Lo confieso: suelo leer crónicas de la realeza, de los presidentes y sus esposas, de los famosos, de la gente muy rica. Sobre todo cuando hacen sus fiestas y luego las difunden en revistas y sitios dedicados a esas fatuidades tan rentables y entretenidas. Son como crónicas de un mundo paralelo en donde sólo respiran seres de otro mundo.
Un ser humano normal sólo tiene la oportunidad de toparse con ricos de a peso (digamos pobretones con menos de diez millones de dólares en su cuenta corriente o de débito). Los ricos ricos ricos sólo se juntan con sus pares y luego nos conceden el privilegio de saber de ellos por las crónicas en sitios especializados en ese tipo de asuntos frívolos: Vanity fair, Hola, Quién o People. En eso sí hay coherencia social: los pobres se juntan con pobres, los mamones con mamones, los guapos con guapos, los inteligentes con inteligentes y, al final de la cadena alimenticia, los políticos con políticos.
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Uno, como simple ciudadano jamás se topará en la calle con Amancio Ortega (148 mil millones de dólares), Michael Dell (241 mil millones de dólares), Larry Page (277 mil millones de dólares). Si tiene fe y mucha suerte, quizás se tope, en el museo Soumaya, con Carlos Slim (125 mil millones de dólares), pero con Elon Musk (892 mil millones de dólares) lo veo imposible… a menos que ellos decidan “ser topados” con fines comerciales, de promoción personal o para tener “contacto casual” con la sociedad civil salariominera, ese sector adicto a consumir la vida de los homínidos privilegiados.
“Aunque la mona se vista de seda… mona se queda”
Refrán popular
Hay quienes, por azar o por la vía del voto popular, ocupan posiciones relevantes a nivel nacional y tienen que convivir con los ricos y megaricos. Casi siempre los agarran en “fuera de lugar”, aunque, ya estando en el medio, disfruten de la performativa experiencia y se den cuenta de que, en el mero fondo de su corazón y personalidad, quisieran ser de esa clase de personas. No quieren enterarse que fueron invitados a esa burbuja por conveniencia política o mero protocolo. No por lo que creen ser, sino por lo que representan sexenalmente.
Reconozco que me gustaría estar en una reunión con el insufrible Cristiano Ronaldo (héroe en el ocaso más ruborizante). ¿De qué hablará ese badulaque lusitano cuando está entre pares? ¿Seguirá siendo el mismo superficial en público y en privado?
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Me encantaría estar en un coctel con Carlos Slim hablando de arte (él, no yo) y que me diga cómo tomó las menciones que Michel Houellebecq hizo de su persona en la novela El mapa y el territorio. Me hubiera encantado ir a una de las reuniones que hacía Andy López Beltrán en algunas partes del globo terráqueo o una colonia trending topic de la CdMx donde decidía a cuál amiguito le daba un negocio gubernamental archimillonario… aunque, lo sé, no hay ninguna prueba de que Andy hiciese ese tipo de inmoralidades.
Pero bueno, no puedo evitarlo: pienso en el caso de un expresidente de México alérgico a la ostentación, refractario a la riqueza y modesto en su vivir. Este señor exmandatario fue invitado a la boda de su vocero César Yáñez (en el remotísimo 2018) con la grácil Dulce María Silva.
Yo no le veo algo “malo” a eso de asistir a la boda de un empleado… a menos que salga en Hola, claro. En ese caso las cosas cambian porque contraviene la recomendación de este gobierno: la austeridad republicana. O sea, se puede ir a eventos de alto pedorraje, aspirar a ser de alto pedorraje, viajar como si se fuera de alto pedorraje… pero que no se sepa.
“Cuídate del hombre que alaba la liberación femenina. Está a punto de renunciar a su empleo”
Erica Jong
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Con los párrafos anteriores ya se habrán percatado que me gusta el chisme, pero mi interés esta semana es más intelectual y menos frívolo. Para entrar en materia les diré que siempre me ha llamado la atención el rol que juegan las esposas de famosos, las princesas, reinas o esposas de presidentes cuando en su agenda se prescribe ir a un evento que le dará la vuelta al mundo en las publicaciones del corazón, de la moda o del mundo de las celebrities.
Van unos ejemplos para ubicarnos: “El 3 de marzo de 2025, la Primera Dama Melania Trump hizo su primera aparición pública en solitario desde que retomó su cargo, luciendo un elegante traje color canela en el Capitolio. Combinado con una camisa blanca y zapatos de tacón nude a juego, el conjunto era clásico y discreto, y complementaba a la perfección su cabello ondulado suelto y su característico maquillaje neutro con ojos ahumados y labios rosa mate […] Melania se unió a los senadores Ted Cruz y Amy Klobuchar para abogar por la aprobación de la Ley Take It Down, una legislación destinada a combatir la difusión no consentida de contenido íntimo en línea”.

