Primera parte
(Diciembre, 2018, Ciudad de México)
Sonny de la Riva murió dos días después de que cumpliera dieciocho años, el 3 de septiembre de 2018, en su departamento de Polanco. Encontraron su cadáver con un tiro en la sien derecha y una carta de despedida.
La noticia
Now I’m running away, my dear
From myself and the truth I fear
My heart is beatin’ I can’t see clear
How I’m wishing that you were here.
«WHITHOUT YOU», AVICII
Mi nombre es Mauricio Bonfil Carrera. Desertor de tenista y de la escuela de Ciencias de la Comunicación. Cineasta en sueños. El mejor amigo de Sonny desde que éramos unos morritos y, a partir de su muerte: “un pendejo”, “hijo de papi”, “loco”, “asesino”.
Ahora me toca a mí contar la versión de la historia. Debí hacerlo desde el principio, pero, desde el principio, todo fue un desmadre, y jamás imaginé que nadie me creería.
El 3 de septiembre, papá me dio la noticia más cabrona de mi vida: «Sonny se suicidó». Sentí los ojos calientes. Las tripas y las neuronas se me revolvieron, pero no solo por imaginar a mi mejor amiga muerta, que ya con eso tenía para sentirme de la chingada, sino porque ella y yo estuvimos planeando la muerte de su asesino, precisamente para que no la matara.
—Culero de mierda!
—¡Mauricio! —a papá le caga que hable con groserías.
—Román es un culero de mierda —insistí.
—¿Román Curi? —se asombró, ya ni cuenta se dio de las groserías—. ¿Qué tiene que ver Román en esto?
—Ese cabrón la mató.
—Hijo, no digas disparates. No puedes culpar así como así. Debe ser muy difícil aceptar algo tan fuerte e inesperado.
Cuando papá dijo «no puedes culpar así como así», me quedó claro que él no sabía que Román había muerto, pero, aunque lo supiera, ¿cómo explicas que un muerto mate a una viva?
Se lo advertí a Sonny: «No tenemos mente asesina. Necesitamos ayuda de alguien que le sepa a estos jales».
Papá siguió diciéndome que de seguro Sonny estaba deprimida. Me calenté más.
—¿Qué sabes tú de Sonny? ¡Nada! ¡Ya la habíamos librado!
Y como si no le importara lo que yo decía, él siguió:
—Sonny dejó una carta donde escribió lo sola que se sentía.
Eso sí me interesó.
—¡Quiero verla!
—Quedó a resguardo con la policía junto con el cuerpo de Sonny.
—Vamos con la policía. Tienen que saber que el asesino es Román Curi.
—¿Por qué no intentas descansar un rato?
—Tengo que ver esa carta. Seguro ni la escribió Sonny, la plantaron.
Me solté a llorar como niño chiquito y lo único que quería era que Sonny me escuchara.
Si me hubieras hecho caso y hubiéramos ido a la policía desde el primer día. Si le hubiéramos contado todo a Lupe. Si la mamá de Lupe no se hubiera enfermado. Si me hubiera quedado contigo esa noche. Si te hubiera acompañado a tu depa…
Fuego salía por mis ojos, mis orejas, mi boca, y papá me salió con una pregunta bien pendeja:
—Hijo, ¿amabas a Sonny como mujer?
—¡No me jodas!
Sonny no era “como”, ¡era mi hermana!
¡Mierda!
¡La muerte es culera!
¡Culerísima!
Supongo que papá pensó que mi llanto era de tristeza, pero era de pura rabia. Después, ya más tranquilo, le rogué que fuéramos a ver la carta.
Papá me miró como cuando mira perros callejeros, y me dijo:
—Con una condición.
—¿Cuál?
—No dirás nada de Román delante de los policías, solo leerás la carta.
¿Ustedes creen que le hice caso?
La carta
He decidido quitarme la vida porque me siento muy sola.
Mis padres están muertos.
En el cielo me encontraré con ellos y mi sufrimiento acabará.
Atte. SONIA
¿Quién podría creer que esos renglones tan sacados de telenovela eran una nota suicida?
¡Pues todos!
—Esta carta no es de Sonny —dije de inmediato.
—¿Conocías su letra? —preguntó el agente del Ministerio Público.
—Sí, es su letra, pero algo no me cuadra. Ella no escribiría eso. Seguro la obligaron a escribirla. Tienen que investigar. ¡A Sonny la mataron!
El agente luego-luego me preguntó:
—Y, según tú, ¿por qué querrían matarla?
—Por su lana, ¿por qué más?
Papá me tomó del brazo y se dirigió al agente:
—Disculpe, mi hijo está nervioso. La muchacha era su mejor amiga y…
Y ya estaba hasta la madre de mis supuestos nervios y empecé a gritar. Forcejeamos. Papá les decía que me daban crisis nerviosas y que me tenía que llevar al hospital. Obvio, le creyeron. Entre unos polis me llevaron hasta el coche y nos fuimos.
Supuse que con lo que había dicho bastaría para que investigaran, pero ni siquiera le hicieron la autopsia. Casi tuvimos que darles las gracias para que no profanaran el cuerpo de Sonny y su alma descansara más rápido. Puras mamadas.
Y como yo no dejaba de insistir en regresar al Ministerio Público para hablar con el agente, papá se las ingenió para mostrarme una copia del certificado médico de defunción e internarme en un siquiátrico por un mes completo.
Me desenchufaron y volvieron a enchufar, como cuando reinician una computadora. Dopado a güevo hasta quedar pendejo. Y, en ese ínter, como si la cosa no estuviera bien cabrona, llegué a ser sospechoso porque a Sonny se le ocurrió heredarme su lana.
Vivimos en un pinche mundo al revés. O sea, el único que les gritó en su jeta que no había sido un suicidio y que les exigió justicia, ahora era el presunto culpable.
Papá quería largarme fuera del país, pero lo convencí de quedarme, siempre y cuando no dejara de ir con el tanatólogo y cero fiestas ni salidas innecesarias. Después de todo, solo eran rumores. Les digo que ni la finta hicieron de que fueran a investigar.
Mi México mágico.
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Adriana Ayala
(Morelia, Michoacán, 1978)
Radica en Zapopan, Jalisco. Maestra en Literatura y Creación Literaria por Casa Lamm y Maestra en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca, España. Autora de las novelas ¿Y si me tiro al vacío?, incluida en la colección Habitaciones Propias de Nitro/Press (2024) y Cómo llegaste aquí. Historia de una madre adolescente, bajo el sello Vergara, Ediciones B (2013). En 2018 obtuvo Mención Honorífica en el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo con el cuento «El pez más chico», antologado en El espejo de Beatriz, volumen II (Ficticia, 2020). Ganadora del 4º Certamen Nacional de Novela Corta Roger de Conynck 2022 con ¿Y si me tiro al vacío?

Foto: Ivana Murillo
plaN amoR, Adriana Ayala. Novela. Nitro/Press, col. NitroNoir, núm. 49. México, 2026.
Mayor información y formas de adquirirlo: https://www.nitro-press.com/9786078805686
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