Para todos los mexicanos, Cuba es un asunto de interés. Sea porque creemos que desde 1959 ha sido un país sometido el embargo gringo o porque, independientemente de ese embargo gringo, la élite posterior a la de Fulgencio Batista hizo todo lo necesario para destruir la economía de la isla y el sometimiento de sus habitantes. En este asunto las cosas siempre son complejas.
Me puse a investigar cómo era Cuba antes de la llegada de Castro al poder. De inmediato salen las condiciones deplorables de la población ajenas al exceso de esas élites de extranjeros —gringos, sobre todo— y de cubanos privilegiados. La revolución castrista sólo hizo un cambio de abusadores, pero seamos justos: la llegada de Castro sí fue una esperanza para muchísimos en ese país. Aquí aplica un verso de autor (para mí) desconocido que dice:
Tienes un consuelo fatal
En medio de tu dolor
Y es que estando tan mal
No puedes estar peor
Y sí, esos versos se aplicaban perfectamente al pueblo permanentemente pauperizado hasta antes de 1959 y se aplican a lo que pasa hoy con los “hermanos cubanos”.
Según mis pesquisas, hasta antes del triunfo de la revolución castrista, esa pequeña isla vivía una circunstancia que, más o menos, se puede sintetizar con los datos siguientes:
Tenía una economía que se estaba desarrollando fuertemente en el continente. El turismo, el petróleo y el azúcar eran pilares de la economía y permitió el desarrollo de una infraestructura urbana y económica notable.
Fue el primer país latinoamericano en tener televisión (1950); USA era su principal socio comercial y el turismo era un negocio vigoroso —sobre todo a partir de la prohibición del alcohol en Estados Unidos.
Era el país que más dinero dedicaba a la educación en el continente (eso no pude confirmarlo). Tenía un sistema ferroviario de primer nivel y fue el primer país del mundo en contar con teléfonos de discado directo (unas fuentes dicen que en 1906 y otras en 1927). En 1928, era el cuarto país con más emisoras de radio en el mundo; en 1950 (Canal 4) fue la primera nación de Latinoamérica en contar con televisión y en 1928 fue el cuarto país con más emisoras de radio en el mundo. Cuba era un gran productor no sólo de azúcar, tenía una producción ganadera de las mejores del mundo, una producción lechera del mismo talante y era el principal productor —al menos en el continente americano— de niquel, cobalto y tabaco.
¿Cómo estaba repartido el pastel? En este rubro todo era “normal”:
A fines de los cincuenta, USA tenía intereses económicos muy importantes: el 90% de todas las minas eran gabachas, igual que el 80% de los servicios públicos del país. También el 50% de los trenes y el 40% de la producción de azúcar. El 25% de todos los depósitos bancarios eran de los gringos y campeaba una corrupción que rayaba en lo perfecto.

Castro fue la esperanza de contar con un gobierno justo y al poco de asumir el poder, soltó esta frase: “Nuestra idea no es el comunismo ni el marxismo, nuestra filosofía política es la democracia representativa, la justicia social, en una economía bien planificada”.
Muchos le creyeron. Ricos y pobres. La llegada de Castro al poder fue vista con esperanza, incluso por muchos ricos.
O sea, mejor, imposible ¿a poco no?
Pues sí, pero no, porque toda esa belleza sólo la usufructuaban las élites extranjeras y las cubanas. Por eso la lucha de Castro y el triunfo de su movimiento armado despertó las ilusiones y la esperanza en esos hombres barbudos y el nuevo mundo que se perfilaba en el horizonte que a tantos millones de personas pudo seducir —me cuento entre ellos.
Ahora bien —y tal como dice un personaje de Vargas Llosa y lo parafraseo a conveniencia: ¿en dónde se jodió Cuba? Aquí, como prescribe el mundo de la posverdad, cada quien tiene su versión. Lo cierto es —apegado rigurosa y científicamente a mi posverdad— que luego de 1959 (y no sólo por el embargo gringo a la isla) esa nación pasó de ser expoliada por los estadounidenses y sus gerentes cubanos, a depender casi absolutamente de Rusia hasta la caída de la URSS y luego, de manera sustantiva, de Venezuela hasta el año pasado y finalmente, en buena medida —y con la ayuda de otros países— de México.
Todo eso cambió con la nueva “administración” de Trump y el secuestro de Maduro en enero de 2026.
De ahí en adelante, las cosas se han puesto dramáticas y si no fuera por cierta flexibilización en la táctica de Donald con Cuba, podríamos decir que pudo ser un genocidio.