[Nota para lectores no versados en el mundo de la moda: “un tacón nude es un zapato de tacón en un tono neutro o color piel (que va desde el beige claro y arena hasta tonos rosados o marrones) diseñado para mimetizarse con el tono de la piel”].
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Ahí podemos ver a la Melania (chequen la foto) inmersa en un look de mujer trabajadora con su traje de ejecutiva y su carpetita de los asuntos importantes que abordará unos minutos después… pero la nota apenas alude al asunto de la chamba, lo esencial es el atuendo. ¿Alguien puede imaginarse a la Melania trabajando en algo? Otra nota pertinente: no se alcanzan a ver los zapatos de tacón nude; ni le busquen.
Otro, pero ahora de Francia: “Uno de los estilismos más comentados y alabados de Brigitte Macron en 2025 fue el que eligió para la cena de gala en el Palacio Gran Ducal de Luxemburgo (en octubre de 2025), donde sorprendió al dejar de lado sus habituales tonos claros o azules para apostar por un elegante vestido largo en borgoña con detalles de malla metálica y pedrería, complementado con un bolso de mano (clutch) plateado y un discreto pasador en el cabello”. Ni se pongan a buscar el “discreto pasador”; yo no lo encontré… por eso es discreto ¿no?

Me imagino a la Brigitte en su recámara atareada en la compleja tarea de elegir el atuendo que habría de portar para ir a la fiesta del Palacio Ducal de Luxemburgo. ¡Ay, ese momento en que “debe apostar” por tal o cual prenda debe ser agobiante!
Los de Hola alivian nuestra tribulación: “Si repasamos los estilismos de la Primera Dama de Francia en eventos similares a los de hoy, comprobamos que casi siempre suele apostar por el color blanco, su absoluto preferido junto con el azul. Sin embargo, hoy ha dejado a un lado su paleta preferida en favor de una más otoñal, gracias a la que ha conectado con otras de las invitadas más destacadas”.
En la foto para el consumo de los asalariados sin alicientes, se ve a Brigitte con su esposo Emmanuel y a otra pareja perfectamente desconocida (al menos yo no sé quiénes son, pero deben ser bien famosos y de la realeza) salta a la vista la osadía de la primera dama francesa al apostar por el color borgoña… no cualquiera se atreve.
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Zsa Zsa Gabor
¿Alguna vez estas mujeres se habrán preguntado por el carácter ornamental de su rol en estos asuntos? No recuerdo una nota de Hola, refocilándose en el corte del pantalón de Pedro Sánchez… ¿Pedro Sánchez? Sí, ya sé, con ese nombre tan común en el contexto iberoamericano, nadie sabe de quién hablo, pero bueno, ese tal Pedro es el presidente de España. ¿Se han fijado en sus zapatos? ¿En su majestuosa estatura parecida a la de Kalimán?
Los hombres van por lo esencial. Las esposas son “el color”, la anécdota jocosa y sus arriesgadas apuestas en relación al vestuario porque, no sé si lo habrán notado: la esposa de un hombrecillo importante no elige unos zapatos para ir a la Casa Blanca, no. Esa mujer apuesta por ciertas chanclas. Los maridos van a las reuniones a tratar asuntos importantes… o eso dicen; las esposas los acompañan como eso: accesorios, imagen… pero a la mayoría de ellas no parece preocuparles la cosificación de que son objeto.
¿Acaso es cierto que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer? No creo. Yo me decanto por un frase que dijo una tal Maryon Pearson: “detrás de todo gran hombre siempre hay una mujer sorprendida”. ¿Quién conoce mejor al pelmazo que su esposa?
Melania Trump, quien probablemente sea la menos brillante de las celebrities aquí consignadas no se complica la vida: se sabe cosificada por parte de esa cosa anaranjada que funge como su marido, pero es dueña de un sentido del timing envidiable gracias a su paso por el mundo de las súper modelos. Esa mujer piensa en todo.
Si tiene que ir a una reunión internacional sobre el cuidado de los oceanos, se pone un outfit con delicadas reminiscencias cetáceas. Cuando fue a la reunión para abogar por la aprobación de la Ley Take It Down mencionada más arriba, se puso un look ejecutivo y le pidió a su asistente “traeme una carpeta para que crean que voy bien preparada a esa reunión”. Vean la foto.Todo planeado. Como debe ser.
¿Quién no recuerda la descripción de los atuendos de nuestra Gaviota? Es la primera vez que una primera dama azteca se pudo echar un tirito paritario con otras primeras damas en términos de distinción, elegancia y personalidad avasallante… y la Gaviota es una mujer muy guapa, lo que sea de cada quien.
Disfrutemos de una pequeña parte de la crónica detallada sobre un viaje oficial con su marido a Reino Unido en 2015. La Gaviota apantalló a la mismísima Kate Middleton. Se pasó de lanza pues: “Entre sus elecciones durante su viaje a Londres, Angélica Rivera optó por un dress coat en blanco roto y con detalle de doble solapa de la casa Alexander McQueen, el favorito de la duquesa de Cambridge. Una pieza que complementó con accesorios clásicos en color negro”.
[Nota para los lectores ajenos al mundo de la moda: “El blanco roto es un tono neutro y cálido que se diferencia del blanco puro por tener una ligera pigmentación de tonos como ocre, gris o amarillo”].
¿Algún detalle sobre el atuendo de Peña Nieto? No. Ninguno. Cero.

