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Derrota en octavos (II): A don Calixto ya le fallan los riñones

El bozo me corrige (hablando de distorsiones, cuántas para aclarar en el homenaje «Todo lo siguiente es equivocación») lo del Mundial del 2010: era España contra Países Bajos.

—De todas formas ganó.

—Sí, pero aunque ganar se justifica de primeras, más importante aún es contra quién se gana: el tan nombrado precedente que registran los medios.

—No hay diferencia, a mi parecer.

—Que se equivocó. Pero ya tiene un mea culpa.

—Vea este encabezado: «Bellingham, que no ha ganado nada esta temporada, va a enfrentarse a Mbappé, que tampoco ha ganado nada esta temporada, y se van a enfrentar el sábado para no ganar nada».

—Una sarta de perdedores en finales. Contra quién se pierde también es importante, no crea. Y más si ambos pierden. Claro que algo han ganado: sabrán ellos.

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A las cuatro, Francia contra Inglaterra. Ya deben estar listas las sillas y las neveras: lo necesario para que don Calixto diga que le están fallando los riñones. En casa no se ha dicho ni esto, pero saldremos a por un morral. Intentaré meterme a ver qué encuentro.

«Estuvimos tan cerca», dijo Tuchel sobre la derrota contra Argentina. Los diarios cubren: «No modificamos nada después del gol, pero el partido cambió por completo. Pasamos a una línea de cinco para cerrar los espacios por dentro y ser fuertes en el juego aéreo, porque justo después de nuestro gol, sin hacer cambios, concedimos demasiados centros y demasiadas ocasiones», y la cereza: «Pero no pasa nada, entiendo que estén esas discusiones ahí fuera y, por supuesto, que haya millones de entrenadores después del partido que creen saberlo mejor».

Mi sesgo es que todo alemán (y transcribiendo recordé a Marcelo Bielsa, como si pudiera buscarlo con el agregado «Antología de plenitud», o «Textos críticos ante la cancha», o «Notas a mi reemplazo Diego Forlán») es filósofo; y lo que dice, materia para análisis técnicos. Hasta ahora, que participe del material.

Francia

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Los Billo’s Caracas Boy arriba (jornada de baile para comedores); en el Café Rico, el televisor para las novelas de la trabajadora; y, como mucho, un Juventus sentado en la esquina del pueblo, tomando porque lo invitaron. En el entretiempo Inglaterra le llevaba cuatro goles a Francia: lo supimos luego de abrir los regalos preuniversitarios (equipamiento contraexcusas) en la consulta, porque no lo transmitieron en las pantallas de los comedores.

—No van a dar nada ese partido y la final…

El flaco de la basura dejó la información a medias por mover el carro de aseo para darle permiso a una señora. Al lado contrario del logo tenía un reconocimiento por treinta años: ¿son de estar ahí, aseando y deteniéndose en las mesas, o del servicio-empréstito? Lo importante es que goleaban los ingleses. Pero luego el «festival de goles» terminó en seis-cuatro. Y la gente abriendo la boca para una cucharada más, de cena o por antojo; y la basura en las bolsas que llena el reportero, y luego amarra y bota en caneca.

—Mañana se acaba el Mundial.

—Doña Leticia le va dar gracias.

—¿Por qué?

—Porque eso mantiene interrumpiéndole los programas, aunque ha dicho que ya no ve.

Alejandro Zapata Espinosa

Aguas Calientes, julio de 2026

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