Con el arribo de una nueva generación de cubanos nacidos luego de la revolución, con esos escuincles que no han conocido otra realidad que la de la precariedad y una dieta rica en ideología y alta en proteínas de humo, las protestas empezaron a ser incontenibles… bueno por unos días. Estos jóvenes cambiaron el mantra de “patria o muerte, venceremos” por otro más real: “patria o muerte… valga la redundancia”.
Para “los representantes del pueblo cubano” (o sea, el gobierno, claro) la defensa de la revolución era esencial, sobre todo de la soberanía. Después de todo, el partido comunista y sus élites son los representantes legítimos de los cubanos jodidos.
Pero el pueblo —siempre tan mal agradecido— ya no quiere vivir de mantras y, por si fuera poco, de quien quieren liberarse, es de quienes los quieren proteger.
Va una paráfrasis de las palabras del periodista, residente en La Habana, Boris González:
En realidad, los líderes cubanos tienen todas las monedas de cambio. Llevamos muchos años, desde la oposición, diciéndoles que tienen el poder de transformarse, de cambiar, pero siempre se han negado. Hace cinco años (2021) los cubanos que protestamos en las calles fuimos apaleados, encarcelados, secuestrados de inmediato. El régimen nos lo advirtió: “la orden de combate está dada”… contra el pueblo.
¿Para cuándo la orden de combate contra Trump? No hay tal orden de combate. Al contrario: con quien peor nos ha tratado la respuesta ha sido “vamos a dialogar”.
(Quien de inmediato levantó la mano para combatir fue el inefable Silvio Rodríguez. Este chamaco exigió que ya le dieran su fusil ruso AKM y los empleados de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) de inmediato se lo entregó… ¡ah, los símbolos y el atole con el dedo!

Cuba… a ver a ver, un momento, me refiero al pueblo cubano, no a los “representantes” del pueblo sino a la Cuba real (aquí las cosas no son lo mismo ni son igual) requiere una apertura económica y política. Los cubanos sueñan con la democracia y de una vez se los adelanto: la primera (el cambio económico) parece posible; la democracia, no.
Cuba es un asunto de orgullo para los gringos y, sobre todo, para los cubanos de Florida, pero ni al régimen cubano ni al “régimen gabacho” les importa un pito la democracia.
Lo más pinche de todo esto es que para la mayoría de la población, cualquier esquema de cambio es mejor que el actual, sobre todo desde que la URSS desapareció. Incluso, si se interesan en las maneras en que “los niños de la revolución”, expresaron la situación de la “Cuba post soviética”, basta leer —entre muchas otras obras literarias— la saga de novelas con el detective Mario Conde como personaje en la conocida saga las “cuatro estaciones de la Habana” —aunque son nueve. Leonardo Padura, en esas historias se puso sublime.
En esas novelas, un “niño de la revolución” (Padura, nacido en 1955) esboza de manera espléndida el desencanto de su generación. Los personajes, casi todos, nacieron en la década de los cincuenta del siglo pasado. Las cosas, hoy, son mucho peores.
Lo que no pudo hacer la sociedad civil de la isla, ni los tímidos u osados reclamos internaciones por la vía diplomática para que Cuba se transformara… lo logró un demente como Trump. Podrá parecernos un delirio, pero para muchos cubanos, Donnie es un héroe nacional; en México también. Vean si no: ese agente naranja puso en el modo de la eficiencia operativa al Estado mexicano en su lucha contra el narcotráfico… a pesar de ser un reclamo popular desde hace décadas, pero ya lo sabemos: los representantes de los ciudadanos mexicanos (y como todos los países con regímenes autoritarios) siempre andan ocupados en otras cosas y siempre saben algo que nosotros, simples ciudadanos ignoramos. Por eso ha sido un timbre de orgullo y sobrevivencia proteger a los criminales.
¿Qué puede pasar en Cuba en el futuro (casi) inmediato?
Seguiré fiel a las fuentes fidedignas de mi posverdad.
La isla caribeña es, como dije antes, un asunto de orgullo, una espina clavada en los diferentes gobiernos gringos a partir de 1959. Donnie dice que sería “un gran honor hacerse de la isla”. Dice también que podría “hacer lo que quiera con ese país atrasado y en ruinas”… eso dice Trump —según el robot de Google.
Pero dejando un poco de lado los graznidos del presidente gabacho, Cuba es de interés —sobre todo— para los cubanos residentes en la isla y para los cubanos que viven en Estados Unidos. Por igual. Con la diferencia que los primeros no tienen con qué transformar las cosas (salvo “echarle ganas”) y los segundos… pues ellos sí.