¿Algunas palabras sobre nuestra mandataria, la científica Claudia Sheinbaum? Ella, usufructuaria legítima del “2 de octubre no se olvida” y marchista habitual del mantra “este puño sí se ve” no se pone intensa a la hora de seleccionar su outfit, pero tampoco creo le valga chetos la indumentaria. La diferencia es que nuestra titular del Poder Ejecutivo sí trabaja. No es un accesorio del marido y éste, el neomarido, se mantiene alejado del boato protocolario en cuanto ve la oportunidad de hacerlo y sólo lo vemos –a veces– en segundo plano. Si él se mandara solo (no es el caso) ni saldría de su oficina del Banco de México.
No obstante, nuestra presidente (sin “a”) cuida su imagen. Chequen la reseña de su look del pasado 16 de septiembre cuando se puso a dar el grito (soberano) de independencia: “El estilo de la presidenta Claudia Sheinbaum destaca por integrar la sobriedad ejecutiva con textiles artesanales mexicanos, un sello que incluso fue reconocido por The New York Times al incluirla entre las figuras con más estilo”.

¿Ya? ¿Eso fue todo sobre nuestra mandataria?
Pues sí. Ella no se marea con tiaras, sombreros o unas chanclas Manolo Blahnik. No me imagino a Claudia permitiendo que las revistas de celebrities se ocupen de sus blusas con grecas prehispánicas.
Para terminar, hago la pregunta que me tiene angustiado este lunes: ¿cuándo terminará ese chacoteo con las esposas de los gobernantes cuando salen de viaje y de lo único que se habla de ellas es de su atuendo? ¿En serio no se les podría preguntar del libro que están leyendo, la peli que más les gusta o su opinión sobre las vaquitas marinas, animalitos muy simpáticos y sólo quedan seis o siete en el mundo? Lo digo en serio: ¿no sienten que son tratadas como entes accesorios o como aparadores para anuncios de ropa?
Les dejo la más reciente “apuesta” de Letizia, la mujer que vive allá, en un reducto del Palacio de la Zarzuela llamado Pabellón del Principe. Enjoy it:
“La reina Letizia deslumbra con el vestido de Carolina Herrera más elegante que le hemos visto hasta la fecha [el diseño] con mangas tipo capa y el uso de la tiara Floral fueron calificados por la crítica como majestuosos y uno de sus mejores looks de gala recientes […] La monarca española suele dar al blanco cuando se trata de moda, pero una vez tras otra supera sus propios estándares para sorprendernos con un look aún más elegante y sofisticado que el anterior. Por supuesto, este vestido apunta hacia una nueva tendencia que solo las mujeres más refinadas conseguirán llevar esta temporada”.

Por puro interés público, debería fomentarse este tipo de periodismo en Michoacán. Es rete divertido, aunque el outfit de nuestras primeras damas o celebrities vallisoletanas esté lejos de ser “totalmente Palacio”… en realidad, casi todas cotizan en la franja de ser “totalmente Aurrerá”.



