La Torre de Cristal lleva al lector a un viaje en el tiempo por partida doble. La primera escena nos pone en 1977, con el famoso periodista conocido como El Güero Téllez dando cátedra de dominó a los recién entrados en el oficio. Ahí, entre juegos que se ahorcan y cubas que van y vienen, les cuenta cómo se encumbró cuando hizo la crónica del asesinato de León Trotsky en 1940, en el que Alfonso Quevedo y Valentín Quintanilla se convierten en los investigadores clave para resolver el misterio.
Invitados a la Feria Internacional del Libro de Morelia, los autores de la novela Eduardo Antonio Parra y Carlos René Padilla compartieron algunas de las claves que dieron forma a un relato que fluye como el agua en una tubería sin cochambre. “En gran parte sí es un homenaje al periodismo policiaco porque ambos tuvimos experiencia en esa fuente, Carlos como reportero y yo como editor”, suelta Parra, uno de los narradores más notables que tenemos en el país.
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Para ambos, la leyenda del Güero Téllez se convirtió en referencia e inspiración obligada, por lo que ahora lo retoman como un personaje literario que detalla la conspiración para matar a Trotsky en México. “También es un homenaje a cómo se ejercía al oficio en el pasado, por eso el Güero es el que cuenta toda la historia, porque tiene una mirada más profunda, ya que han pasado más de 30 años del acontecimiento”, dice Padilla.
Para hilar la historia, ambos volvieron a la historia que tiene su punto de ebullición en 1940. “Era un momento álgido para el mundo, y en México estaban los rusos, los gringos, había muchos espías en el país, pues la injerencia extranjera siempre ha existido”, apunta el propio Padilla.
La Torre de Cristal, a cuatro manos
La novela es también un viaje por las calles de la Ciudad de México, por la música que se escuchaba en los 40, por las características de un tugurio en 1977 y por la presencia del comunismo en el país. “Mi abuela nos contaba -interviene Parra- que los rusos eran bien malos, que los comunistas eran el diablo, porque habían mandado matar a Trotsky a 30 mil kilómetros de distancia”.
En La Torre de Cristal Alfonso Quevedo y Valentín Quintanilla son dos personajes ficticios inspirados en la realidad. El primero toma los rasgos del considerado primer criminalista mexicano, Alfonso Quiroz Cuarón, quien reveló la verdadera identidad del asesino de Trotsky, el español Ramón Mercader que se hacía pasar como Jacques Mornard. En tanto, Quintanilla se inspira en un policía de los años 20, un tipo duro que desdeñaba el método científico y prefería la violencia contra cualquier sospechoso.

La novela tiene datos históricos que se van conjugando con la ficción de las situaciones: “Queríamos meter al lector en temas como por qué el presidente Cárdenas ignoraba el complot ruso, meterlo al entorno de la sucesión presidencial, del periodismo de esa época, del México que trataba de que la Revolución diera buenos frutos”, señala Carlos René.
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En cuanto a la labor de escribir la novela entre ambos, apuntan que ese tramo histórico ya les interesaba desde hace tiempo. “Los 40 es una mina literaria, la Ciudad de México seguía siendo maravillosa, la hemos visto en películas, en documentales, en fotos, así que si no la pudimos vivir en la realidad, la podíamos visitar con una novela”, celebra Parra. La historia la construyeron en conversaciones y al momento de aterrizar a la escritura ambos dieron forma a cada capítulo, rebotando cada uno hasta que quedara el estilo de un tercer narrador, “en cierta medida inventamos un escritor que no existía”.
Editada por Random House, La Torre de Cristal consta de 380 páginas que parecen mucho, pero en realidad se pasan rápido. En voz de los propios autores, ayuda mucho que los capítulos son muy cortos y que la línea narrativa nos lleva de una época a otra; “cuando le das variedad al lector no hay margen que para que se aburra”, concluye Parra.