Los domingos (2025) es el tercer largometraje de la cineasta Alauda Ruiz de Azúa. Una película que ha levantado revuelo en España, gracias a su exitosa presentación en el Festival de San Sebastián (donde obtuvo la Concha de Oro) y en los Premios Goya (mejor película). Debido al ambiente en que se desarrolla la historia, no es casualidad que la distribuidora Zima Entertainment haya elegido estas fechas para su estreno en México.
Sucede en el País Vasco, Ainara (la debutante Blanca Soroa), es una adolescente que a los 17 años decide dedicar su vida al servicio religioso. Las reacciones de su pequeña familia son variadas, la abuela se preocupa ante su futura ausencia, el padre, un viudo que espera con ansias rehacer su vida, toma la decisión con indiferencia, mientras que la tía es la única que se opone abiertamente a tal proyecto.
El título no necesariamente hace referencia al ritual de acudir a misa los fines de semana. En realidad, describe la costumbre de una familia de reunirse los domingos a comer. No obstante, conforme avanza el metraje, nos damos cuenta de que dicha convivencia se ha vuelto un agrio compendio de desencuentros entre el padre y la tía de la protagonista.
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Poco a poco, la directora nos permite descubrir la dinámica familiar. El padre de Ainara, endeudado hasta el tope con un restaurante que no termina de funcionar, está en proceso de formalizar una nueva relación, en la que pasan a segundo plano las tres hijas de su primer matrimonio. Por su parte, la tía, quien se asume como una persona no creyente, atraviesa por una profunda crisis matrimonial, mientras que se opone histéricamente al proyecto de vida de su sobrina. Incluso, en algún punto de la narrativa, podemos decir que su reacción abre una segunda vertiente en el relato.
El personaje de Ainara se construye a partir de una serie de gestos, silencios y actitudes. Mientras acaricia con cariño una medalla religiosa, recuerda a su madre ausente (a quién de pasada, los familiares definen como una loca que por fortuna murió joven), calla cuando sus amigas hablan con desdén de las monjas del colegio y sin decir una palabra, lanza discretas miradas, durante los ensayos de coro, al chico que le atrae. Y es que Ainara, al igual que cualquier joven, siente el impulso sexual, uno que debe confesar, de tanto en tanto, a sus mentores espirituales. Llegados a este punto, cabría preguntarse: ¿la vocación religiosa de la joven es real? O, ¿es sólo una manera de escapar de un entorno en donde no encuentra afecto?
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Alauda Ruiz de Azúa lo plantea con tanta sutileza que no es difícil que muchos lo pasen por alto. El comentario más usual que recogí al final de la proyección, es que Los domingos es la historia de una joven que lucha contra las objeciones de su familia para convertirse en monja. Es una mirada cómoda y simplista. Si ese fuera el caso, la última escena de la película nos mostraría a la protagonista consiguiendo su objetivo. Pero no es así.
La última escena no sucede al interior de un convento, sino en exteriores. La tía de Ainara, mira con angustia, desde el otro lado de la calle, a su esposo e hijo. La de esta mujer es una mirada de incertidumbre, esa que es tan habitual en quienes enfrentamos la azarosa la vida actual. En cambio, para la protagonista, la permanencia en el convento llena un vacío emocional y le brinda certeza: el día de mañana será igual que hoy. Afuera, el futuro es apenas una esperanza, adentro, se vive en un presente perpetuo.
Sin embargo, ante la falta de claridad del mensaje, es más fácil quedarse con la anécdota. Ciertos espectadores se quedarán con la imagen de la joven vistiendo el hábito de novicia, reconciliándose con su padre, mientras la tía atea, pensando en los bienes materiales, redacta su testamento. Es una lectura parcial, pero fácil de asimilar.
La ambigüedad narrativa de la directora permite que la historia de una adolescente que toma una decisión importante en un contexto vulnerable, pueda ser leída por muchos como la defensa a ultranza de una vocación religiosa y quién sabe, tal vez más adelante, hasta forme parte de las recomendaciones de algún colegio católico.

