Cuando uno piensa con seriedad en el asunto de las pensiones, comienza la incertidumbre. Todo parece hecho adrede para no entender en qué acabará ese montón de trámites que se emprenden. La duda más acuciante, en la mayoría de los casos, es saber de cuánto será la pensión asignada. Nadie es capaz de darnos una idea razonablemente creíble del monto.
¿Por qué pasa eso?
Porque en general todo depende de las semanas cotizadas al IMSS y del “sueldo base”. Está bien, aceptemos que esas dos variables complican hasta el infinito los problemas. ¿Pero es de verdad difícil poner un ejemplo general (con palabras sencillas) y que las analogías y comparaciones dependan del dominio de la ciencia de “la regla de tres” del interesado para tener una idea del monto de su pensión?
Como un aporte a la confusión, entretenerlos un rato y dar luces a la oscuridad, les contaré cómo fue cuando decidí dar “un paso al costado” e inicié mi trámite de pensionado. Dato clave: no tenía idea de cuánto tenía ahorrado en mi Afore ni qué pasaría con ese dinero.
Una fuente de información aullaba “te darán el 100% del último salario”; otra cloqueó “te darán la media de los últimos cinco años de salario”, pero la mera verdad es que ninguna era de fiar. Lo que sí supe es que tenía tres CURPS y las usaba de acuerdo al humor del local en donde pedía que me imprimieran ese documento. Fui feliz con tres CURPS porque no sabía que eran tres… hasta que lo supe y sí fue medio incómodo, pero plenamente resoluble. Uno sólo debe tener una CURP.
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Debo confesar algo importante para fines explicativos: coticé al IMSS por 41 años y el 91.4897% de ese tiempo lo hice en calidad de burócrata de a peso y ganaba lo que todo burócrata digno de respeto, percibía.
Como algunos ya lo sabrán, pertenezco a la generación que alcanzó, sin hacerla de tos, los beneficios de la afamada (y a punto de la extinción) Ley del 73. Una ley de lo más chida si se cumplen varios requisitos —el más importante: tener al menos 500 semanas cotizadas en el IMSS. Esa piadosa ley ampara a todo mexicano nacido antes o durante los primeros seis meses de 1978. Toda la raza nacida después (meses más, meses menos) y que se dio de alta en el mercado laboral formal después del 1 de julio de 1997, es parte de la perversa, ignominiosa “Ley del 97” que, de una vez se los digo: generará una cantidad de vejetes pobres, precarizados, mantenidos, solos y arrimados.
¿Por qué digo eso?
Por un asunto de dinero. En mi caso —que es el de la mayoría de los trabajadores mediocres del país— lo que logré consolidar como ahorro para el retiro no pasó de 300 mil pesos. Una parte de ese dinero, al momento de tramitar mi retiro, se añadió a mis cuotas del IMSS que a lo largo de 41 años me guardaron con mucho cuidado. Con esa lana de la Afore —me dijeron— se financia mi actual condición de pensionado. Es decir, son dos cuentas: la de la Afore y la de las cuotas al IMSS. Eso me da una pensión modesta, digna y adecuada… pero ¿qué creen? Pues ESO ya no funcionará con los infelices que empezaron a trabajar luego del 1 de julio de 1997.
A partir de la inminente extinción del plan de pensiones conocido como “Ley del 73”, los nuevos vejetes sólo tendrán lo que haya en su Afore por la vía de las cuotas que los patrones le hayan tributado a esa cosa… y de las cantidades adicionales que los previsores le hayan abonado, de su peculio, a ese instrumento. ¿Es posible meterle lana a la Afore siendo un trabajador de medio pelo?

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Vamos a poner el caso de un jovenzuelo de 47 (edad actual de los primeros incorporados a la Ley del 97). Este sujeto piensa jubilarse a los sesenta años de vida. ¿Cuánto necesita tener en la Afore para terminar con una pensión de 15 mil pesos al mes? Digamos que, si a los sesenta un vejete ya no tiene hijos pequeños, ya tiene “su casita de interés social” y no tienen deudas onerosas, podrá vivir decentemente con quince mil pesos al mes.
Pues bien, para tener esa cantidad de pensión, ese vejete debe abonar a su Afore, de su dinero, entre 2.2 y 2.5 millones de pesos. Dejemos de lado la tasa de interés y sus rendimientos durante algunas décadas que harán un poco menor ese monto. ¿Se acuerdan cuánto acumulé en mi Afore cuando me enteré de mi saldo en Afore Banorte? Pues esa cantidad fue producto de aproximadamente veinte años de cuotas —vía los descuentos que el patrón hizo a mi cuenta a partir de 1997.
