El escritor chiapaneco radicado en Michoacán Ramón Lara Gómez ha construido una ciudad ficticia sobre los cimientos de otra que sí existe. Tal vez llevado por sus recuerdos o aficiones, imagina que el beisbol es un juego popular en Morelia, urbe que más bien sigue llorando la partida de un equipo de futbol y nunca se ha interesado por el llamado rey de los deportes.
Sobre ese micro universo ocurre la Ciudad que Brilla, texto ganador del Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo 2024. Por cuestiones tal vez burocráticas los ejemplares apenas comenzaron a circular y el propio incentivo se entregó hace unas cuantas semanas.
Entre batazo y batazo, el relato deja ver a personajes que se refugian en la cantina El Juguete para desahogar las penas. Algunos lo hacen viendo de reojo el miembro viril del compañero, otros pagando tragos a damas taciturnas para obtener favores sexuales que se esfuman en minutos.
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Leo, Luis, Anita, el Negro, doña Ysi, Raúl Mejía, Francisco Carrillo y Leopoldo son algunos de los personajes que entretejen este coro subterráneo. Pasan los días lamentando sus acciones del pasado mientras un acontecimiento está por ocurrir: la llegada del Papa a Morelia, como si fuera un mensaje que necesitan para aliviar sus tormentos individuales.
El humor negro, que ya es una marca de la casa, se mezcla con voces que alternan la segunda y la tercera persona. Ese detalle logra que el lector observe diferentes ángulos de un mismo partido, como si viera el juego de beisbol desde la tribuna y con un micrófono que llega hasta el oído del lanzador.
En esta ciudad que brilla, la de Ramón Lara, le próxima llegada del Papa logra que disminuya la delincuencia. Sin embargo, abundan las infidelidades, como si se tratara de un pecado menor. “En estos tiempos calurosos a todo mundo lo hacen güey. Es lo que más cae en el despacho, puros trabajitos para investigar a viejas malcogidas en su casa”, acepta un detective que en su tiempos libres le mete duro al alcohol.
La novela se puede leer como un relato ficticio de mujeres y hombres hundidos en la depresión y la mediocridad. Pero también como una crítica social a una ciudad cuyos moradores esperan milagros: que los canarios de coronen en el torneo de beisbol, que los asaltos disminuyan o que un hombre llamado Marios Vargas no pierda la erección mientras espera a una tal Anita.


