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La crítica de cine contra el peso de los influencers

Crítica de cine

“La crítica de cine en su formato tradicional está en peligro de extinción”, ha dicho Alonso Díaz de la Vega a propósito de los retos que enfrenta el oficio en un entorno digital dominado por los influencers. La declaración se dio en una mesa de análisis compartida con su colega Fernanda Solórzano y el promotor cultural Jean-Christophe Berjon en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia.

Uno de los puntos más analizados fue el cómo han cambiado los formatos de la crítica especializada. La tendencia actual, ya plenamente popularizada, es la calificación exprés, dando prioridad a decir si una película es buena o no en detrimento de su discusión a fondo. A eso se añade que los llamados influencers suelen recibir invitaciones preferenciales por parte de productoras o distribuidoras, lo que en ocasiones pone en duda su ética a la hora de publicar su crítica.

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En el otro extremo, ocurre que una película puede ser tan mal recibida por la crítica que cuando llega al público la expectativa ha bajado demasiado. En ese sentido, Jean-Christophe Berjon recordó que ya ha habido casos de cintas que prefieren no acudir a festivales ni enviar la previsualización a los críticos.

¿La crítica de cine puede ser comprada?

Fernanda Solórzano, quien publica en la revista Letras Libres, señaló que al menos en su generación es inconcebible la idea de recibir dinero a cambio de una crítica favorable. “Yo me caí de espaldas cuando escuché que las distribuidoras ya designan un presupuesto altísimo para los influencers con más presencia”, reconoció.

Pese a que los usuarios más jóvenes prefieren esos videos cortos, con muchos calificativos y llenos de edición, Solórzano dijo que no piensa cambiar su estilo, definido por un análisis mucho más a fondo. “Lo seguiré haciendo como lo hago siempre por el bien de la conversación cultural, sin pensar en mi economía.

Díaz de la Vega, a quien se lee todas las semanas en el diario Reforma, lamentó que se empiece a normalizar la “compra de opiniones”, pues eso deforma a la crítica de cine y la lleva a ser un engaño.

Coincidieron en que es difícil poner la distinción entre crítico e influencer, pues la crítica de cine como tal no es una carrera. “Ni siquiera tenemos un certificado como un médico, esto es un oficio que se pule con la práctica”, atajó Díaz de la Vega.

En la mesa también se cuestionó la profundidad con que los periodistas pueden abordar una película durante un festival de cine. En la mayoría de ellos tienen presencia los “junkets”, que son conversaciones muy limitadas con actores o directores, con escasos minutos en los que no se pueden obtener demasiada información.

Todas las películas merecen ser vistas

“Importa más que se difunda la alfombra roja y la noticia del estreno a que se analice la calidad artística de la obra”, dijo Solórzano en referencia a las notas de prensa durante un festival. Los críticos coincidieron en que esa promoción tampoco es que sea nueva, pues desde los inicios de Hollywood ya había revistas producidas por los propios estudios que difundían solo opiniones favorables.

En cuanto a la necesidad casi obligada de calificar como buena o mala una película, los panelistas sugirieron una tercera vía. “Yo creo que todas las películas merecen ser vistas y una de las opciones que tiene la crítica es decirte como lector qué posibilidades tienes de abordar una cinta. Hay muchas películas que no nos gustan pero son apasionantes para abrir un diálogo y es cuando decimos: ve a verla y después dialoguemos”, concluyó Díaz de la Vega.

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