El máximo galardón de Cannes llegó por partida doble al Festival Internacional de Cine de Morelia. La noche del segundo día de actividades se presentó un programa que incluyó a dos de las películas ganadoras de la Palma de Oro. La noche inició con el cortometraje Para los contrincantes, antes de dar paso a la proyección de Fjord.
El cortometraje Para los contrincantes es dirigido por el argentino Federico Luis, quien saltó a la fama luego de Simón de la montaña. Esa cinta obtuvo el premio de la Semana de la Crítica en Cannes en 2024 y luego formó parte de la Muestra Internacional de Cine. La historia del corto ganador de la Palma de Oro transcurre en el barrio de Tepito, en un gimnasio en donde niños boxeadores se enfrentan cada tarde a algo más que un rival en el cuadrilátero. La presentación estuvo acompañada por su director, así como dos de los actores del corto.
Con Fjord, Muingui se llevó la Palma de Oro
Fjord (2026) es el sexto largometraje que dirige el cineasta rumano Cristian Mungiu y el primero que filma en Europa Occidental. Nos cuenta la historia de una familia rumana, profundamente religiosa, que decide emigrar a Noruega (la madre es ciudadana de ese país, aunque todos sus hijos nacieron en Rumania). Cuando un malentendido provoca la intervención de los servicios de protección infantil, los padres se vuelven el foco del escrutinio público, provocando una espiral de incomprensión y polarización de los habitantes de una pequeña ciudad.
Mungiu nos presenta las contradicciones de una sociedad que se dice abierta y plural, pero que se comporta de manera diferente con quienes discrepan. Las barreras culturales y lingüísticas actúan como un catalizador de un conflicto familiar que se vuelve social. Por otra parte, muestra las dificultades que enfrenta una familia sumamente restrictiva, para criar a cinco hijos sin permitirles hacer casi nada de lo que hacen sus compañeros de clase, así como la falta de empatía que demuestran los vecinos de la familia, que se esconden de ellos en los momentos difíciles o deciden abandonarlos en medio de un complicado proceso judicial.
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La película seguramente se basa en el caso de la familia Bodnariu, conformada por rumanos asentados en Noruega. El servicio de protección infantil les retiró a los padres la custodia de sus hijos, bajo sospechas de castigos corporales como medida disciplinaria. El caso se volvió un circo mediático en donde grupos conservadores consideraban que los servicios sociales atentaban contra sus valores religiosos. Al final, todo se zanjó con la relajación de las medidas impuestas y con la posterior huida de la familia del país. Desde entonces, se han hecho revisiones a la legislación noruega, sobre todo en los casos de familias migrantes.
En todo caso, al igual que el caso en el que se inspira, el cineasta rumano no ofrece soluciones sencillas para el choque cultural. Mientras que en un principio la situación nos inclina a empatizar con la familia, conforme avanza el metraje las señales se van volviendo cada vez más ambiguas. El título de la película hace alusión a los fiordos, especie de pequeñas bahías rodeadas de tierras altas de las cuales hay miles en Noruega, pero también puede entenderse como esos espacios cerrados e inaccesibles que son las familias, enclavadas en un entorno mucho más grande y en ocasiones, desconocido y peligroso.

