Estimado Adrián:
Me disculpo por el chiste de la araña Julián: lo puse para enlazar con el tema siguiente y pensé que iba a ser evidente. No fue mi intención llamarte a engaño; quedó bien y no pasa de ser una broma sin consecuencias.
Releo tu última carta antes de responderte, porque me dejaste varios temas interesantes y voy a adentrarme en cada uno con placer. No hay nada como un diálogo con alguien inteligente para abrir puertas y no estancarse en lugares comunes.
Me preguntás si Argentina fue grande contra Inglaterra, y no puedo menos que responderte con el diario del lunes en la mano: lo fue, y solo espero que vuelva a serlo el domingo. Me doy por hecho con esta victoria, aunque, claro está, quiero que ganen también el domingo. Este partido tenía sus características particulares, y para muchos argentinos ganarle a Inglaterra ya es motivo de felicidad suficiente. Si el domingo no sucede, no va a ser tan trágico (si me permitís el adjetivo).
Paso al tema más importante que tocaste: las banderas de Malvinas en el estadio. Las hubo, y de varias facturas, incluida la que desplegó la Selección al final del partido. Bien hecho. Me gusta, me enorgullece. En mi última carta hablé de eso: cuando dije que hay que faltarle el respeto a esa gente, me refería precisamente a esto. En todos los ámbitos y de todas las maneras posibles tenemos que levantar la voz, pese a quien le pese y disguste a quien le disguste.
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Permitime expandirme sobre esto, porque es un tema que me apasiona. Existe una regla de la FIFA que prohíbe mezclar manifestaciones políticas con el deporte, pero preguntémonos: ¿quién quiere que no se hable del racismo, de la violencia, de la injusticia, del colonialismo, sino los racistas, los violentos, los injustos, los colonialistas? ¿Quién quiere evitar hablar de Palestina sino los sionistas? ¿Quién quiere evitar hablar de la verdad sino quien sostiene la mentira más descarada?
Inglaterra pidió a la FIFA que se investigue a Argentina por el tema de las banderas y los eslóganes sobre Malvinas. Al carajo con ellos. Vamos a seguir hablando de Malvinas en todas las tribunas y en todos los tiempos, porque eso no está sujeto a la opinión de los poderosos: Malvinas no se toca.
Sigo. Lo mismo con el director técnico de Egipto, que habló de Palestina y portó su bandera, ¿y qué me contás del maravilloso Michel Nkuka Mboladinga, ese hincha del Congo que pasó los noventa minutos de cada partido parado sobre un pedestal en la misma pose que Patrice Lumumba? Una maravilla. ¿Van a multar a la selección de Congo por eso? Que lo hagan: cada imagen de ese hombre vale más que los 30 mil dólares de esa multa patética.
¿Y la declaración de Haaland, cuando dijo en rueda de prensa que «siente debilidad por Messi y sus compañeros, que tienen la posibilidad de ganarle a su rival histórico que hoy ocupa su territorio de manera ilegal»? ¿Decir la verdad es una declaración política que debería censurarse? No. La verdad debe decirse una y otra vez, sin titubear.
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Dame un segundo: revuelvo mi té de hierbabuena, jamaica y jengibre y bajo un par de revoluciones. Una de las cosas que más me gustan de México es poder mezclar productos naturales que en otras latitudes no se consiguen. Encendería un cigarrillo para relajarme aún más, pero ya dejé ese hábito, por fortuna.
Lo que decís de Francia y España es totalmente cierto. Francia tenía muchas estrellas y se la vendió como el gran monstruo del mundial, pero en el vestuario las cosas estaban peor que en un teatro de variedades de poca monta: el estrellato convirtió en divas a más de la mitad del equipo y se perdió la cohesión. España aprovechó y se abocó a lo básico: cada cual haciendo su papel de un modo preciso y constante, que a veces es lo único que hace falta. Eso hace que el domingo pinte especial: dos estilos, dos culturas, dos espíritus enfrentados. Va a estar interesantísimo, aunque lo mismo se esperaba de Francia-España y ahí tenemos un fracaso de partido.
En un párrafo exquisito me preguntás dónde quedó Francia, y yo, que no llego a tantas referencias (y esto no es ironía: no sabía quién era Agnès Varda, tuve que buscarla), ya no me preocupo por Europa. Más me interesaría saber dónde va a quedar México, Argentina, Colombia, Perú, Venezuela, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica…
A tus dos preguntas finales de ese párrafo —¿a qué edad terminan los atrevimientos? ¿a qué edad dejamos de aventurarnos?— tengo una sola respuesta para ambas: nunca. Espero que la parca me encuentre, dentro de muchos años, en alguna ruta perdida del mundo, tratando de llegar a un punto que todavía no conozco. Hablo por mí; los demás sabrán dónde les aprieta el zapato.
Che, esto se está haciendo largo, espero que no te moleste, pero ya termino respondiendo a tu último párrafo. No te leo como a esos pseudofilósofos que hacen de todo un análisis radical: te leo desde el aprecio, el cariño y la admiración, pero ninguna de esas cosas implica el ridículo. Estas cartas no tienen el humor que suele ser ingrediente permanente en nuestras charlas personales. Ya llegará el momento de retomarlas.
Y, por último, la referencia a Borges te la debo: el pobre Georgie, que no vio un partido en su vida (al menos cuando podía), cuando habla de fútbol dice menos estupideces que Álvaro Morales. Eso es lo único seguro.
Te mando un fuerte abrazo.
Roberto
Morelia, 17 de julio de 2026


