Uno de los estrenos más esperados del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) era La bola negra (2026). La película está filmada por el tándem compuesto por Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos como “Los Javis”. La coproducción española-francesa tuvo su premier en la pasada edición del Festival de Cannes, en el que se alzó con el premio a Mejor dirección. Previo a la primera proyección del FICM, Los Javis enviaron un saludo grabado para el público mexicano.
El guion elaborado por Calvo y Ambrossi, cuenta tres historias en diferentes épocas, aunque todas ellas tienen algunos puntos en común: la homosexualidad, la guerra civil española y la figura de Federico García Lorca. En 1937, cuando ya se perfilaba la derrota del ejército republicano, Sebastián, un trompetista más bien pacífico, es enrolado al Ejército Nacional. Apenas unos años antes, en 1932, a un joven se le niega el ingreso a un exclusivo club de su ciudad natal, mediante un procedimiento que involucra el uso de una bola blanca y una negra para determinar su resultado. De ahí, el relato salta hasta el siglo XXI, en donde un historiador gay descubre por casualidad los lazos que unen su pasado familiar con una obra perdida del poeta granadino.
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La cinta no está exenta de simbolismos. En una de las primeras secuencias, Sebastián huye a través de los restos de una iglesia, después de que su pueblo es bombardeado “por accidente”. Para conjurar su escape, el joven músico trepa por los restos de una enorme estatua de San Sebastián, un santo que en sus múltiples representaciones suele aparecer atado a un poste de madera, con el torso desnudo y múltiples flechas clavadas en el cuerpo. No se puede negar que dichas representaciones contienen claras connotaciones homoeróticas. Dicha representación alude al martirio del personaje, quien intenta negar su propia sexualidad, al tiempo que cae rendido ante la personalidad de un prisionero republicano.
El título de la película alude a una obra real de García Lorca, de la que solo se conocen cuatro páginas. En ellas, se perfila una obra de teatro de carácter autobiográfico, en donde el protagonista es un joven homosexual, que proviene de una familia adinerada de provincias, justo antes del inicio de la Guerra Civil. La pieza cobra relevancia al ser una de las primeras en donde el personaje principal es abiertamente gay.
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Los Javis, agregan a otro personaje real en la narrativa, el joven Rafael Rodríguez Rapún, quien fue el gran amor del poeta español. Rafael hizo de todo un poco en su corta vida, fue futbolista, actor y secretario del mítico grupo teatral universitario La Barraca. Después del asesinato de García Lorca, Rafael se unió al ejército republicano como teniente de artillería y murió como consecuencia de las heridas que sufrió después de un ataque aéreo a la ciudad de Santander.
En La bola negra no encontramos solamente un homenaje al más grande autor español del siglo XX, uno que nos sugiere adentrarnos en su gran legado teatral, que va del costumbrismo a las piezas modernistas. También nos ofrece una reflexión sobre la costumbre que tienen todavía muchas familias españolas de negar todo aquel pasado que no se ajuste a la tradición. Por si fuera poco, la película de Los Javis nos invita también a vivir, a expresarnos libremente como seres humanos, algo que en los tiempos que corren es cada vez más necesario.

