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30 Tour de Cine Francés: Sólo una ilusión

Tour de Cine Francés. Solo una ilusión

Hace apenas unas semanas, se puso de moda convertir fotos actuales en imágenes de apariencia ochentera mediante el uso de inteligencia artificial. Los resultados no siempre fueron afortunados, pero gracias a esta tendencia, volvieron a cobrar vida los peinados voluminosos, los accesorios de plástico, al igual que la ropa con hombreras y de colores brillantes. El 30 Tour de Cine Francés se sumó involuntariamente a esta moda al incluir Sólo una ilusión (Juste une illusion, 2026), cuya historia se desarrolla precisamente en esa década.

Esta es la tercera ocasión que la dupla conformada por Olivier Nakache y Éric Toledano llega al Tour, previamente pudimos ver Samba (2014) y más recientemente, Un año difícil (Une anée difficile, 2023). Basándose en un guion propio, los cineastas nos cuentan la caótica vida de una familia parisina de mediados de los años ochenta, vista a través de los ojos de un chico que está a punto de cumplir los trece años de edad.

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La familia está encabezada por Yves y Sandrine (Louis Garrel y Camille Cottin, respectivamente), quienes son padres de Arnaud, un adolescente amante de bandas de la época, al igual que de Vincent, el verdadero protagonista de la historia. Aunque no forma parte de la familia, no se puede dejar de lado al conserje del edificio, un multiusos obstinado, que lo mismo arregla un lavavajillas que instala una computadora.

Vincent sigue siendo un niño, pero intuye que está a punto de dejar de serlo. Aún comparte habitación con su hermano mayor y de tanto en tanto, se reúne con sus amigos a jugar videojuegos. Sin embargo, se acerca su Bar Mitzvá (sus padres son judíos de origen árabe, aunque su madre no es particularmente religiosa) y de repente, se da cuenta de que siente una inexplicable atracción por una de las chicas más populares de su clase.

En diferentes entrevistas, Nakache y Toledano cuentan que decidieron crear a la mayoría de sus personajes mezclando las características de sus padres y hermanos, mientras que el protagonista fue moldeado a partir de diferentes episodios que vivieron los cineastas franceses en los primeros años de su adolescencia. Su única regla era mantener la mayor fidelidad posible a sus recuerdos personales. En esta peculiar mezcla de recuerdos encontramos los pleitos entre hermanos, la toma de conciencia de la relación poco idílica entre sus padres, las reuniones furtivas con los amigos para intentar ver una película pornográfica y por supuesto, el primer amor, con todo lo que conlleva.

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Evidentemente, la película apela a la nostalgia, aunque sea imaginaria. Volvemos a encontrarnos con aquellos departamentos que tenían una sola televisión y aquellos teléfonos pegados a la pared, también recordamos la era dorada de los videoclubes y vemos la primera versión de Windows, mientras escuchamos como música de fondo temas de The Cure, Joy Division y la banda francesa Téléphone.

Los ochenta fueron una época de constante transformación, con la consolidación de la música pop, los vestuarios extravagantes y la aparición de las primeras computadoras. Pero también fue una época de retos, con el fin de la guerra fría, la epidemia del SIDA y las frecuentes crisis económicas acompañadas de altos niveles de desempleo, una situación que en la cinta se retrata con un humor.

El gran éxito que consiguieron con Amigos (Intouchables, 2011), permitió a Nakache y Toledano concretar proyectos que de otra manera hubiera resultado imposible financiar. No han logrado repetir una cinta tan taquillera, pero siguen haciendo cine en el mismo registro, con situaciones reales contadas en tono amigable. Sólo una ilusión no es una película memorable, pero entretiene y nos lleva a esa época en donde todo parecía nuevo, aunque no siempre esperanzador.

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