Sirva el partido finalista para volver sobre el caso Annobón, en esta especie de reseña a la nota en REALPOLITIK: el engaño de que buscaban convertirse en provincia de Argentina despertó la solidaridad internacional. El problema incluye una arquitectura jurídica desde Franco, la jerarquía étnica del Estado ecuatoguineano y la vista gorda sobre el régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, con todas las letras de la infamia, el dictador más longevo del mundo (¿qué le habrá dicho León XIV?).
No trataré los orígenes coloniales, no porque no sean de importancia, pues cómo, sino para que se dediquen otro espacio, en el artículo de arriba. La cuestión es que el régimen de Obiang se vale de Lamine (su madre es ecuatoguineana y tiene una amistad oscura, por las relaciones políticas, con Benjamín Zarandona Esono, antiguo capitán de la selección).
Es decir, y en este caso Lamine Yamal aparece como un conejillo de indias, que el «régimen utiliza el fútbol y a figuras de la diáspora para proyectar una imagen moderna y positiva mientras quedan fuera de escena la represión y las violaciones de derechos humanos». Así pues, estamos ante otra de las islas que deben mencionarse en el Mundial (y no solo el baño de Messi a su actual contrincante hace casi diecinueve años: esto es lo que, de pelado, se ocultaba, lo que mantiene el discurso en niveles de disgusto y generalidad insoportable): Malvinas y Annabón.
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(Tienen de valederos estos espacios la interconexión, la complejidad de las relaciones entre deporte y política y cultura, lo demás, para dar foco al silencio mediático. Es innegable la unidad sur-sur, la lucha independentista y la rebeldía contra un tirano que, derrotado, por su «trayectoria», representará, la victoria siempre, un canto de liberación que celebraremos los americanos. No creo que esta consideración defina en últimas la apuesta de un indeciso, como yo antes por las dos raíces, que buscan ahora la Albiceleste por intermediación de la isla volcánica).
Setenta y nueve minutos y contando. No sé los nombres, pero Argentina ataca, están en mitad de cancha, la pelota la controlan los españoles, hay indecisión, se adentran y tiro libre. Una cámara los acerca, un argentino escupe y un español levanta el dedo gordo a un compañero. Casi le meten gol a Argentina. «¡Ay, durooo!», gritó una señora ronca (¿la que ayer tomó hasta tarde con boleros?). Más luego: «¡Ey ahí, duro!», uno puede reírse e imaginar el equipo lleno de señoras como ella, con un audio a todo volumen que las motive, previa grabación de insultos y acicates de cuadra.
Muestran al viejo calvo-mono (¿le tendrá envidia?), a su esposa, encapsulados, por supuesto: corrompe respirar el aire de los gladiadores y de la plebe. «¡Cuidao, la botella!», la misma señora, comentarista. Estemos aquí hasta que alguien gane, y entonces preparo baño (luego usted decide si verá las repeticiones o coge-abre otro texto). «¡Yo hago el arroz como crudo es mi impresión!»; Argentina está acorralada. «Sí tengo la boca seca-seca», pasa un señor a coger subida.
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Con el tiempo tan adelante, yo me pregunto si es necesario actuar una falta. «¡Bravo!»: Argentina pasa de tirar a que le tiren. «¡Eso hijueputa!», «¡Fuera, fuera, qué malparido! ¡Fuera!»: la señora y, digamos, su esposo. No me enteré para quién fue la roja. Cuatro minutos de más. Enzo Fernández. Le picó la punta del pie y le dio una voletera. «¡Eso peludo, eso!», pero sin gol. Un argentino con las manos sosteniendo la cara: se ríen. Tiro libre ahora tiro de esquina.
Anuncios. Noventa y cinco minutos. «El arquero lo es todo», dicen los espectadores. «Gol», exclama otro, pero con cuidado, entre paréntesis. España metió gol: lo anulan; el diecisiete; no se lo cree; reclaman: una española se come las uñas. Cambio de Rodri por Laporte. «¡Eso eso, epa hijuepu…!» Vienen los penaltis, ya vienen. Cien minutos y un segundo. Senesi por Álvarez. Amarilla para Scaloni. ¿Cuál es la función de un técnico a estas alturas? Ver el partido en silencio alivia un tanto. Me detendré hasta que haya ganador.
Es España.
Alejandro Zapata Espinosa
Aguas Calientes, julio de 2026

