Por Anahí Vargas Carbajal
Eran dos genios del séptimo arte, conocidos por interpretar papeles memorables en el cine mexicano, pero como suele ocurrir en esos casos, no se llevaban para nada bien.
Algunos creerán que la gran rivalidad dentro de este retrato realizado para la Revista Life en 1965 era entre María Félix y Dolores del Río, las dos más grandes divas de la época de oro. Pero no, de hecho, ellas dos se llevaban bien y siempre tuvieron palabras honorables entre sí.
En realidad, la gran rispidez se encontraba entre María Félix y Cantinflas. ¿Pero de dónde surgió esta rivalidad? Para entenderlo hace falta un nombre más en la ecuación: Jorge Negrete. Todo se remonta a 1948, cuando el cantante se reeligió como el líder de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), algo así como el sindicato del gremio de actores en México. El problema es que el otro candidato para el puesto era precisamente Mario Moreno, quien no se quedó contento con el resultado y no perdía oportunidad para meterle el pie al Negrete cada que podía.
Así comenzó una fuerte competencia entre los dos actores. Incluso algunos dicen que esa fue la causa del declive en la salud del intérprete y actor, lo que culminaría en su muerte en 1953. Por un lado estaba El Mimo queriendo sabotear el buen trabajo de Jorge, y por el otro estaba El Charro menospreciando el bagaje cultural de Cantinflas.
Jorge Negrete se hizo de un gran prestigio entre sus colegas por lo logrado en el gremio bajo su mandato hasta que la actriz Leticia Palma lo acusó de haberla golpeado tras un alboroto que se armó en las oficinas de la ANDA al querer sacar su expediente.
Aunque existen versiones que desmienten lo declarado por la actriz, argumentando que Negrete ni siquiera alcanzó a verla ese día, quien aprovechó el incidente para convertirlo en un escándalo fue Cantinflas. También hay versiones que apelan a un montaje orquestado por Mario para desprestigiar a Negrete y aspirar sustituirlo.
El caso pasó a convertirse en un desastre entre declaraciones desmentidas y diferentes versiones que dan para hablar por horas, pero la resolución se resume en el fin de la carrera de Leticia Palma… y el inicio del fin para Jorge Negrete.

La boda mediática
Pero antes de partir, y hablando de rivalidades, El Charro se reencontraría con una de sus mayores enemigas dentro y fuera de un set de filmación. Se trataba de una actriz que fue la piedra en su zapato cuando filmaba El Peñón de las Ánimas, película en la que ella debutó. Se dice que la mujer descalabró a Negreta por burlarse de ella y su tartamudeo. Esa actriz, a la que ya le llamaban LA DOÑA, se convirtió en su nemesis: María Félix.
Algunos llaman a su romance un montaje publicitario -cosa que ninguno de los dos necesitaba-, otros lo catalogan como una revancha a Gloria Marín -el más grande amor de Negrete y quien no era muy fan de la Félix-. Todo el pueblo mexicano lo llamó LA BODA DEL SIGLO al ser el primer evento de este tipo en ser transmitido por radio -originalmente iba a ser televisado, pero lamentablemente las cámaras fallaron-. La misma Doña lo llamaría ‘‘un año a todo dar’’.
El 18 de octubre de 1952 las dos leyendas contrajeron matrimonio en la fastuosa Hacienda de Catipoato, propiedad de María Félix, porque del odio al amor sólo hay un viaje de distancia. Y ante los ojos de cientos de invitados, entre ellos los ojos celosos de Diego Rivera y su profundo amor por María, ambos se juraron estar juntos en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte… los separó.
La muerte del Charro
La salud de Jorge Negrete se deterioraba cada vez más, de ahí la famosa frase de La Doña: ‘‘Él sabía que estaba enfermo y se quiso pasar un año ¡a todo dar’’. Y así fue, ambos filmaron Reportaje y El Rapto, y hay que decirlo, los dos lucían extraordinariamente bien en pantalla. Quién sabe si hubo amor o no, pero química indudablemente sí había y entre los dos desarrollaron una lealtad de la que ya sólo quedan sus escenas juntos.
Tal fue la ley que La Doña le tuvo al Charro, que lo tomó de la mano hasta que la cirrosis hepática lo venció tan sólo un año después de su boda. En el deceso de Jorge Negrete, el escándalo no podía quedarse sin invitación. Primero porque el sacerdote no quería darle la extremaunción frente a ella porque no estaban casados por la Iglesia, por lo que La Doña lo retó a que la sacara con sus propias manos, lo cual obviamente no hizo. Después, porque María tuvo la magnánima osadía de presentarse en el funeral de su marido… vistiendo pantalones, lo cual hasta provocó que la acusaran de satánica y que pidieran su excomunión.
