Sydney Sweeney es una de las actrices más populares en este momento. Su aparición en series juveniles de gran audiencia y su posterior incursión en la pantalla grande, han moldeado una imagen que resulta del agrado de ciertos sectores del público. Recordemos la polémica que desató su participación en una campaña publicitaria de jeans, que, gracias a algún comentario banal del presidente estadounidense, se convirtió en una especie de posicionamiento político.
En fin, Sweeney ha sabido afianzarse en el siempre inestable mundillo hollywoodense, a pesar de que sus elecciones no han sido del todo acertadas. Ahora en una racha de malas películas que parece alargarse, la actriz coprotagoniza La empleada (The housemaid, 2025). La cinta dirigida por Paul Feig está basada en un bestseller de reciente publicación, por lo que no extraña que su estreno en diciembre del año pasado hiciera mucho ruido en los medios.
La empleada es la primera de una serie creada por la estadounidense Freida McFadden (está editada en México por Suma de letras, un sello que se especializa en éxitos comerciales). Antes de continuar con el contenido de la novela, vale aclarar algunos detalles de su autora: es médica de profesión, el nombre con el que publica es un seudónimo y en sus fotografías publicitarias aparece siempre con gafas, peluca y mucho retoque. Según notas de prensa, se dice que prefiere guardar el anonimato para proteger su privacidad y la de sus pacientes, ¿será?
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¿De qué va La empleada? Millie es una joven problemática que decide probar suerte solicitando un puesto como sirvienta de una acaudalada familia de los suburbios neoyorquinos. La familia a la que va a servir está compuesta por una mujer neurótica, su atractivo esposo y una hija condescendiente. Desde el principio algo siniestro parece ocultarse dentro de la mansión, una escalada de demencia detrás de una fachada respetable, aunque justo es decir, la protagonista también se guarda algunos secretos.
Algo hay de seducción, poco de misterio y mucho de locura. No sería extraño definirla como una mezcla de 50 sombras de Grey con el desparpajo de la adaptación cinematográfica de la novela de Darcey Bell, Un pequeño favor (A simple favor, 2018), después de todo, dicha película está dirigida por el propio Paul Feig. Aquí conviene hacer un paréntesis para hacer una breve mención de la filmografía del director estadounidense: inició con una carrera destacada en televisión y después pasó al cine con una serie de comedias simplonas con protagonistas femeninas, Feig alcanzó su punto más alto con la ya mencionada Un pequeño favor, un entretenido thriller que coquetea con el absurdo.
Y justamente podría definirse como absurda a cada una de las truculentas vueltas de tuerca de la película. Habría que ser muy simple para tomarse en serio los planes descabellados de la esposa maltratada, el marido abnegado que todo lo soporta y la sirvienta adorable que esconde a una vengadora en potencia. Y a todo esto, ¿qué pinta un omnipresente jardinero italiano haciendo como que trabaja en pleno invierno? ¿Es acaso una fantasía de la autora? Tal vez.
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En un abrupto tercer acto del filme vemos como el plan más irracional que alguien pudiera imaginar tiene éxito. La sacrificada cenicienta se convierte en la vengadora por excelencia de aquellas esposas violentadas que pueden costearse a una empleada de tiempo completo (“con las familias adecuadas, por supuesto”). Curiosamente, las acciones de Millie liberan a las mujeres de un marido violento (al menos eso se sugiere en el epílogo), pero no cuestionan el rol tradicionalista de la mujer en la sociedad. Las viudas volverán a su papel de amas de casa. Muerto el perro no se acabó la rabia.
La empleada se regodea en sus más de dos horas de simpleza. Personajes estereotípicos y situaciones ridículas, conviven en este pastiche que no llega ni siquiera a la categoría de gusto culpable. Es verdad que no podía esperar gran cosa de una novela de la que no pude pasar más allá de la página 15, definitivamente no es para mí. Pero los fanáticos pueden estar tranquilos, aún quedan un par de novelas más que algún valiente querrá adaptar para cine.

