Confieso que antes de ir al cine leí varias críticas a Digger y me chuté hartos videos de youtuberos de distintas nacionalidades. También revisé las opiniones en redes sociales que mi algoritmo me iba lanzando sin piedad pero con mucho cálculo. El consenso era inequívoco: el nuevo filme de González Iñárritu protagonizado por Tom Cruise es una bazofia pretenciosa, una historia pesada, un guion enredado y una muestra más del ego del director mexicano.
Varias de esas opiniones, sobre todo las expresadas en redes como X, tienen un fuerte sesgo ideológico y político acorde a los tiempos en que vivimos. Aún sin verla, hay quienes tacharon a la película de woke o de izquierdas por tener como su tema central las consecuencias negativas del cambio climático.
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En México, abundan opiniones que condenan la historia porque una de las cuatro guionistas es Sabina Berman, una de las principales propagandistas del régimen de la autoproclamada Cuarta Transformación. La cosa con el chisme de lavadero de esta red tan tóxica es que uno se divierte al leer tanta tontería y cuando menos lo espera ya también participó con una opinión provocadora. Yo mismo escribí que Iñárritu había comenzado su carrera filmando guiones de Guillermo Arriaga y terminó con Sabina Berman. “Es caer tan bajo como cuando Slash tocó con Paulina Rubio”, dije.

Por fin, el sábado me di tiempo para ver Digger en una de las escasas funciones con subtítulos. El hecho que Cinépolis ponga el 90% de proyecciones con doblaje es, por decir lo menos, un “genocidio cultural”, citando al ultra mamón de Iñárritu. Se dice que Tom Cruise aceptó esta misión para ganar un Oscar y acá pretenden que disfrutemos su actuación con una voz que no es la de él. Vaya ecuación tan estúpida.
A las críticas a Digger con sesgo político-ideológico se han sumado otras que parecen coincidir: es una película mala porque no es sencilla, es pesada, no entretiene y cansa al espectador. Es curioso que esos críticos que seguramente aman Mulholland Drive, Memento u 2001: Odisea del Espacio ahora reclamen que el mexicano no ha hecho una película digerible y con una narrativa simple.
Muchas críticas a Digger, ¿pero de qué se trata?
¿De qué diablos pues se trata Digger? La cinta pone en el centro de su historia al magnate petrolero Digger Rockwell (Tom Cruise) quien gracias a sus ambiciosas perforaciones está por causar un desastre de escala mundial. Alarmado por un científico a quien trata de forma despectiva, se reúne con el presidente de Estados Unidos (John Goodman) y otros hombres del poder para intentar una solución para lo que parece inevitable.
La primera media hora del metraje es puro sarcasmo que puede funcionar para el espectador promedio. Digger vive con un gato moribundo, su empleada doméstica detesta al felino, el científico sufre por explicarle lo que se viene y el presidente norteamericano se mofa del machismo que impera en su primer círculo.
Después vendrá algo que seguramente no les gustará a las masas que prefieren las narrativas convencionales y si se puede, lineales. Y aunque acá no hay idas y vueltas en el tiempo, sí hay algo llamado metaficción, algo como la historia dentro de la historia. En ese punto descubriremos que Cruise interpreta a más de un personaje al igual que todos quienes hasta ese momento lo rodean.
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Iñárritu y compañía decidieron reconstruir la historia de una historia contada en la película. Vaya enfado para quienes solo quieren comer palomitas y entretenerse. Pues con razón las actuaciones tienen mucho de teatro, ese no es el Tom Cruise de Misión: Imposible, reclamarán las mayorías. Lo de menos, dirán, es el impecable diseño de producción, la exquisita fotografía de Lubezki o la incuestionable habilidad de G. Iñárritu para dirigir actores.
A ver, esto no es un reclamo mío para las grandes audiencias. La mayoría va a las salas de cine para pasar un buen rato y desconectarse de la realidad. Pero en ese negocio siempre ha existido un hueco para quienes quieren dar un paso más allá, de lo contrario no tendríamos Kubricks, Bergmans, Kurosawas ni Fellinis. Creo que Digger —pese a Sabina Berman— no es una cinta expresamente anticapitalista o antigringa.
Es una comedia negra que se mofa de los políticos en general y sus estúpidas formas de afrontar los problemas, donde importa más “la narrativa” que las soluciones verdaderas. Es reconocer que todos somos unos hipócritas, pues nos mostramos indignados por los impactos del cambio climático pero estamos muy cómodos con la Inteligencia Artificial, los teléfonos de alta gama y el mejor aire acondicionado.
Uno de los pecados de la película es apostar por la sátira, un recurso de la comedia que no a todos les gusta. Hay muchos gritos, demasiados diálogos y una gran cantidad de situaciones absurdas. Según yo no es una película enredosa o que no se entienda, pero tantos diálogos pueden saturar la cabeza del espectador.
Al final, creo que la crítica política y la sátira ni siquiera es lo más importante de Digger. Lo mejor es su mensaje final: el arte estará siempre ahí, pese a los desastres, e incluso, estará ahí para contarnos cómo ocurrieron los desastres.
Y sí, Digger va a fracasar en la taquilla, pero eso qué diablos nos importa, ni que fuéramos accionistas de Warner o los mejores amigos del mamón de Iñárritu.



