La Orquesta Sinfónica de Michoacán (Osidem) recurre a músicos refuerzo para ofrecer conciertos en vivo, pero a cambio les ofrece contratos precarios sin prestaciones de ningún tipo. Fue a inicios de julio de este año que al término de una presentación en el teatro Ocampo, un grupo de músicos se manifestó frente al público asistente para exigir que se les pagaran sus respectivos honorarios que ya presentaban un rezago de seis meses.
La protesta fue recogida por algunos medios de comunicación, pero tras varios meses la situación sigue siendo la misma.
En entrevista, el violinista Rodrigo Campos detalla la forma en la que opera la Osidem, concebida como un organismo público desconcentrado que depende de la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum). Una parte de los músicos de la orquesta cuenta con base laboral, pero no son suficientes para que se monte un concierto. Ahí es donde “entran al quite” colegas bajo el esquema de prestadores de servicios profesionales, solo que bajo circunstancias que no dignifican su labor.
Músicos ponen su propio instrumento
Un ejemplo de ello es que cada uno de los músicos contratados bajo ese esquema debe poner su propio instrumento, pues la Osidem no cuenta con un stock suficiente. “Si se rompe una cuerda, uno mismo la paga, si te roban el instrumento mientras viajas o regresas del concierto, es tu problema”, refiere Campos. El juego de cuerdas de un violín llega a costar hasta 3 mil pesos, mientras que el de un contrabajo oscila entre los 8 mil y 12 mil pesos. El violín del entrevistado tiene un valor de mercado de 50 mil pesos, cantidad que en los hechos se le ahorra al contratante.
Los conocidos como “músicos refuerzo” han sido los que mantienen con vida a la orquesta, pues los trabajadores que cuentan con base no son suficientes para brindar un espectáculo en vivo. Parte del problema es que hay quienes se jubilan, heredan la plaza y esa persona no se integra a la orquesta, lo que aumenta el déficit de elementos.
En junio de 2023, la Secum nombró como director de la Osidem al prestigiado músico Enrique Arturo Diemecke. Desde entonces, el arreglista y compositor solicitó a la dependencia mayor disponibilidad de elementos en escena, sobre todo para completar la sección de violines.
Para cumplir con la petición, la Secum no ha optado por contratos laborales, sino civiles. “Eso significa que en los contratos la Secretaría de Cultura no se reconoce como patrón, por lo que los músicos no son trabajadores, sino prestadores de servicios”. En uno de los contratos de los que este medio tiene copia, la Secum establece que los servicios del músico “se prestarán con autonomía técnica y profesional, sin que exista subordinación laboral alguna, limitánsose la relación jurídica exclusivamente a la prestación de servicios artísticos en los términos aquí pactados”.
“No nos queda de otra”
La renuncia a una relación laboral y la aceptación por una relación administrativa es desventajosa, pero el músico la acepta “porque no quedan muchas opciones”, dice Rodrigo Campos. Otras de las cláusulas de los contratos establece que los conciertos se darán en el teatro Ocampo de Morelia, “así como en cualquier otro recinto designado por el prestatario”. Las eventuales salidas no contemplan pago de viáticos, no hay seguro de viaje, todo lo debe absorber o asumir el prestador del servicio. “Ya nos ha pasado que quedamos varados en la carretera por más de 10 horas, desamparados porque el contrato no cubre esas circunctancias”.

Ser integrante de una agrupación como la Osidem no es nada sencillo. Cualquiera que aspire a integrarse debe contar con una amplia experiencia, capacidad técnica y desde luego estudios profesionales que abarcan entre ocho y diez años tan solo para una licenciatura. Con todo y eso, el pago por ser un músico refuerzo está lejos de ser una retribución de buen nivel. En el contrato referido, se especifica que por un periodo de tres meses se pagarán 35 mil 934 pesos netos, lo que equivale a 11 mil 978 pesos al mes. A esa percepción hay que descontar al menos el pago de servicios contables para los requerimientos del SAT.
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El compromiso implica acudir a 42 ensayos y 11 conciertos, es decir, tiempo completo y la presión de tocar en vivo. Ahora bien, para llegar preparado al ensayo, el ejecutante debe practicar en casa entre cuatro y siete horas, pues se trata de obras complejas. “A final de cuentas hacemos exactamente el mismo trabajo que los músicos con base, pero con un contrato totalmente desventajoso”.
