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Columnas

Las leyes suecas no aman a las mujeres

Raúl MejíaBy Raúl Mejía18 octubre, 2026Updated:18 octubre, 2026No hay comentarios12 Mins Read
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En alguna parte leí que la aventura de leer librotes de setecientas páginas en adelante era como vivir en la casa de otra persona por semanas, meses o años dependiendo del tiempo que uno empleé leyendo semejantes bloques de papel. Pienso, por ejemplo, en La guerra y la paz de Tolstoi, La montaña mágica de Mann o Terra nostra, de Fuentes. Libros intimidantes, si los hay. Uno puede recorrer estancias, rincones, pasillos, terrazas y pasarla bien en esas “casas de palabras”.

Mi reacción inicial frente a esos tabiques de palabras siempre es de suspicacia: “¿en serio vas a leer ochocientas páginas, baby?” Normalmente termino haciéndolo, aunque “preferiría no hacerlo” (Bartleby dixit). Me puse a recordar cuál fue el ladrillo más apantallador en mi vida de lector. No fueron los siete tomos de A la búsqueda del tiempo perdido de Proust. Es más: de las poco más de tres mil páginas y siete tomos de esa cosa, sólo fui capaz de despachar los dos primeros y terminaron aburriéndome de manera implacable. ¿Sería diferente si lo leyese a estas alturas de mi vida? Chance sí, pero repito, “preferiría no hacerlo”.

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¿Cuál es el más infame bloque de páginas que he leído en mi vida? No la Biblia. No Terra Nostra. No La montaña mágica –con esos dos ejemplos librescos no he podido jamás. ¿Entonces cuál?

Mi incursión más temeraria y tabiquera fue con una historia de aproximadamente dos mil quinientas páginas y se desarrolla en Suecia. El autor se pasó tres años escribiendo como poseído la muy emocionante historia de Mikael Blomkvist, un periodista que es contratado por un millonario de Estocolmo (Henrik Vanger) para descubrir qué pasó con su sobrina/nieta desaparecida treinta años atrás.

Como ya lo mencioné, quien le ayuda (a Vanger) en el rubro de la investigación de los antecedentes éticos, financieros y familiares del presunto contratable, es una diminuta mujer llamada Lisbeth Salander. Esta escuincla siempre anda de mal humor, tiene un look andrógino, su estética es gótica/punk y su pasión es jaquear sistemas computacionales.

Lisbeth Salander

Si Lisbeth no fuese un personaje de ficción, en este momento tendría 48 años. Sería una señora muy tranquila y chance hasta tuviera un hijo –por inseminación artificial– pero no es así. Lisbeth existe sólo en nuestra imaginación, por siempre tendrá 24 años y la pueden encontrar en una saga conocida como Millennium, altamente adictiva en tres tomos bien gruesotes –más adelante les diré cómo se llama cada libro.

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Con este tabicote de miles de folios, podrán sentir en carne propia la experiencia de ser invitados a una casa en algún lugar de Europa con todas las comodidades y personal de servicio atento a sus necesidades de lector distinguido. Disfrutará de miles de páginas con entretenimiento de alto nivel sin querer salir de esa mansión de imágenes noveleras.

Un thriller emocionante. De esas historias capaces de mantener al lector sin soltar el libro ni para ir al baño… al menos a mí me pasó. La historia la leí allá por el año 2010 y la terminé, completa, en dos semanas. Lo único que me impedía leer sin parar era que tenía que comer, dormir e ir a trabajar.

“Más sin embargo”, la historia atrás del éxito mundial de esa novela es triste. El autor la escribió entre el 2001 y 2003. Cuando la terminó, la editorial Nordest Förlag se animó a publicar los tres tomos (no al mismo tiempo y previo estudio de mercado). Lo demás ya lo saben: fue un éxito mundial. Todo indicaba que el autor se convertiría en millonario. Quizás su sueño era dejar la chamba en una revista llamada Expo (en donde fungía como director) para dedicarse, en cuerpo y alma a escribir novelas.  Hasta la fecha, Expo sigue publicándose tres veces al año en versión de papel y cotidianamente en versión electrónica.

Nuestro autor tenía una relación sentimental de más de treinta años con la talentosa arquitecta Eva Gabrielsson. Sus amoríos, sin embargo, estaban regidos por el bochornoso formato de amantes o amigos que se cogen cariño con regularidad.

¿Y eso qué? –podrán preguntarse ustedes, lectores– ¿Cuál es el maldito problema? 

En primer lugar, el “problema” fue que la Trilogía Millennium, como ya les dije, fue un éxito mundial y el dinero empezó a fluir de manera escandalosa. Hasta películas se han hecho –me informan que, a la fecha, van cinco y una es protagonizada por Daniel Craig y Rooney Mara. La cinta está palomera.

¿Y eso qué? –podrán preguntarse ustedes otra vez.

