Hace unos días terminé de leer un libro. Me gustó tanto que le escribi uno de mis acostumbrados whatsapp de larga duración a mi amigo Sylvain (Syl) quien, como yo, es fan de Emmanuel Carrère.
Al día siguiente releí el mensaje enviado y la respuesta de Syl. Ambos textos me gustaron rete harto, pero como mi whatsapp ya era “propiedad” de mi amigo, le pedí autorización para publicarlo con algunas ideas que no escribí en ese mensaje personal. Lo que leerán a continuación es ese whatsapp con algunas modificaciones que no alteran para nada al original.
No puedo dejar de decirles/advertirles que ese whatsapp fue un mensaje “entre pares lectores”. ¿Qué quiero decir con eso? Pues que no soy objetivo en mi juicio novelesco porque a ambos nos encanta leer a ese escritor y ya saben cómo se ponen los fanáticos del mismo equipo de futbol, los adoradores de ciertos tlacoyos o el mejor disco de los Beatles… es decir, no me hagan mucho caso.
La comunicación fue entre fanáticos. Cierto: recomiendo la lectura de ese libro, pero sé que ese autor no es de los que unifican criterios entre los lectores. Le pasa un poco como a Michel Houellebecq –ave de tempestades– pero basta de choros. Les dejo el largo whatsapp que le mandé a Syl con algunas breves correcciones, adiciones y todas las adicciones, porque lo mío, con el autor recomendado, es eso: una adicción.
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AQUÍ EL WHATSAPP:
Te cuento, Syl, algo sobre el libro más reciente de Carrère (Koljós, se llama) porque me ha pasado algo raro… bueno, ni tanto: tengo la sensación de que leí un gran libro sobre su familia y su apenas disimulado rechazo hacia quien lo parió en 1957. Un rechazo inversamente proporcional a su admiración por ella.
Los libros de sagas familiares me encantan. En eso los gringos son unos maestros. Pienso, de bote pronto, en Pastoral americana de Philip Roth o en Las correcciones de Jonathan Franzen… aunque de este Franzen tengo otra saga familiar en alta estima: Libertad ¿la has leído?
La literatura en inglés es buenísima en el género de las biografías. Por desgracia, no tiene adeptos en español –o no como en inglés, aunque por ahí andan diciendo que los franceses son igual de buenos en ese rubro.
¿Te imaginas una o dos biografías noveladas de los inefables Ramírez vallisoletanos? ¿Te imaginas la cantidad de información, luces y sombras sobre casi un siglo de historia política, económica y social a través de dos o tres familias morelianas? Aclaro algo: sólo en ese formato –biografías noveladas– resultarían interesantes esas historias. Una entidad gris, mediocre y asfixiada como Michoacán se merece esa novela.
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¿Hay alguien a la altura de esa empresa? Creo sí. Quizás ya nació y sólo es deseable que esté creciendo en una casa en donde las ventanas se abran con frecuencia para que entre aire fresco y no el viciado que nos ha tocado a tantas generaciones de morelianos embelesados con nosotros mismos.
De hecho hay un libro que coordinó un sofista a sueldo brillante y talentoso (Jorge Zepeda Patterson) titulado Los amos de México. No es fácil de conseguir, pero a través de vericuetos y algoritmos empáticos, se puede obtener a través de Amazon porque, curiosamente, sólo estuvo a la venta en Morelia unos cuantos días del 2011 y luego desapareció. Alguien compró todos los libros.
Ahí, en Los amos de México, viene una interesantísima aproximación a la familia con más merecimientos literarios de esta ciudad. Me refiero al reportaje de José Pérez-Espino sobre el asesinato del patriarca de ese famoso y bonito clan. Esta buenísimo. Un crimen que para la historia oficial quedó registrado como suicidio, pero ya sabes: los mexicanos tenemos formas atípicas para desvivirnos… pero ya me estoy desviando. Vuelvo a Carrère.
Un libro presuntuoso el del buen Emmanuel.
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Buena parte de sus páginas se la pasa hablando, como suele hacerlo desde que optó por hacer autoficciones a principios del siglo XXI, de sí mismo. Es reiterativo, obsesivo y con una seguridad en su oficio que asombra. Sólo así se puede dar el lujo de suponer que un lector común se acordará de lo que dijo sobre equis personaje doscientas páginas atrás. Lo hace frecuentemente y, cosa para la trivia: no usa el punto y aparte. Cada apartado de cada capítulo, va sin punto y aparte. ¿Querías indigestarte y eructar con aromáticas notas de pozole? Pues este libro lo permite.

Me pregunté varias veces por qué carajos estaba leyendo tanta divagación y si eran necesarias tantas páginas. A veces, te digo, me cansaba… pero no dejaba de leerlo. Se fue convirtiendo en un libro de esos que uno no quiere terminar. Yo quería quedarme a vivir ahí más tiempo.
Me gustó saber detalles de la trágica vida de su abuelo, Georges Zurabishvili, de quien se ocupó en Una novela rusa y cuya publicación causó hartísimo coraje a su mamá. Hasta le dejó de hablar unos años. Me resultó apasionante (no exagero) la historia de tantos nobles rusos venidos a menos después del triunfo de la revolución bolchevique quienes, en el exilio, conservaron (algunos) la pátina aristocrática propia de su clase y otros se hundieron en la miseria o en trabajos de poca monta –para los estándares a que estaban acostumbrados. Me refiero a los Zurabishvili, los Von Pelken, los D´Encausse; las raíces de la mamá del autor. Conocer su historia es desplegar un fresco de varias épocas históricas bellamente pergeñadas.
Por esos arranques de sinceridad por vía de la autoficción, su entonces esposa (Hélène Devynck) se separó de él y en las cláusulas del divorcio consiguió ser la fiscal de los libros de su exmarido (ver el link al respecto): si Emmanuel quiere publicar un libro que involucre a su exmujer (como ocurrió en Una novela rusa y en Yoga), ella tiene derecho de veto sobre las partes que la refieran.
En suma, Syl, Koljos es una digresión de más de cuatrocientas páginas que se lee con placer y a veces enfado por tanto pinche detalle… pero es Carrère y le perdono casi todo. Es un verdadero cabrón. No deja rincón sin escudriñar y me detengo en un pasaje casi a la mitad del libro: la historia de desamor entre sus padres. Una historia tristísima que empieza allá por la página 222. Se necesitan huevos, tanates, gónadas para narrar esa historia de familia. Ahora entiendo los motivos del encono de la madre y la exesposa con el autor
Te sigo recomendando la lectura de este libro de tu paisano. Mientras consigues tu ejemplar de Koljós, te mando un abrazo, querido Syl.