Para colmo, el pago se ha retrasado constantemente. En la manifestación de julio en el teatro Ocampo, 16 músicos denunciaron que sus honorarios presentaban un rezago de 67 días, lo que la dependencia justificó por un problema administrativo.
Sueldos dispares
Mientras los músicos refuerzo cobran (con retrasos constantes) menos de 12 mil pesos sin prestaciones de ningún tipo, el sueldo en las altas jerarquías es mucho mejor. De acuerdo con el portal de Transparencia, Enrique Arturo Diemecke recibe un salario mensual bruto de 49 mil pesos, mientras que el gerente de la Osidem, Mario Saúl Patiño Rentería, percibe 29 mil 952 pesos brutos al mes. Llama la atención que antes de tener este cargo, el gerente trabajaba como profesor en el Colegio de Bachilleres con un sueldo de 6 mil 852 pesos, sin que se le conozca experiencia para asumir las funciones administrativas de un grupo orquestal.
La comparación con los sueldos que se pagan en otras orquestas del país también deja en la precariedad a los músicos michoacanos. Por ejemplo, un violinista de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México percibe poco más de 41 mil 300 pesos al mes, contra los 12 mil que ofrece la Osidem. En la Orquesta Sinfónica de Xalapa los tabuladores están entre los 46 mil 895 a los 62 mil 526 pesos. En ambos casos, los contratos ofrecen prestaciones de ley.
Cuando los músicos externaron su inconformidad al interior de la Secum, se les canalizó con el enlace jurídico Mario Ceja, quien verbalmente les dijo que si ellos querían “nos vamos a los tribunales”.
La Osidem, incompleta
El hecho de que la Osidem recurra a los músicos refuerzos tampoco le alcanza para lucir completa en el escenario. A menudo se aprecia que faltan elementos para que el público en verdad goce de la experiencia de escuchar a una orquesta. “No se trata solo de ver a muchos elementos en el escenario, es un tema de balance, de decibeles, de tímbrica, de las características del sonido. Por más talentosos que puedan ser dos violinistas, no es lo mismo a si tocan diez. Esa es justo la diferencia entre una obra de orquesta a una de cámara”, explica el entrevistado.
En la segunda temporada ofrecida por la Osidem, se apreció una sección de alientos con lo mínimo para un concierto, pero en las secciones de violines, violas y contrabajos el déficit fue notable. “Hay un tremendo desbalance en el sonido creado para unos y otros instrumentos con estos déficits de músicos”.

Cobro en taquilla, a discreción
El violinista entrevistado recuerda que en una reunión con la secretaria de Cultura, Tamara Sosa, los músicos sin base propusieron el cobro de los conciertos para crear un fondo y evitar retrasos en los pagos o ayudar a emergencias de alguno de ellos. A partir de eso se implementó el cobro de 50 pesos por persona, pero el destino de esa taquilla es algo que nunca se les ha informado. El cupo del Ocampo es de 400 personas, lo que equivale a 20 mil pesos por función si se alcanza el lleno. “El uso de la taquilla ha quedado a criterio de la gerencia, de ese fondo a veces nos han ayudado para reparación de instrumentos, pero es algo discrecional”.
Convocatoria amañada
Una de las últimas irregularidades alrededor de la orquesta ocurrió en agosto de este mismo año. En dicho mes, la Secum convocó a un concurso para otorgar una plaza definitiva para ser parte de la Osidem. Uno de los jurados fue Julián Martínez Vázquez y el veredicto grupal fue declarar el resultado como desierto.
Al emitirse una segunda ronda, el propio Martínez Vázquez renunció a su calidad de jurado y de manera sorpresiva participó ahora como concursante, siendo el ganador absoluto. Este evidente conflicto de intereses fue denunciado por Rodrigo Campos mediante una carta dirigida al gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, en cuyo despacho le sellaron de recibido el pasado 9 de octubre, aunque nadie le ha respondido.
Finalmente, Campos lamenta que la Secum y Osidem hayan preferido ya no contratar a los músicos que decidieron alzar la voz. “No veo que se vayan a dar cambios para mejorar la situación descrita, lo único que deseo es que los músicos, y los artistas en general, podamos organizarnos para erradicar tanta precarización en el gremio”.


