Lo más reciente del guionista y director madrileño Rodrigo Sorogoyen formó parte de la sección de estrenos internacionales del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). El filme estaba precedido de una aclamada premier en el Festival de Cannes, aunque no se alzó con ningún premio.
El ser querido (2026) es el quinto largometraje que Sorogoyen dirige en solitario, en cada uno de ellos ha hecho mancuerna en la escritura con Isabel Peña. Aunque su filmografía transcurre desde la comedia romántica de sus inicios, hasta el policial y pasando por el thriller político, el cineasta se ha anotado sus mayores éxitos con el drama rural Las bestias (As bestas, 2022).
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En dicha historia, una pareja francesa se asienta en una pequeña población del norte español, lo que se ve como una intromisión por parte de los lugareños. Pero definitivamente su trabajo más logrado a la fecha es Madre (2019). Es el relato de una mujer que ha perdido a su hijo y cree, de manera obsesiva, haberlo encontrado en un adolescente que llega de vacaciones al pueblo costero en donde trabaja como mesera.
Justamente esta es la película que tiene un emparejamiento temático con la que nos ocupa. En la nueva producción, Sorogoyen explora la contraparte, es decir, la paternidad. Hablamos de una paternidad ausente, que esconde su culpa en el orgullo y la torpeza.
El papel de Javier Bardem en El ser querido
Esteban (Javier Bardem) es un exitoso director español que ha regresado a su tierra para rodar su nueva producción. Al mismo tiempo planea reunirse con una hija (Emilia), largamente olvidada, para ofrecerle una participación en la película. Las tensiones se desgranan desde el primer encuentro, una larga secuencia en un restaurante en donde padre e hija se encuentran por primera vez en casi veinte años. Un caparazón oculta sus emociones y posponen la resolución de sus conflictos.
Emilia debe cargar con el peso de ser la hija desconocida, una camarera, ex actriz poco exitosa, de un cineasta galardonado, prepotente y millonario. La gran pregunta es, si a lo largo del metraje Esteban cederá lo suficiente como para permitir la construcción de una verdadera relación con su hija, quien guarda justificadamente, una gran dosis de resentimiento.
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Gran parte del dinamismo del filme, que dura más de dos horas, proviene de la utilización de diferentes formatos para desarrollar la narrativa. Al contar una historia que sucede durante el rodaje de una película, permite alternar con naturalidad tomas fijas con cámara en movimiento, visualización a través de pantallas o transiciones de color a blanco y negro.
En El ser querido, el personaje de Javier Bardem desarrolla un carácter autoritario, una masculinidad anticuada en donde se reprimen las emociones, un tipo de comportamiento que es cada vez menos aceptado entre las nuevas generaciones.