En Estados Unidos hay unos tres millones de cubanos y en la isla unos diez millones. Los primeros se han abierto paso en esa sociedad. Tienen un poder económico y político enorme: media docena de congresistas, dos senadores, alcaldes, empresarios… y —nomás para que sepan de qué lado masca la iguana— un secretario de Estado (Marco Rubio). Ese pueblo cubano con residencia en Miami, de verdad ha logrado mucho, pero mucho en Estados Unidos.

El dato que sigue puede ser anecdótico, pero no lo es porque el nombre que les diré es parte de una reducida lista de nuevos amos del universo (no es retórica): Jeff Bezos.
Este chamaco (sobra mencionar el catálogo de intereses que lo mueven) tiene un papá real a quien no reconoce como su papá real. A quien le dice “papi ¿cómo estás?” es a un cubano/español emigrado a USA y de nombre Miguel Bezos. No es cualquier cosa el dato.
No creo que los gringos pongan en práctica el esquema usado con Maduro. El ejército cubano no es una baba de perico. Ha ganado guerras en Etiopia, Angola y Mozambique. O sea, es mejor seguir “dialogando”. Sacar a Raúl Castro o Diaz Canel y llevarlos a USA para acompañar a Maduro, no parece ser parte del plan A. Ni les interesa.
Mientras Trump y al gobierno cubano deciden qué hacer, la sociedad civil, el pueblo soberano (pero jodido perennemente) seguirá sufriendo y esperando lo que sea… porque “lo que sea” es mejor que lo que viven.
¿De verdad las cosas serán mejores? Sí. Lo creo, pero es un cambio de amos, de dictadores. No habrá democracia… y a veces me pregunto si ese modelito político tiene futuro, pero bueno, la isla será una franquicia en las manos de los cubanos residentes en USA, en Florida, sobre todo. Eso de la soberanía es un eslogan que rinde grandes beneficios.
El mundo que están configurando esos amos del universo no requiere de las masas… o sí, como subproducto para tareas de tercer orden. Quienes gobiernan al mundo —dice la IA de Google— son los gestores de fondos de inversión como BlackRock, Vanguard o State Street. También los fondos soberanos (especialmente petrodólares) que compran participaciones en casi todas las empresas estratégicas del planeta.
Organizaciones como Bildenberg que funciona como una alianza de poder donde multinacionales, realeza europea, aristócratas y líderes políticos se reúnen para influir en las agendas globales, a menudo descritos como un “gobierno en la sombra» que trasciende las instituciones democráticas.
Consorcios tecnológicos “que gestionan datos, información y comunicación, influyendo directamente en la opinión pública y el comportamiento social”.
La Rusia de Putin es pionera en este campo.
Instituciones supraestatales que “promueven la globalización económica y el neoliberalismo, a veces por encima de la soberanía de los estados nacionales”.
Todas las citas, sacadas de Google (pero no por ello menos ciertas) coinciden con ensayos como los de Anne Applebaum (Autocracia S.A.) y —por lo menos— con dos libros de Giuliano de Ampoli. Este chamaco tiene una novela perturbadora que se llama El mago del Kremlin y otro de difícl clasificación: ¿es ensayo, son remembranzas, son minireportajes o un diaro del autor? Se llama La hora de los depredadores.
Aprovechen los momentos de descanso y denle chance a la dantesaca, escalofriante “ficción” de la novela del mago mencionado —el final de esa historia está como para poner los pelos de punta.
Si andan en plan serio, el libro de los depredadores —del mismo autor— no tiene progenitora… y si de plano lo suyo lo suyo es la solemnidad, el libro de Anne Applabaum es lo que prescriben los médicos.
Pues bien, ese tipo de alimañas mencionadas arriba y radiografiadas en los libros recomendados, es la que gobernará (de hecho la está haciendo ya) al mundo. Me gustaría decir el corolario típico a alivianador que sigue a esa frase “del mundo de las nuevas alimañas”, pero no. Al menos yo ya dejé la esperanza de lado. No tenemos remedio.
Ese tipo de fauna nociva y poderosísima va por todo lo que rinda beneficios, rentabilidad.
Cuba es una parte chiquitita de todo eso.
Y bueno, los mexicanos confiamos en la morenita del Tepeyac.
Nunca nos ha fallado.
*En portada, foto de Abel Tablada/Facebook.

