Entre la lista de estrenos mexicanos fuera de competencia del 24 FICM, se encuentra el filme jalisciense Jardines del Bosque. Alex y Diego Barragán, directores y guionistas de la película, son cofundadores de la productora independiente Cine Chacal y llegaron a la capital michoacana para presentarla al público local, después de que hace unos meses tomaran parte en el Raindance Film Festival de Londres.
La historia transcurre en el 2014, en pleno sexenio de Peña Nieto, donde ya los muertos y desaparecidos se contaban por miles, algo que no ha cambiado desde entonces. En la capital jalisciense, tres adolescentes, Lechuga, Santos y Daniela, deambulan por las calles, sueñan con resolver misterios, mientras hacen bromas pesadas que registran con una videocámara. Las cosas cambian cuando llega a la colonia una joven apenas mayor que ellos, Arlette, un alma libre que cautiva la imaginación de los dos chicos.
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Cuando semanas más tarde la nueva vecina desaparece misteriosamente y ante la escasa respuesta de las autoridades, los jóvenes deciden hacer una investigación por su cuenta. Para ello, solicitan la ayuda de Fer, quien es primo de uno de ellos. Las indagaciones los llevarán a un mundo de violencia que existe frente a sus propias narices, algo más terrorífico que cualquier serie de asesinos seriales de las que se muestran en la televisión estadounidense.
Los antecedentes de Jardines del Bosque
De alguna manera, la cinta es la continuación natural del largometraje debut de Diego Barragán, No vayas a clase mañana (2022), en donde un par de adolescentes entablan amistad poco antes de un tiroteo escolar. Solo que en Jardines del Bosque, la violencia se traslada desde las aulas hacia el fraccionamiento, el acoso escolar focalizado en dos adolescentes, ahora pasa a un entorno en donde miles de personas, principalmente mujeres, desaparecen sin dejar rastro alguno.
En algún sentido, se puede decir que al igual que Cuenta conmigo (Stand by me, 1986), refleja esa pérdida de la inocencia, vista desde la nostalgia, pero en vez de suceder en un entorno rural, las cosas ocurren en un fraccionamiento de clase media de la Perla Tapatía. Lo cierto es que la película funciona, no como una versión de la película de Rob Reiner, sino por méritos propios. Ciertamente hay algunos detalles que pudieron mejorarse, pero en general es un trabajo sobresaliente.
Jardines del Bosque no es solo un recuerdo nostálgico de la colonia de la infancia, es también un recorrido por gobiernos incompetentes y políticas de seguridad que no han logrado frenar ni un ápice a la delincuencia. Y es que, desde hace años, la gente sufre en las calles mientras ellos, allá en Palacio Nacional, tienen otros datos.