Por último, María sacó la casta frente a todos porque Cantinflas hizo acto de presencia en el funeral, pero la cosa no quedó en eso, sino que tuvo la verdadera osadía de treparse a la limusina de la familia.
La Doña era frontal y derecha, como toda mujer norteña. Dura y filosa, decía las cosas como las pensaba y tomaba acción. Cantinflas, por otra parte, según las biografías, era todo lo contrario. Le gustaba soltar comentarios en cortito y a voz bajita para meter discordia entre la gente y no asumirlo. Como lo hizo con el presidente Miguel Alemán precisamente contra El Charro Cantor para que no le revalidara su grado de militar según el mismísimo Gabriel Figueroa.
Indignada por la desfachatez del Mimo de México, La Doña, con muchos pantalones, literalmente, le exigió que se bajara debido a todos los problemas que tuvo con su marido y de lo cuales ella, por supuesto, estaba enterada. Según los registros, Cantinflas se hizo el sordo y sólo se pasó al asiento de adelante.
La foto imposible
Y desde ahí, evidentemente, la relación entre ambos no fue la mejor. Tuvieron que pasar más de 10 años para que se pudieran reencontrar con esta foto. Parecería que un reencuentro entre la Diva y el Mimo sería imposible, pero entonces, apareció Rafael Delgado, fotógrafo de la revista Life y a quien sus jefes le encomendaron una fotografía única, querían retratar a los tres artistas más grandes del cine mexicano del momento para su número especial de 1965.
Delgado estaba al tanto de la enemistad entre los intérpretes, pero no se dio por vencido. En primer lugar llamó a María Félix y contra todo pronóstico ella aceptó. La única condición era que la foto se tomara en su casa. Delgado entendió la complicación que traía la locación, y aún así continuó con el plan. Llamó a Cantinflas y le soltó la propuesta, pero no le dijo la condición la había colocado la Diva.
En un principio Cantinflas aceptó, pero luego le preguntó de una manera no tan amable por qué la foto tendría que ser en casa de la Félix. Delgado se disculpó rápidamente y propuso otra alternativa: la casa de Dolores del Río. Cantinflas aceptó, pero aún faltaba que Dolores del Río estuviera de acuerdo.
La intérprete y Mario Moreno mantenían una buena relación. No eran precisamente los mejores amigos, pero se admiraban mutuamente y reconocían el talento del otro.
María y Dolores
La prensa se encargó de contraponer a las actrices al ser las estrellas femeninas más importantes de su época. Dolores venía de Hollywood, María era una improvisada. Dolores era de Durango, María de Sonora. Una era actriz, la otra era diva, y así infinidad de comparaciones.
En la pantalla coincidieron solo una vez en La Cucaracha, de Ismael Rodríguez, según María, porque ella exigió expresamente que su contraparte fuera Dolores, pues la consideraba una actriz de primera. “Ella y yo éramos diferentes: ella refinada, interesante, suave en el trato. Dolores tenía un comportamiento de princesa. Yo era arrogante, enérgica y mandona. Quise mucho a Dolores y tengo un muy buen recuerdo de ella’’.
Dolores, por su parte, comentaba que a ella le hubiera gustado ser como La Doña: normal, sin la diplomacia que ella consideraba hipocresía. Que pudiera decir las cosas de frente y con todos los colores con los que La Doña lo hacía.
Lola del Río estaba muy consciente de los problemas entre los artistas y se sorprendió bastante al escuchar el plan que había armado el fotógrafo.
Este le confesó que ya habían aceptado, solo faltaba convencer a María de que el lugar no fuera su casa. Lola se portó diligente y convenció a María. El lugar dejó de ser un problema, luego tuvieron que acordar un día.
Delgado estuvo a punto de perder la cordura ante tanto desastre de horarios por los artistas, pero tras suplicarles que aceptaran, lograron un acuerdo: Sería una sesión de fotos un jueves a las dos de la tarde.
Rafael llegó al domicilio de Coyoacán desde la una. A las 2:15 Dolores del Río se hizo presente, pero ninguno de los dos intérpretes se habían hecho presentes. Fue hasta las 2:45 que María Félix llegó portando un deslumbrante vestido verde turquesa. Quince minutos después llegó Cantinflas. Saludó a Dolores afectuosamente, pero apenas si le dirigió la palabra a María Félix.
Tomaron las fotografías y por precaución trataron de dejar a María y a Mario por separado; contrario a las expectativas, las fotos lucieron muy bien y dejaron encantados a los editores de Life. Delgado había logrado lo imposible.
María Félix y Cantinflas nunca se reunieron.

