Esta tendría que ser la crónica de un concierto pero habrá de iniciar como la nota de un hecho delictivo. El sábado 29 de agosto sujetos hasta ahora desconocidos abrieron una camioneta en pleno Centro Histórico de Morelia para robar instrumentos musicales, equipo de audio y computadoras pertenecientes a la familia Mejía Almonte.
Entre lo robado se cuentan tres violines, un chelo, una guitarra electroacústica, una vihuela, una guitarra de golpe, una jarana huasteca, una quinta huapanguera y una tamborita. A eso se sumaron micrófonos, bocinas, una consola y computadoras portátiles.
El robo ocurrió a la luz del día, entre las 4:00 y las 5:00 de la tarde, y casi al mismo tiempo que el alcalde Morelia presumía ante un comunicador que Morelia es una de las ciudades más seguras del país.
Tal vez los ladrones estén haciendo cálculos de cuánto dinero ganarán con el atraco, pero ignoran lo que dichos instrumentos significan para esa familia de artistas. Con todo ese equipo, los integrantes de Media Luna presentaron su nuevo disco “Floreciendo en la Memoria” el pasado jueves en el teatro Matamoros. La producción no es un álbum más de música tradicional michoacana ni el concierto fue un evento intrascendente.
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Todo lo contrario: el disco se puede concebir como el orgullo por una tradición musical, y al mismo tiempo una propuesta que rompe con algunos cánones que parecían intocables. Prueba de ello es una valona compuesta y cantada por Ireri Mejía Almonte, quien despoja a esta variante del machismo y misoginia que la ha llegado a permear. Su letra le da la vuelta a algunas narrativas de cosificación y dominio patriarcal para anunciar que sí es posible otra forma de convivir con esta música de la tierra caliente.
“Las mujeres somos también cantadoras y contadoras de nuestra realidad. ¿Qué hubiéramos cantado las mujeres si se nos hubiera permitido ejercer el poder de la palabra? ¿Qué narrativas estarían floreciendo en la memoria y cultivando nuestros sentires?”, se preguntó Ireri en pleno teatro Matamoros.
La historia artística de la familia, como explicaron en el concierto, se remonta a épocas de la Revolución Mexicana y se desgrana en convicciones sociales que simpatizan con el comunismo. De ahí que el álbum renuncie a la comodidad de interpretar canciones ya conocidas y se atreva a poner sobre la mesa temáticas como los feminicidios, la desaparición forzada de personas o la devastación del medio ambiente. Las hermanas Ireri y Yunuén, junto a su hermano Irepan, tomaron el mando de la producción escribiendo todos los temas, con colaboraciones de Ampersan, Juan Pablo Villa y Leika Mochán. Y claro, con sus padres y el resto de sus hermanos.
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Por esos y otros elementos se trata de un disco tradicional y también disruptivo, una declaración de principios que abraza al pasado, convive con el presente y plantea un nuevo futuro, lo que constatamos con la presencia de los aún niños de la familia formando parte del recital.
Si los ladrones hubieran acudido al concierto o escucharan el disco tal vez comprenderían el verdadero valor de los instrumentos que se robaron. Sabrían que la historia de esta familia se cuenta -también- tocando esos violines, ese chelo, esa vihuela, la jarana, la quinta y la guitarra. Que son el medio para transmitir su filosofía de vida, que son el mejor pretexto para que generación tras generación sigan amando la música.
Ojalá que los ladrones algún día escuchen la música de Media Luna. Estoy seguro que si lo hicieran, algo por dentro los animaría a devolver cada instrumento e incluso comprenderían que no todo en este mundo se mide por el pinche dinero.
*Foto de portada: Jesús Cornejo


