Según internet, en el siglo XI, tras el escándalo de la Papisa Juana, la Iglesia integró a los «Palpati». Estos sacerdotes se encargaban de palpar los testículos del nuevo Papa para confirmar su virilidad. Siglos después, George Lucas conoció la historia y se interesó tanto que nombró así a su más grande villano: el emperador Palpatine.
La historia anterior es falsa. A pesar de contar con elementos que la podrían vestir de realidad, no hay evidencia de los Palpati, y Lucas jamás ha sugerido tal conexión. Con esa anécdota, Adrián Chávez presentó su segundo libro “¿Cómo mentir en internet?”, en la quinta Feria Internacional del Libro de Morelia.
Del internet al papel
El autor explicó que la obra se originó ante la popularidad que ha cobrado la información falsa que se propaga en internet. “Decidí escribir este libro porque me di cuenta de que mucho de lo que dejé fuera para el primero, con estos mitos lingüísticos. Entendí que hay tres grandes grupos de mentiras: las fake news, o sea, todo lo que tiene que ver con el periodismo; las teorías de la conspiración y las pseudociencias»
Aseguró que la decisión estilística de “¿Cómo mentir en internet?” se centró en una estructura que le diera la apariencia de manual para engañar a la gente. “Llevaba como la mitad del libro escrito y lo sentí regañón, aburrido incluso. Se nos ocurrió (con la editora) voltear la cáscara y escribir un manual para enseñar a mentir. Algunos estudios han encontrado que la gente se inmuniza contra la desinformación con más eficacia cuando se ponen en el lugar del desinformador”, afirmó.
Otro problema que el lingüista identificó es la instrumentación política a través de los medios de comunicación. Explicó que anteriormente la prensa contaba con recursos para hacer un trabajo de investigación profundo, lo que hoy es difícil debido a las condiciones del mercado.
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“Tengo un ejemplo muy claro: La Derecha Diario, que, incluso para la gente de derecha, es un embauque, un modelo de desinformación. Tiene el checklist completo. Te metes a La Derecha Diario y vas a encontrar titulares llenos de adjetivos valorativos. Llenos de mayúsculas, llenos de cosas que son el índice de este libro. Son el manual de la desinformación (…) funciona como medio para instrumentalizar las emociones, en este caso de las personas de derecha. (…) porque obviamente tú te encabronas y lo quieres compartir y pones un comentario super indignado. ‘Miren, esta gente está desinformando’ y lo que haces es alimentar el círculo de la desinformación, La Derecha Diario gana dinero y seguimos todos en la lógica del internet».
Chávez advirtió que seguir estas tendencias es como entrar a una “madriguera de conejo”, una metáfora sobre cómo tomar un camino aparentemente inocuo puede llevarnos a zonas profundas que dañan emocionalmente a los internautas.
«Las personas que caen en estos torbellinos de desinformación adoptan el camino contrario al pensamiento científico. Imagina que eres un niño de 14 años entras con el algoritmo en blanco, empiezas a ver videos de cómo hacer ejercicio. A la semana te empiezan a salir videos de un cierto pelón… y a las dos semanas te empieza a salir contenido de un señor que se llama Jordan Peterson y que dice cosas que parecen razonables, y entonces cuando menos te das cuenta, al mes tienes los pies bien metidos en la información falsa”, explicó.
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Ante los peligros modernos de la desinformación, y las consecuencias que implica la falta de pensamiento crítico, Adrián sugiere “hacer una pausa”. Con esta idea reivindica el pensamiento profundo y la duda ante narrativas que podrían parecer reales, pero en realidad son mentiras disfrazadas que esconden intenciones nefastas.
“El cerebro es flojo, por naturaleza va a tratar de ahorrar energía y esos atajos que toma son sesgos. Obviamente va a preferir la información que no le va a hacer gastar energía. Cuando estás scrolleando el internet y de pronto aparece un titular que dice algo contrario a lo que crees, ese cortocircuito en el cerebro que te hace como querer pasar hacia arriba, eso es la disonancia cognitiva. Es tu cerebro diciéndote: ‘Yo no quiero gastar energía en cambiar de opinión’ (…) Creo que la manera de vacunarnos contra eso es reconciliarnos con en esa pausa, decir ‘no lo sé todo’, decir ‘no me consta’ y volver al pensamiento crítico 1.0: esta afirmación requiere pruebas, si no tengo pruebas no me lo voy a creer”, concluyó.




