Estimado Roberto:
Debo confesar que hice un poco lo que hizo Messi al jugar la final: esperar arriba, cancheando, sin bajar a defender y esperar a que llegara un balón para recibir una falta o para hacer una jugada maestra esperando que acabara en gol. Por eso respondo ahora, justo después del silbatazo final. No tendré jugadas maestras pero me hice ganar algo de tiempo. Te ofrezco disculpas por la demora.
Lo primero que quiero decirte es lo que me quedé pensando en tus comentarios sobre el buen Georgie Luis Borges. Y habrán de disculparme él y tú, pero al final del partido y una vez que España se había coronado campeona, abrí uno de sus libros y me reencontré con el poema Ajedrez:
Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.
Utilizo obviamente la falacia de composición, pues solo cito una parte del poema. ¿No estamos en tiempos de falacias, querido Roberto? ¿Donde se utilizan momentos del juego, de declaraciones, de comentarios en internet, para tratar de decir que eso es el todo?
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Espero con mucha ansia saber tu opinión sobre el juego. Lo primero que pensé: bien jugado. España parecía tener su flota completa con la que conquistó América. Ahora no iban con la venia de los Reyes Católicos y con Dios en su nombre: iban con la promesa de un buen futbol y de conquistar esa cancha de Nueva Jersey. Y lo cumplieron. Los jugadores argentinos jugaron como hacen cuando no tienen mucha idea de equipo: con el corazón, pegando, en ocasiones con buen futbol, en otras fauleando, provocando. Messi, querido, tengo que preguntarte… ¿dónde quedó? ¿Su tocayo Scaloni le dijo que se quedara arriba y no bajara a pelear nunca? ¿Así termina, si es que termina su ciclo mundialista?
Hablando de terminar y de finalizaciones, te comparto que terminé por fin La Odisea. Tanto el libro como la película. Recordé esa frase de Borges, ¿sí es de él? “Que otros se enorgullezcan de los libros que han escrito, yo me enorgullezco de los libros que he leído”. Ahora quisiera seguir con el famoso Ulises de James Joyce. ¿Lo has leído? Ya me contarás, porque sé que de Homero no hay duda. ¿No anduviste tú también, como Ulises, navegando por los mares? ¿Viste la adaptación de Nolan? Ojalá puedas responderme con varios ‘sí’ y tus apreciaciones.
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Por ahora, volvamos a nuestro tema central: el Mundial. Esa libertad para alzar la voz, que con mucha pasión defiendes, ahora no fue suficiente para que Argentina alzara la voz futbolísticamente. Me preocupa lo que se quedó pendiente y que tú muy bien atinaste a decir, tus palabras fueron como esos goles que fueron antología: el de Roberto Carlos contra Francia, previo al Mundial del 98, el de Cristiano Ronaldo contra Porto en Champions League, el de Quiñones contra Ecuador hace unos días.
Me quedo con una duda, que si bien no resolverás, quisiera leerte al respecto. Me explico: Considero que hoy, la FIFA ha llegado a un alto grado de incredulidad. Me provoca desasosiego que no se apliquen leyes de igual forma, que los acólitos de la FIFA solo sean complacientes, que algunas federaciones alcen la voz pero no hayan frentes que realmente frenen la avaricia de Infantino.
¿Pausas para hidratación o para comerciales? ¿64 selecciones? Pero lo peor, Roberto: ¿cuándo sí y cuándo no marcar a favor o en contra? ¿Cuándo sí y cuándo no ser tajantes con la aplicación de las reglas? Aplicados para todos, ojo.
Tengo una ilusión. Que en unos años, venga una revolución como la de Lutero frente a la Iglesia Católica. Que alguien publique sus críticas a las indulgencias, sus 95 tesis criticando a Infantino y a la FIFA. ¿Te imaginas una nueva FIFA, protestante? ¿Atea? ¿Agnóstica? Me he ido por la borda, como los jugadores compatriotas tuyos al final del partido. Mil disculpas. Espero tu carta como Iturbide esperaba las cartas de Vicente Guerrero.
Siempre con un abrazo y afecto de
Adrián
Guadalajara, 20 Julio 2026

