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Sin amigos, vale, pero ¿sin coger?

Por Grisel Rodríguez

Anoche comentábamos con Saúl sobre un artículo reciente en Revés sobre las rupturas de amistades entrañables. Es un buen tema porque la amistad se ha modificado profundamente a niveles insospechados. Mis hijos y sobrinos, por ejemplo, no tienen amigos. Quieren amigos porque la tele, youtube, tiktok y sobretodo facebook les han dicho que existen, pero ya desaparecieron los medios para crear un amigo entrañable con quien poder convivir, coexistir, incluso tocarse.

Nadie extraña lo que no conoce, pero estos pequeñajos lo idealizan en formas extrañas para mi generación. Por ejemplo, me exigen llevarlos con sus primos y cuando llegamos ahí, cada quien se mete en su celular, se fuga a su pequeño mundo, no se dirigen la mirada el resto de la tarde, no importa cuántas horas pasen reunidos, no hay contacto ni para pelear.

Ese es su concepto de convivencia.

Pero hay algo peor ocurriendo justo frente a nuestras narices. Estoy en medio de encuestas y otros asuntos, pero aun así, comentaré algo: hace un par de años algunas amigas, conocidas, familiares, vecinas comenzaron a meterse en los gimnasios. Algunas van unos minutos, otras un par de horas y he escuchado varias explicaciones respecto a sus afanes saludables: hay quienes lo hacen para poder comer pan después, otras para poder “pistear”, otras por salud, por amor propio…

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Fue una norteña quien me dijo algo sugerente: sustituyó el sexo por el ejercicio.

Me sorprendió y comencé a preguntar.

Hubo quien lo acepto abiertamente; otras (más pudorosas) dijeron que no con palabras –pero desviaron la mirada como cuando los hijos son niños y te mienten.

Mis sobrinas entre dieciocho y veinte años van al gimnasio mañana y tarde. Tal vez a esa edad nadie les “ha metido mano” (todavía) y si  ese es el caso, me pongo triste porque parece que los chavalos también desgastan toda esa energía hormonal en el gym.

¡Qué méndigo desperdicio! –pienso yo.

La última persona con la que hablé me contó de otras tres de sus amigas: «No sólo es el gym, Gris, es pilates, yoga, meditación, el running, salir a caminar desde que Dios amanece, ir “a rodar” (bici), clubes de lo que gustes y mandes».

Una de ellas tiene un cuerpo prominente: nalgona, sensual… y más de un año sin relaciones sexuales. Su esposo, ahora convencido de que el gym es lo mejor, también “hace” brazos (bíceps), pecho, espalda y pierna… me siento en carnicería cuando me cuenta.

¿Cómo pasó? –me pregunto, escandalizada.

Gimnasio

Primero fue un distanciamiento normal: no vernos (ver tele, ver teléfono… todo menos a la pareja), de ahí pasó al no tocarnos, no abrazos, no besos apasionados desde ¡uf!

Yo podré quedarme sin amigos… pero ¿sin coger?

Eso es como no comer, no dormir, no respirar, el sexo es parte de una necesidad primaria. Ese tema me escandaliza más que las amistades que se enfrían o acaban.

Me apenan mis sobrinos con sus noviazgos por whatsapp; sin ese beso, esa caricia clandestina, esa mirada sensual, esa emoción que eriza la piel…

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