El Camino de Santiago es una de las rutas de peregrinación cristiana más conocidas en la actualidad. Aparentemente, sus orígenes se remontan al supuesto descubrimiento de los restos del apóstol Santiago el Mayor en Galicia, España, en el siglo IX. Actualmente estas reliquias se conservan en una urna de plata en la Catedral de Santiago de Compostela. No existe una sola manera de iniciar el recorrido, pero las rutas más usuales parten de Francia o desde el interior de España, aunque la meta siempre se encuentra en la iglesia antes mencionada. La belleza de sus paisajes y la ubicación de decenas de monasterios y sitios históricos, han animado a muchas personas a transitar por sus senderos, ya sea por motivos religiosos, deportivos, culturales o simplemente como un reto personal.
Las posibilidades que ofrece el Camino de Compostela van más allá de lo anecdótico. Bernard Ollivier, un periodista y escritor francés, fundó hace algunos años la Asociación Seuil, que busca lograr la reinserción social de jóvenes problemáticos a través del senderismo. Los jóvenes inician el largo recorrido, el cual generalmente dura meses, acompañados de un tutor, armados con poco presupuesto y con poca comunicación con el mundo exterior, se busca que adquieran responsabilidades y encuentren en el camino un espacio de reflexión.
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El camino (Compostelle, 2026) es el octavo largometraje que escribe y dirige el cineasta Yann Samuell, con el que se presenta por primera vez en el Tour. En la película, una mujer que carga con un pasado complicado debe emprender el famoso recorrido acompañando a un adolescente rebelde. Fred (Alexandra Lamy) no la ha pasado bien, su esposo le pidió el divorcio, su hija adolescente no le habla y para colmo, acaba de perder su empleo como docente, luego de propinarle una cachetada a una estudiante. Por su parte, Adam es el clásico delincuente juvenil, de padres ausentes, con un largo recorrido por hogares de acogida, que además carga con resentimiento, hurtos menores y venta de drogas.
El guion de Samuell busca combinar estos dos mundos aparentemente opuestos mediante un viaje que los pondrá a prueba. Fred buscará dejar atrás su fallida relación y al mismo tiempo reforzar los lazos que la unen a su hija. Mientras que Adam luchará contra su carácter destructivo, pasando página de su madre ausente para concentrarse en su pasión por el rap y un futuro más prometedor. El recorrido tendrá sus altibajos, a días de euforia y catarsis, seguirán enfrentamientos verbales y reproches. “Justo como en una familia”, dice Adam después de pasar por uno de sus momentos más difíciles.
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Los ríos, bosques y pequeñas ciudades medievales son el telón de fondo de esta transformación. Samuell no se guarda nada y tal vez exagera un poco, busca retratar el entorno de la manera más idílica posible, hasta los ladrones se ven poco atemorizantes, un detalle que no es menor y que juega en contra del resultado final. Y ya que estamos en ello, también hay que decir que los números de rap tal vez salen sobrando.
Al final, la película muestra las estadísticas que le dan la razón a la Asociación Seuil. Con un porcentaje de 60% de éxito de reinserción social contra el 15% del sistema tradicional de los centros de detención juvenil. En ese sentido, la mayor virtud de El camino consiste en mostrarnos, a través de sus personajes, las virtudes terapéuticas de las caminatas de larga distancia, las cuales facilitan los procesos de alivio físico y mental. No cabe duda, en algunos casos el esfuerzo es sanación.