Pues cuenta la leyenda (y la Inteligencia Artificial) que, en la mañana del 9 de noviembre de 2004, nuestro autor llegó a las oficinas de la revista Expo y el elevador no funcionaba. Eso implicaba subir siete pisos por escaleras y nuestro héroe –con vigorosos cincuenta años de edad– los subió haciendo un despliegue físico propio de un hombre de cincuenta años con buena salud. Pero, ¡oh dioses del Olimpo! apenas cruzó la puerta de la redacción y ¡zas! Cayó muerto. Ataque masivo al corazón.

La “entrega oficial de tenis” se llevó a cabo antes de que el primer tomo de la trilogía saliera a la venta. O sea, nuestro malogrado autor jamás vio los libros en papel ni en aparadores, ni en ferias del libro. A eso se le llama tener mala pata.

Pero eso no es lo más triste. Pónganse cómodos y sigan leyendo.

La primera entrega de esa trilogía salió al mercado sueco en julio de 2005, un año y siete meses después de la calaqueada del autor. A los pocos meses se convirtió en un éxito mundial. Las regalías empezaron a fluir bien machín.

Lo normal en estos casos, lo que marcan los usos y costumbres, el sentido común y las leyes de Dios, es que los beneficios del éxito editorial pasaran en automático a su pareja de vida. Pero las leyes suecas andan manejando “otros datos” y los abogados descubrieron un detalle moralmente perturbador: el autor de la ya muy famosa trilogía había muerto sin haber hecho su testamento y lo peor de lo peor: ¡no estaba casado con Eva, el amor de su vida! En esos casos, las leyes de aquel país son irreductibles, implacables e injustas, pero no hay forma de cambiarlas.

¡Qué pinches paso pasó pues! –estarán exclamando ya francamente enojados y les respondo de inmediato:

Pues los suecos, en observancia estricta de la ley, trasladaron todos los beneficios habidos y por haber del autor de la saga de las novelas… directamente al papá y el hermano del escritor, y no vayan a creer que unos cuantos pesos mexicanos, sino muchos millones de euros.

Dicen las malas lenguas que ni el papá ni el hermano sabían muy bien a qué se dedicaba el hijo petateado (pero famoso post mortem): “Creo trabajaba en una revista revoltosa” –dicen que dijo el padre. Lo mío es mera especulación para sazonar el relato, pero lo que sí es verdad lo feliz que se pusieron cuando supieron cuánta lana se “habían encontrado”.

Eva Gabrielsson
Eva Gabrielsson

¿Le dieron algo a Eva Gabrielsson?

Pues verán ustedes, el papá y el hermano de Stieg Larsson (porque de él les estoy hablando) se han hinchado de lana de manera escandalosa y escrupulosamente legal. Pero seamos precisos: en algún momento le ofrecieron a Eva casi tres millones de dólares para que se calmara y dejara de hacerla de tos. Sin embargo, la mujer no los aceptó porque “ella buscaba el control total sobre la gestión de la obra y el legado literario de Stieg para asegurarse de que fuera respetado conforme a las ideas políticas y sociales del autor” –eso dice la IA.

Semejantes muestras de ética y rectitud moral, por supuesto, hicieron reír a los beneficiarios. De esta manera, Eva pasó a convertirse en la versión femenina del “perro de las dos tortas”: sin marido y sin legado.

Los libros posteriores a la muerte de Stieg (escritos por otras personas) se llevaron a cabo con la venia y codicia de Erland y Joakim (gandallas pues) y terminaron siendo novelas policiacas convencionales. Pero las de Stieg, no exagero, cotizan en otro nivel. ¿Cuántas “continuaciones” se han publicado desde 2015? Cinco.

El mamotreto original de Larsson –no se dejen engañar– consta sólo de tres novelas: Los hombres que no amaban a las mujeres (2005), La chica que soñaba con un cerillo y un bidón de gasolina (2006) y La reina en el palacio de las corrientes de aire (2007). Las tres se las recomiendo reteharto. Uno se engancha de inmediato con las aventuras de Mikael Blonkvist y la escuálida Lisbeth Salander, una jacker con un pasado familiar de terror.

Recuerdo que, por azares de la vida, empezamos a leer esas novelas casi al mismo tiempo con mi amiga Bety Pimentel (lectora aferradísima) y no parábamos de hablar de la pequeñaja jacker. Otro fan confeso de los tabiques de Larsson fue Mario Vargas Llosa.

¿De qué van las tres novelas originales de la serie Millennium?

Seré breve y groseramente esquemático.

El hilo conductor del primer ladrillo (Los hombres que no amaban a las mujeres) va de las investigaciones de Blomkvist para descubrir qué pasó con Harriet Vangler (sobrina nieta del magnate). El abuelo/tío (Richard Vangler), primero hizo una revisión de los antecedentes de los posibles candidatos a hacer la investigación para saber su nivel de honorabilidad, discreción y decencia. Cuando el millonario se decide, opta por Blomkvist. ¿Quién hizo el trabajo de investigación de los antecedentes del elegido para la chamba?: Lisbeth Salander. Esta escuincla es una “amenaza pública”: brillante, sangrona, antigregaria. Al final y luego de un estira y afloja clásico, se une a Blomkvist en la misión de saber qué fue de Harriet.