Los nuevos vejetes y pensionados —sin la bendición de la Ley del 73— con salarios bajísimos o en esquemas de empleo sin opción a Afore o sin que ésta reciba cantidades decentes de incremento, tendrán, al final, un monto ridículo, insuficiente.
¿Qué hará el Estado con tanto abuelo o abuela en la miseria? ¿En serio alguien cree que cuando se viven décadas en trabajos precarios (pero formales, como ser burócrata de a peso) hay excedentes como para ahorrar alrededor de dos millones de pesos en nuestras cuentas de Afore? Se requiere invertir (no ahorrar; diferencia importante) más de siete mil pesos al mes. Los salarios godínez, los bien pagados, actualmente, andan por los diez o doce mil pesos.
La mayoría de los próximos viejos (nacidos en la década de los ochenta del siglo pasado) dependerán de sus familias y de la pensión del Bienestar. Cierto: eso ya ocurre ahora mismo, pero las cosas se pondrán peores.

¿Todo tiempo pasado fue anterior o sólo fue mejor?
Me refiero a esto: mi generación, esos modelitos nacidos en la década de los cincuenta del siglo pasado —muy rendidores y confiables— tuvo, entre sus miembros, a personas que se disciplinaron, se pusieron a chambear en trabajos generalmente mal pagados, sin expectativas de mejoras sustantivas en sus ingresos —ese fue mi caso.
Ese conglomerado, en general, estaba lejos de ser bendecido con un nombramiento de jefe de departamento, por ejemplo. En otras palabras, la cultura del empleado en esos tiempos era meterse a chambear en algo, que ese trabajo fuese formal y aguantar treinta años haciendo lo mismo… sí, ya sé, si uno le “echaba ganas” las cosas se ponían mejores, pero estamos hablando de la generalidad. En mi aciago paso por la burocracia, vi a muchos excelentes empleados que nunca dejaron de ser empleados de a peso —pero sindicalizados, obvio; eso rinde beneficios tangibles.
Para muchos compañeritos de generación, ser empleado del gobierno era para mediocres, para perdedores y fuimos escarnecidos duramente, pero en nuestra mediocre mente anidaba algo muy preciado desde temprana edad y es una meta sólo entendible desde la carencia endémica y familiar de donde proveníamos: la seguridad de un trabajo (recuérdese lo milagroso que era tener un empleo en la década de los ochenta del siglo pasado) y una pensión para nuestra remota vejez.
Éramos objeto de la burla de los seres superiores que no estaban dispuestos a desempeñar esos trabajos sin chiste y aptos para huevones… abro un paréntesis para una nota pertinente y en seguida sigo con el tema central: la bien ganada fama de huevones de los burócratas tiene sus matices. A un huevón en ese ecosistema le pasa lo que Simone de Beauvoir sentencia respecto a eso de ser mujer: no se nace huevón, se llega a serlo, pero les adelanto dos de esos factores: por una parte, la condición de sindicalizado y, por la otra, el jefe que le ponen a esos infelices. En mi caso, tuve unos doce jefecillos, pero sólo una era profesional, conocedora del asunto del cual era la jefa del departamento. TODOS los demás eran unas vacas echadas: ignorantes, badulaques, unos pendejos en sí y para sí.
La excepción fue Ivonne Solano.
Pero haya sido como haya sido, somos el germen, el origen, la semilla de una nueva categoría socioeconómica y cultural conocida como la “cultura godínez”.
Otro sector de esa generación, pero ésta de tintes vanguardistas, era rebelde, antisistema y demás macanas —me refiero a los seres superiores a quienes aludí más arriba— estos héroes (trágicos pues) optaron por pasarla chido y burlarse de los empleados de a peso. Se la pasaban en el rocanrol, las manifestaciones políticas, en viajes pachecos muy recomendables, apoyando a la izquierda en varios formatos (desde el Partido Comunista Mexicano al PSUM, el FDN, la guerrilla, a la revolución cubana). Eso me ponía de lo más envidioso, se los juro. Si no hubiera sido tan cobarde, me hubiera sumado a esas huestes, pero la realidad es cruel: ya tenía en ese momento dos de mis tres hijos con una insobornable costumbre burguesa: comer.
