Armando Casimiro Guzmán
Salvo mejor opinión, la sección de estrenos internacionales del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) suele ser la más interesante del evento. La sección está conformada por obras premiadas o películas comerciales, que podemos ver semanas o meses antes de su estreno en salas. Este es el caso de Klara y el sol (Klara and the sun, 2026), octavo largometraje que dirige Taika Waititi.
El cineasta neozelandés generó altas expectativas con sus primeros trabajos, entre los que se incluyen la comedia Cazando salvajes (Hunt for the wilderpeople, 2016) y por supuesto, el falso documental Entrevista con unos vampiros (What we do in the shadows, 2014). En estas obras hacía gala de su peculiar sentido del humor. Después vendría su salto a Hollywood, al cine de superhéroes, que no da mucho para el comentario. Y finalmente, la que sería su primera adaptación literaria: Jojo Rabbit (2019).
Para la realización de Jojo Rabbit, Taika Waititi hizo una adaptación muy libre de la novela El cielo enjaulado, de la escritora neozelandesa-belga Christine Leunens. Para la versión cinematográfica, Waititi se alejó del tono sombrío de la novela y ofreció un divertido compendio de clichés nacionalsocialistas en tonos sepias con una singular banda sonora.
Te puede interesar
Batea Alfonso Cuarón preguntas sobre Digger y su próxima película
Y de esta manera llegamos a Klara y el sol. La octava novela del escritor japonés-británico Kazuo Ishiguro (en español está editada por Anagrama). En ella, encontramos a Klara (Jenna Ortega), un robot humanoide diseñado para servir de acompañamiento. La protagonista, que se alimenta de luz solar, considera al sol como una especie de dios, capaz de cumplir los deseos. Klara es adquirida por una mujer adinerada, como compañía para su hija enfermiza. En ese ambiente, el androide aprenderá algunas verdades sobre los confusos sentimientos humanos y sobre la omnisciente naturaleza del sol.
Dos de las novelas de Ishiguro han pasado por el cine: Lo que queda del día (The remains of the day, 1993), dirigida por James Ivory, en donde un antiguo mayordomo, descubre, al llegar a su jubilación, que ha dejado pasar las mejores oportunidades de su vida. Por otra parte, se encuentra Nunca me abandones (Never let me go, 2005), que nos presenta a un grupo de clones, que viven en una especie de internado, antes de servir de piezas de repuesto para personas adineradas que necesiten un trasplante. Mark Romanek, logra captar con sutileza la desesperanza y resignación de estos personajes sin poder de decisión.
¿De qué va Klara y el sol?
Con Klara y el sol, Ishiguro regresa a la ciencia ficción, mostrándonos una sociedad en donde las personas con recursos pueden optar por un mejoramiento genético, que a la postre, servirá para dominar al resto de la población. Esta gente vive aislada y puede costearse un robot de compañía, aunque claro, siempre hay cosas que el dinero no puede comprar.
Fiel a su estilo, el director neozelandés recurre al humor para mostrar la ingenuidad de su protagonista en un entorno desconocido. Ni siquiera cuando la narrativa se adentra en algunos temas escabrosos, como la sustitución de una hija moribunda por un reemplazo artificial, deja de machacarnos con bromas simplonas. Por si fuera poco, la descripción del concepto de amor por parte del androide se vuelve cansada y en todo momento cursi, idealizado con la aparición de un halo luminoso entre las personas (y hasta entre los robots).
Te puede interesar
Gregory Berger acusa a Digger de plagiar su obra
¿Se puede culpar a la novela? Tal vez, es seguro que el germen ya estaba ahí, pero en algún punto Taika Waititi tuvo que darse cuenta de que no todas las trabas narrativas se resolvían con un acercamiento al rostro de Jenna Ortega haciendo caras “chistosas”. ¿Qué tanto del libro hay en la película? No lo sé, pero no me quedaron ganas de averiguarlo.



