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¿Podemos ganarle a Inglaterra? Pues en una de esas, sí

Me preocupa la facilidad con la que pasamos del desánimo más acendrado al entusiasmo más desaforado. La mediana objetividad no va con nosotros.

Hoy todo es maravilloso con la Selección por media hora de excelente futbol.

¡Media hora!

Si fuéramos menos ingenuos habríamos de reconocer que desde el momento en que supimos que el rival era Ecuador, suspiramos aliviados. En el mero fondo de nuestro fervor patrio sabíamos que ese partido era “ganable” sin problemas aunque los ecuatorianos tienen mejores futbolistas que nosotros… pero pues es Ecuador. ¿Cuándo nos ha asustado esa selección?

Pero un escalofrío recorría nuestra espalda al ejercitar la memoria: igual que suspiramos aliviados cuando supimos que nuestro rival sería Estados Unidos en 2002 en el Mundial de Corea/Japón… pero nos ganaron.

Esta vez no fue así. Se jugó un gran partido contra Ecuador y seguro se hará un gran partido contra Inglaterra.

Nada queda del futbol que se podía disfrutar hasta el Mundial de México en 1986. A partir de ahí todo se hizo ciencia y mercadotecnia. Estamos en un nuevo mundo. El placer de jugar bonito se ha esfumado y realmente poco importa. Se trata de ganar como sea. Así: como sea.

Hoy, sólo los expertos disfrutan la coreografía de un futbol hiperdefensivo —y con el 80% del tiempo en pura aburrición. ¿Hay arte en los esquemas súper defensivos? Pues para intelectuales como Jorge Valdano o el doctor Luis García, sí. Mucho arte debe haber en esos “falsos nueve”, en las transiciones entre los laterales y los medios ofensivos. Puro clasicismo que uno, acotado a la pantalla de la tele no puede apreciar… y ni nos interesa porque queremos la emoción del gol.

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Si la FIFA quiere seguir facturando como lo hace, debe hacer algo por el espectáculo y ¿saben? en buena parte, quienes lo anulan (al espectáculo, a la diversión) son los pinches futbolistas, esas florecillas delicadas que se rompen las rodillas, el peroné o la clavícula unas seis veces en cada partido. Debería dictarse presión preventiva a esos farsantes que se lesionan brutalmente cada tres minutos y sanan en menos de treinta segundos. Debe haber forma de meter a la cárcel a los que fingen graves lesiones, con rodillas hechas pedazos que sanan en cosa de minutos.

Otra calamidad es el “fuera de lugar”. Una costumbre que quizás alguna vez tuvo razón de ser, pero que hoy limita el campo de juego a una tercera parte de la cancha. ¿En serio el atacante tiene una ventaja definitiva frente al portero? Creo que al final esa burrada desaparecerá por el bien del futbol. Con toda la cancha libre ¿se imaginan las oportunidades para jugar? Jugar como escuincles pues. ¡Muera el fuera de lugar!

A cambio de eso, la ciencia de la defensa ha evolucionado a niveles asombrosos (pero todavía falibles en exceso). Esa “ingeniería de la defensa” tiene azorriladas a las potencias como alemanes, franceses, holandeses, brasileños y argentinos (ninguna nación tiene tanto marrullero tramposo como los argentinos; son un asco).

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Hoy, a las potencias mencionadas les toma entre ochenta y noventa minutos descifrar el esquema defensivo de su rival. Si las cosas salen de acuerdo a la lógica, esas potencias liquidan al enemigo en los minutos finales del partido o en el tiempo de compensación.

Así ocurrió con Bélgica, que se levantó de un 2-0 aparentemente definitivo.

Lo hizo Inglaterra también —por sólo mencionar los más recientes.

México cotiza en la franja de equipos africanos y orientales. Somos —nos agrade o no— parte de esas escuadras que a falta de figuras estelares, por fin encontraron un territorio en donde casi salen bien las cosas: la defensa a ultranza, esa que no admite un solo error. Ni uno… pero que generalmente es derrotada en los minutos finales por el talento individual de quienes tienen la tradición de ganar todo.

Inglaterra no es Ecuador. Saben que se enfrentan al país anfitrión y que México no es un flan… pero no es Brasil, pero sobre todo, saben que México depende de “la ingeniería de la defensa” y es cosa de tener paciencia.

Luis Romo

¿Hay forma de ganar?

Los ingleses tienen a estrellas como Kane, Bellingham, Bukayo Saka… y tienen otra cualidad: paciencia.

Son apasionados e inmutables.

De verdad, el Azteca no les pesará tanto, ni el Cielito Lindo los pondrá nerviosos, ni la altura sobre el nivel del mar. Esos detalles sólo le sirven a equipos de modestia evidente… y México es modesto.

Seguimos aferrados a los milagros, pues.

La morenita del Tepeyac no nos puede fallar.

Gracias a esa fe nos brotó un Gilberto Mora. Somos producto del azar, no de la planeación y, en estos guisos, la planeación, más que el placer, la rifan. Lo lúdico es para la calle… por fortuna. Al menos eso no lo puede comercializar la FIFA… no todavía.

Ojalá México gane el partido del domingo aunque sea apoyado en una defensa científicamente diseñada por Aguirre porque, eso, la defensa, es básica, pero para ganarle a los grandes se requiere también de genialidades y en eso andamos medio fallones.

En unos días el mundial nos empezará a quedar geográficamente un poco lejos y las cosas en este país seguirán su rutina brutal. Estados Unidos ya le dijo “no” al tratado de comercio y ahora habremos de negociar cada año su operación; el gobierno no hara NADA contra los políticos narcos; USA seguirá austándonos.

Lo normal, pues.

Por eso se agradecería que México pasara a la siguiente ronda.

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