El pasado 4 de julio, la presidenta Claudia Sheinbaum estuvo en Michoacán, primero en Morelia y después en el interior del estado, para la promoción de su programa de vivienda y la evaluación de las estrategias de seguridad. Horas antes, la tarde-noche del 2 de julio, se inauguró en el Centro Cultural Clavijero la exposición Latas de Palestina: arte, memoria y resistencia, de Rodrigo Ímaz.
Bien dicen que en la política no existen casualidades.
¿Quién es Rodrigo Ímaz? Nacido en Ciudad de México, realizó estudios en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (hoy conocida como Facultad de Artes y Diseño). También en la Universidad Politécnica de Valencia (España) y la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas de la UNAM, (lo que antes era el CUEC).
A Ímaz lo hemos visto incluso en el FICM, cuando presentó su cortometraje documental Juan Perros (2016) y unos años más tarde con el largometraje Àvia, el jardín de la memoria (2025). El autor ha obtenido varias becas y residencias en el extranjero, además, ha realizado varias exhibiciones tanto colectivas, como personales, cuyo número se ha incrementado en los últimos años.
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Se dice que Rodrigo Ímaz es hijo de Claudia Sheinbaum, pero esto no es estrictamente cierto. Rodrigo es fruto de la relación del catedrático y político Carlos Ímaz con una mujer llamada Sandra Alarcón, quienes se divorciaron en 1986. Un año después, Carlos Ímaz y Claudia Sheinbaum, contrajeron matrimonio y tuvieron una hija, Mariana, mientras que Rodrigo, desde muy pequeño, se integró a la dinámica familiar, por lo que la relación es muy estrecha.
Después de este largo rodeo vuelvo brevemente a Latas de Palestina. Había estado previamente en un par de exposiciones individuales de Rodrigo, así, a la distancia, lo primero que me viene a la mente son balones ponchados y máscaras de luchadores. Hace unos días, mientras salía de la exposición, me quedó la sensación de que más que reflejar las condiciones actuales del pueblo palestino, hacía eco de una situación muy distinta, la de aquellas personas que hablan del sufrimiento de los demás, desde sus lujosos departamentos, con la comodidad de tener una abultada cuenta bancaria como respaldo.
Podría argumentarse que la obra del autor se ha ganado estos espacios por mérito propio. Esto puede ser o no cierto. Cuando mezclamos un nombre con dinero institucional (público o privado), y utilizamos una dosis de subjetividad estética, los resultados pueden marcar una clara tendencia.

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Y aquí entramos en otro territorio, uno que recuerda la importancia de los nombres y las relaciones en el elitista mundo del arte institucional. Es muy difícil pensar en galerías o llevar a cabo un proyecto artístico cuando se llega con trabajos a fin de mes, no se diga el acceder a becas o residencias en el extranjero. ¿Pesa más el talento o el entorno socioeconómico? En lo personal, creo que un pasado privilegiado puede ser un factor importante para acceder a los recursos económicos destinados al quehacer artístico.
Y así llegamos al tema del pasado, del antecedente familiar. Carlos Ímaz, padre de Rodrigo y esposo de Claudia Sheinbaum hasta 2016, fue parte de los escándalos que sacudieron al gobierno del entonces Distrito Federal, cuando López Obrador era jefe de gobierno. Ímaz era en ese entonces jefe delegacional por Tlalpan y se le pudo ver en una grabación recibiendo grandes sumas de dinero en bolsas de plástico por parte del empresario Carlos Ahumada.
El empresario dijo en ese entonces que el jefe delegacional de Tlalpan le solicitó dinero para gastos personales. Ímaz, por su parte, aseguró que el dinero se utilizó para financiar las brigadas del voto perredista, que en ese entonces gobernaba la capital, lo mismo que para promover la campaña de Rosario Robles para la presidencia del PRD. Al final, el susodicho fue condenado a pasar más de tres años en prisión por delitos electorales. Pero Ímaz nunca pisó la cárcel, pagó una fianza y tiempo después fue exonerado.
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Ya lo decía Voltaire, “la política es el medio por el cual hombres (y mujeres) sin principios, dirigen a gente sin memoria”.
Latas de Palestina: arte, memoria y resistencia se exhibe en el Centro Cultural Clavijero hasta el 8 de noviembre de 2026.