es curioso porque creo que en parte conozco muy bien su obra en relación a la escritura. Y no solo eso, Laura Méndez de Cuenca tuvo una vida fascinante, una vida extraordinaria. Fue una autora que venía de una familia importante, su abuelo Émile Lefort era un pastelero francés al que se le acusa falsamente de ser el responsable de la Guerra de los Pasteles. Venía de una clase próspera, especialmente para tiempos de guerras. Y ella, pese a tener casi todo dentro de lo que se espera de una joven nieta de un francés de familia acomodada, decide que quiere ser escritora.
¿Se lo permitieron?
Sí, pero comienza su romance con Manuel Acuña y se embaraza, por lo que su familia le retira completamente el apoyo y nunca vuelven a hablar con ella. No tenía dinero ni para calentar su casa y entonces el niño muere de frío. Eso va a ser algo que la va a marcar profundamente.
Era una mujer pro Juárez en una clase social que había apoyado a Maximiliano, era sumamente juarista y muy crítica de las políticas educativas. Fue pedagoga y no solo eso, sino que luego tiene su segunda pareja, Agustín F. Cuenca y no se casa con él, pero sí tienen seis hijos.
Eso le dificultó encontrar trabajo en México porque era considerada una mujer de lo peor. Cuando Cuenca muere, ella tiene que migrar a California porque nadie la iba a contratar en el país, pues era considerada una mujer no confiable para educar a las señoritas mexicanas. No era confiable a pesar de que fue una de las primeras mujeres en titularse y de que tenía una obra sólida. Tuvo que migrar a San Francisco para dar clases de español, pero murió en la pobreza.