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Lovecraft, el escritor fantasma de Houdini

Si existe alguien importante para la literatura de terror es Howard Philips Lovecraft. No solo inspiró todo un subgénero del horror, sino que fue pieza fundamental en el desarrollo de autores como Stephen King y Guillermo del Toro.

 

Lo que no muchos saben es que, en una parte de su vida, Lovecraft fue un escritor fantasma y estuvo encargado de contribuir al mito de Harry Houdini, el escapista más famoso de la historia.

 

En 1923 el empresario J. C. Henneberger, dueño de la revista Weird Tales, pasaba por problemas financieros. La revista apenas acababa de abrir y conseguir que los lectores conectaran con las historias era muy complicado -si lo sabremos nosotros-. Para resolverlo, se le ocurrió contratar a una de las figuras públicas más famosas del momento y pedirle que colaborara con el medio.

 

El editor contactó a Harry Houdini para abrir la sección pregúntale a Houdini, donde los fans enviaban cartas al escapista. Además, se agregaron un par de cuentos escritos por el propio Harry.

Houdini
Houdini

Pero los resultados, si bien positivos, no eran los suficientes para sacar del hoyo a la revista. Entonces, a Henneberger se le ocurrió una medida más atrevida: contratar a un autor comprobablemente taquillero para escribir una historia de Houdini.

 

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El negocio parecía simple. Hay personajes tan interesantes que cada anécdota suya podría inspirar una película, pero carecen de la habilidad suficiente para narrar, y la aventura se pierde en simples recuerdos; pero si aparece alguien con suficiente calidad narrativa, la historia se puede convertir en oro. Necesitaban un escritor fantasma.

 

Se le llama escritor fantasma a quien se encarga de crear una obra en nombre de otra persona. Es importante distinguirlo de un amanuense. José Emilio Pacheco, por ejemplo, escribió El Bestiario, uno de los libros fundamentales de Juan José Arreola, pero no fue escritor fantasma. Pacheco escribió línea por línea lo que Arreola le dictaba. Un escritor fantasma da un paso más: crea una historia a partir de lo que le cuentan.

 

En los años 20 del siglo pasado se acuñó el término “gosthwriter” para referirse a aquellos periodistas y guionistas que escribían artículos en nombre de personajes populares, sobre todo de figuras deportivas con grandes historias, pero que no sabían cómo contarlas. Los resultados suelen ser satisfactorios: los lectores aprecian una buena historia con la ilusión de que una figura que admira la escribió.

 

Lovecraft, corto de dinero, aceptó. Le pagaron 100 dólares. Nunca había recibido tanto por un anticipo. En las entrevistas previas a la redacción, el escritor y Houdini congeniaron. Se agradaron porque ambos eran escépticos de la magia oscura y adversarios de la charlatanería, a pesar de que uno era ilusionista y el otro narrador de historias fantásticas. Pero fuera de la amistad que brotaba, Lovecraft se dio cuenta de algo: la historia que quería contar Houdini sonaba falsa.

Aquí es donde un autor con oficio brilla. Una historia puede pecar de todo, pero no debe parecer falsa. Puede tener lugares comunes, narrativa pesada, incluso ser un refrito de historias viejas, pero mientras no suene “falsa” podrá rescatarse. No importa que sea verdad: importa que sea verosímil.

 

Se cuenta que Lovecraft habló con el editor y le pidió libertad creativa de forma absoluta, de lo contrario devolvería el dinero y todos felices. Henneberger aceptó. El creador del horror cósmico pensó entonces en la premisa, rescataría el viaje a Egipto que quería contar Houdini, pero lo enriquecería con la narración.

 

El primer paso para el escritor era leer. Todo narrador que se precie de serlo fue primero un lector. Cuentan que visitaba con frecuencia las exhibiciones egipcias del Museo Metropolitano en Nueva York. 

 

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Lovecraft terminó Bajo las pirámides en febrero de 1924, justo cuando se iba a casar con Sonia Greene. Ella también era autora, y colaboradora incluso con Lovecraft. Juntos escribieron El horror en la playa Martin. Cuando se disponían a tomar su luna de miel, Philip olvidó el único manuscrito del relato en el tren rumbo a Filadelfia, así que la pareja pasó su luna de miel reescribiendo la historia.

 

Fueron felices, hasta que ya no

 

En julio de 1924 el relato se publicó bajo el nombre Encerrado con los faraones, una acertada decisión del editor. El texto se volvió muy famoso, rescató a la revista, pero Lovecraft no recibió crédito. 

 

La historia, narrada en primera persona, cuenta cómo Houdini viaja a Egipto para sus vacaciones, pero la fama lo precede. En una serie de triquiñuelas con toques xenofóbicos, el sello de Lovecraft, Houdini termina traicionado y enterrado en una pirámide, atado con nudos y cadenas. En el fondo de la pirámide bestias míticas gigantescas le atacan y Harry busca liberarse antes de ser devorado.

El propio Houdini quedó fascinado con la historia, que contribuyó a forjar su leyenda, y le ofreció más trabajos de escritura fantasma a H. P. De esa forma vio la luz un artículo contra la astrología y un fragmento del libro El cáncer de la superstición. Este último no pudo ser concretado debido a que Houdini falleció, a causa de un reto estúpido, en 1926.

 

Luego de la muerte de Lovecraft en 1937, el editor de Weird Tales le dio crédito al maestro del horror cósmico. El cuento es considerado a la fecha uno de los más apasionantes e interesantes que Lovecraft escribió antes de su etapa previa a Los mitos del Cthulhu.

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