En buena parte, esos seres superiores optaron por no trabajar asalariados o hacerlo de manera intermitente. Se la pasaron bomba… hasta que un día amanecieron y dijeron “órale, cabrón, ya tengo casi sesenta años, me ven con condescendencia, nadie se ríe mis chistes ni me hace caso y tengo treinta semanas cotizadas en el IMSS”.

Los menos obtusos optaron por el pragmatismo. Se dieron cuenta del error a una edad prudente (pero vieja) y se metieron a trabajar formalmente. Benditos sean porque otros se hicieron escritores o pintores… o algo artístico (pero de tiempo completo) y así les fue.
A algunos de esos neo vejetes con al menos 500 semanas cotizadas al IMSS, alguien les vino con el chisme de un formato de pensión a través de una cosa que se llama “modalidad 40”. Renunciaron a sus chambas (requisito indispensable para la “modalidad 40″) y se metieron de volada a ese esquema, pero siguen con “el Jesús en la boca” ante lo complicado que resulta entenderle a esa forma legítima para pensionarse de manera decente.
Para los rebeldes que no cuentan con 500 semanas cotizadas al IMSS, nada pinta bien, pero su contribución a los cambios políticos y sociales se les agradece en todo lo que vale. Gracias, chicos —lo digo en serio.
“Se solicita pista de aterrizaje, repito, denle pista de aterrizaje a este texto”:
Es el momento de volver al objetivo de este texto: ¿qué será de los nuevos vegetales que empezarán a ser excretados en unos quince años?
Ahí les va lo que pude investigar. Es la muestra de lo confusa que es la información:
- Para obtener una pensión bajo la Ley 97, se necesitarán 60 años de edad y 825 semanas cotizadas hasta el 2024. Este requisito incrementará en 25 semanas cada año hasta alcanzar las 1,000 semanas en 2031. A diferencia de laLey 73, en esta normativa el monto de la pensión puede incrementarse mediante aportaciones voluntarias. Hay tres opciones para ser pensionado:
RENTA VITALICIA
La renta vitalicia es una pensión de por vida adquirida a través de una aseguradora. El monto de la pensión se calcula en función del saldo acumulado en la cuenta Afore y se ajusta cada año conforme a la inflación. Al contratarla, se asegura el pago de una pensión fija durante toda la vida del beneficiario.
RETIRO PROGRAMADO
Es una pensión gestionada por la Afore cuyo monto se determina con base en el saldo acumulado en la cuenta, los rendimientos generados y la esperanza de vida estimada del trabajador. A diferencia de la renta vitalicia, que garantiza una pensión de por vida, el retiro programado se otorga hasta que los fondos de la Afore se agoten.
PENSIÓN GARANTIZADA
En este caso, el Estado brinda apoyo a las personas que cumplen la edad y las semanas cotizadas, pero cuyos recursos no son suficientes para adquirir una renta vitalicia o un retiro programado.
PREGUNTAS PERTINENTES:
¿La renta vitalicia se contrata antes o al momento de iniciar el trámite de la pensión? Eso cuesta y no creo sea poco el monto de la póliza.
Si la cantidad acumulada por esos sujetos en su Afore llega al medio millón (a montos actuales) ¿cuánto durarán esos recursos si el pensionado vive quince años más después del retiro? ¿Y después?
Cierto: con los 3 mil doscientos de la pensión del Bienestar, algo se puede hacer… se puede cooperar con el pago de servicios en la “familia de acogida”.
Esto será un problema muy serio, pero como todavía falta mucho tiempo para ello ¿para qué preocuparse? Mejor cuidemos nuestra soberanía.
Por ahora, quienes andan cerca de los sesenta y un poco más, respiren tranquilos: están amparados por la bendita Ley del 73 y si tienen al menos 500 semanas cotizadas, tienen derecho a la “pensión mínima garantizada” de $10,636.54 al mes.
Mención aparte merecen los avezados neo vejetes que con osadía y sentido de la oportunidad, se han echado en brazos de la modalidad 40. Asesórense respecto a ese formato. Alléguense información y hagan algo. El tiempo pasa, se pondrán más viejos cada día (y se les notará). Quiéranse un poco.
Para los condenados a la Ley del 97… por ahora recomiendo que oren lo más que puedan porque su futuro está del nabo. Algo se tendrá que hacer con ellos y se hará. Eso por seguro. La pregunta es ¿cuándo lo harán?
Por favor, si alguien tiene más información, apiádense del prójimo y compártanla.

