El cuerpo yacía inmóvil, sangre emanaba de su cabeza, unos pies llegaron corriendo, era la policía, demasiado tarde, el asesino había huido.
—¡Corte! —gritó el director y encendió un Marlboro Light.
El cuerpo cobró vida y se levantó con ayuda de un asistente. El set entró en bullicio. El director se acercó fumando con paso mafioso hacia los policías, o a los actores que hacían de policías. Eran tres y una era ella.
—Xime, tú muy bien, nomás para la otra, échale más drama —le instruyó el director con un guiño coqueto.
Ella asintió obediente, cerró los ojos para concentrarse y entrar en personaje, entrar en ¿mí? Ximena Alfonsi interpretaba a la agente Ernestina Salazar, una joven y sexy súper detective, una versión mejorada de Eréndira Sandoval, un recordatorio de mi fracaso. El misterio de la modelo desaparecida se había convertido en mito popular y, ahora en Santa Catarina, estaban grabando una serie de true crime que se estrenaría a los pocos meses en una famosa plataforma de streaming.
En un gesto cortés de la producción, nos habían invitado para que asistiéramos a un día de rodaje, y emocionados, los policías reales se tomaban selfies con los policías actores, la pasaban en grande comiendo del catering y pidiendo autógrafos. Todos menos yo. Trataba de no pensar en el caso que había partido mi existencia en Antes y Después, y ahora se convertiría en una serie. ¿En qué momento mi vida se volvió ficción?
—Qué pasó con Lena Miles. Escena 27. Toma dos —anunció la claqueta.
—¡Acción! —gritó el director.
Y Ximena Alfonsi, hermosa y sensual en su uniforme policiaco, corrió de nuevo hacia el cuerpo ensangrentado tendido en el piso, pero esta vez mirando intensa hacia la cámara.
Domingo, 24 de abril, 2022
Un nuevo día en el escándalo de Johnny Depp y Amber Heard. Me senté frente a la computadora con un café y un toque, sintonicé YouTube desde donde veía las noticias del juicio, y me dispuse a disfrutar de mi telenovela favorita. Llevaba encerrada en mi casa desde que había sido destituida de mi cargo, tenía el brazo izquierdo enyesado, pero fuera de eso no estaba tan mal, por fin podía quedarme todo el día en pijama, adicta al internet. Así había vivido la pandemia una parte de la humanidad, pero yo iba siempre a destiempo.
Javi me visitaba al salir del trabajo, llegaba con unas chelas y pasábamos un par de horas comentando el caso, desmenuzando la infancia de Johnny, los gestos de Amber, y las objeciones de la estrella del show: la abogada, Camille. Por primera vez le llevaba la delantera a Javi y sabía todo sobre los famosos, pasaba el día entre videos de análisis corporal, tiktok ridículos, o seguía a youtubers expertos del chisme. Llegué al punto en que conocía más de la vida de Amber y Johnny, que de la mía.
Amber era una Barbie: rubia, delgada, de ojos claros y sonrisa perfecta. Poseía la belleza hegemónica inalcanzable que habíamos aprendido a anhelar desde niñas, y que nos tenía acomplejadas a todas las morenas chaparritas cuerpo de uva. ¿Por qué me había dejado arrastrar por la tirria colectiva hacia Amber, cuando a mí ni me gustaba Johnny? Me acurruqué en el sillón y me quedé dormida, soñé que estaba en el banquillo de los acusados, la abogada me reclamaba mi falta de empatía por Amber, y yo me defendía cobardemente diciendo que no sólo era yo: que todos amamos odiar a las bonitas.
Me despertó el timbre que sonaba insistentemente. Me levanté de malas a la mitad del sueño, y tropezando con los muebles me dirigí hacia la puerta.
—¿Estabas dormida? —era Javi, que llegaba antes y de malas—, te he estado hable y hable.
—¿Y las chelas? —pregunté al ver sus manos vacías.
—Se te acabó la vacación —Javi alargó el suspenso.
—¿Tan rápido? Pensé que César no quería volver a verme.
—Pues sí, pero eres la única especialista en crímenes a la mujer y… mataron a Ximena Alfonsi.
Camino a la escena del crimen pensaba en ¿Qué pasó con Lena Miles?, la serie que supuestamente se basaba en mi vida, o en una parte de ella, una parte importante. ¿Cuánto valía mi historia?, ¿cuánto valía yo? El tema me obsesionaba desde que Avelina Spektor, la productora de la serie, me había hablado para ofrecerme cuatro mil dólares a cambio de utilizar mi historia. Al tipo de cambio y más, menos impuestos, la venta me hubiera podido dar para unos seis meses de renta de mi antiguo domicilio en Playa Caracol, mi casa frente al mar, ese paraíso tropical del que había tenido que emigrar porque, justo, ya no me alcanzaba para la renta.
Tras la pandemia, las playas cercanas a Santa Catarina, antes sólo destino vacacional para campistas, habían sido invadidas por gringos viejos que, cual zombis gentrificadores, habían llegado a comprar terrenos y arrebatarnos la costa, por eso ahora me encontraba habitando ese departamento estrecho, caluroso, lejos de la brisa. Extrañaba mi casa de mar con la nostalgia del marinero confinado a tierra firme. Pero, ¿sólo valía unos cuantos meses de renta? A cambio cedía mi nombre, mi historia, mi imagen, para que pudiera ser utilizada en una o varias obras audiovisuales, en formatos existentes y por existir, para todo el mundo, a perpetuidad… válido para el multiverso y la reencarnación. Decliné la amable oferta y perdí mi casa de mar, pero conservé mi nombre, para lo que fuera que sirviera. La dignidad sale cara.
Tania Tinajero

(Morelia, Michoacán). Formada como guionista en el Centro de Capacitación Cinematográfica, becaria del FONCA y con un máster en España, ha escrito en una veintena de proyectos entre series y telenovelas. En el 2022 ganó el Premio Nacional de Novela Negra «Una vuelta de tuerca» con su primera novela Un acto de amor, editada por Nitro/Press en 2023 y reimpresa en 2024, que inicia la saga de la detective Eréndira Sandoval. Leer el cuerpo, su segunda novela, es su esperada continuación.
Leer el cuerpo, Tania Tinajero. Novela. Nitro/Press, 2025. México.
Para mayor información, páginas muestra y formas de adquirirla: https://nitro-press.com/9786078805662

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