La familia Vangler, por su parte, es de lo más normal y estandarizada incluso para contextos suecos: poderosa, corrupta, criminal, traficante de influencias, muy respetada socialmente en Suecia y otras atractivas amenidades. Esta primera novela es un paseo por el sistema judicial sueco. Sobre todo, cuando se trata de la atención a personas con problemas siquiátricos… y Lisbeth requería atención especializada, pero sobre todo, aceptación y respeto.

La segunda novela (La chica que soñaba con un cerillo y un bidón de gasolina) da cuenta –brevemente– de las vacaciones de Lisbeth por el caribe previo a sus intentos por independizarse y ser jacker por su cuenta. Su amigo Mikael anda investigando una red de traficantes de mujeres y a consecuencia de ello mueren tres personas. Todo apunta a que la culpable… es Lisbeth. Esta entrega es muy emocionante porque hay dos tipos muy malos: el papá y el tutor de la Lisbeth… casi lo olvidaba, en este tomo sale levemente su hermana Camille. Antítesis de Lisbeth: hermosa, cautivadora, alta, distinguida… la muerte de Stieg nos dejó con las ganas de verla en acción de manera plena.

Rooney Mara
Rooney Mara como Lisbeth Salander en La Chica del Dragón Tatuado

La tercera novela (La reina en el palacio de las corrientes de aire) va del juicio a Lisbeth, la intención del gobierno sueco para meterla a un manicomio y del esfuerzo de Mikael por limpiar el nombre de su amiga. Salander también tiene un medio hermano (¡qué bonita familia!) llamado Ronald Niedermann, igual de malo que su papi y de su tutor. El hermano es altamente tenebroso y tiene un padecimiento muy raro: analgesia congénita. O sea, este tipejo no siente el dolor. Puede cortarse, caerse, herirse y no registra el dolor físico, no es consciente de él. Eso es muy peligroso y queda plenamente confirmado en la última pelea de los hermanastros. Esa parte está como para poner los pelos de punta.

La parte cursi de todo esto son mis sospechas razonablemente fundadas (soy un romántico irredento) del amor que floreció entre la escuálida Lisbeth y Mikael Blomkvist… pero eso nunca lo sabremos, al menos no en las palabras de Stieg Larsson.

Mi reseña de la saga Millennium ha sido grosera, pero espero les dé ánimos para leerla. Los tres libros son súper emocionantes. Valen lo que cuestan.

Stieg dejó muy avanzado un cuarto libraco que está a buen recaudo de Eva Gabrielsson. ¿Lo sacará algún día aunque sea incompleto? Lo dudo, porque si se atreve a eso, los beneficios serán para su suegro y su cuñado.

Hay trascendidos respecto a la trama de esa cuarta entrega que algunos amigos de Stieg han comentado de manera clandestina (pero documentada): la protagonista es Camille, la hermana de Lisbeth y las acciones se desarrollan en varios países y no sólo en Estocolmo; la Salander intenta una nueva vida, se quita los tatuajes como una forma de liberación de su tormentoso pasado…

Linda y emocionante novela, se los juro.

Notas para fanáticos aferrados de la trivia (como yo):

El caso de Stieg Larsson y su pareja sentimental desató una discusión intensa en Suecia respecto a las leyes hereditarias y dejó al descubierto un vacío legal “sobre los riesgos financieros y patrimoniales de las uniones libres. Impulsó a miles de parejas en Europa a formalizar testamentos o pactos de convivencia para evitar quedar en la total desprotección en caso de una muerte imprevista” –palabras de la IA.

Otra discusión –entre otras– fue La ética en la gestión de legados póstumos que sentó un precedente sobre el control moral de una obra de arte. “La familia de Larsson continuó explotando comercialmente la marca (incluso contratando a otros autores para escribir secuelas de Millennium), una decisión a la que Gabrielsson se opuso tajantemente por considerarlo una violación a la integridad artística y política de Stieg”.

Nada de esas discusiones han podido modificar las leyes suecas en relación al tema de “las parejas de hecho”. Tampoco los asuntos hereditarios cuando el matrimonio no es la norma en las relaciones.

Por cierto: Larsson y Eva nunca se matrimoniaron por cuestiones de seguridad. El trabajo de él ponía en riesgo a su compañera y las leyes suecas permiten que los datos de vivienda de los esposos sean públicos… o sea ¿así o más atrasadas las leyes de ese país?

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Raúl Mejía. Escribidor. Ha publicado libros que nadie ha leído. Publica sus ocurrencias únicamente en Revés Online y son más extensos de lo normal. Sus artículos parece que sí se leen y por eso cuida a sus lectores. Los tiempos no están para andar dilapidando esa especie en franco proceso de extinción.

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