Gerardo viaja y vive en tándem con Tsitsiky, su mujer, esposa, compañera o como sea que se nombren entre ellos. Viven juntos, comparten planes y vida y eso hace que Gerardo sea el hombre, compañero, esposo o como sea que lo llame Tsitsiky.
A Gerardo lo conocí a los pocos meses de haber llegado (él) desde el DF, para asumir la jefatura del Departamento de Literatura de la Secretaría de Cultura en Michoacán y muy pronto se ganó el afecto de la banda local de escribidores. Cosa nada fácil. A Tsitsiky un año después y (creo) nos caímos muy bien.
Cuando Gerardo renunció a la chamba burocrática, buena parte del gremio de escribidores de la comarca lo sintió como una pérdida, pero él y Tsitsiky traían y algo más entre sueños: Un oficio suicida: vender libros y algo (aparentemente) peor: libros infantiles en su librería llamada Rampante, en la calle Juan José Tablada 516, local 6. Allá por el rumbo de los filtros, camino a Santa María, en una placita comercial muy mona.
Luego —ya fuera de la burocracia— nos enteramos del gusto compartido por los buenos caldos escoceses, sobre todo esos de gama media alta pero de no más de 12 años… y no por falta de ganas, sino de dinero. Me refiero a los muy competitivos Glenlivet, Glenmorangie, Glenfiddicht y otros menos caros pero igual de buenos. En esas incursiones whiskeras coincidimos en mi casa con Víctor Rodríguez, Netza Ávalos y, en alguna otra ocasión, con Fernando Ortiz y alguien más que, en este momento no recuerdo. Sorry.
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Un poco antes de que la mala suerte me hiciera derrapar en mi moto, me fracturara dos costillas y raspara feamente buena parte izquierda de una de mis piernas, me apersoné en su librería cuando la tarde ya pardeaba y un Macallan se antojaba. Ahí salió el tema de Cósimo Piovasco di Rondó.
Sobre todo la escena donde ese baroncito decidió treparse al árbol frente a una ventana de su castillito para jamás volver a tocar la tierra firme (eso provoca odiar la sopa por sobre todas las cosas). Quien haya leído El barón rampante de Ítalo Calvino recordará la frase (para mí) más bella de la novela. Me refiero a ese momento en que tiene que luchar de verdad. Cuando se da cabal cuenta de que la suya es una decisión definitiva con principios rectores irrenunciables, sin vuelta atrás, un cruce del Rubycon, un “hudimiento de las naves”, pero aún ignorando los costos de semejante decisión de independencia.
Ahí tenemos a Cósimo cuando lucha por primera vez por su vida enfrentado a un feroz gato montés aullando “…de dolor y de victoria y no entendía nada y seguía agarrado a la rama, a la espada, al cadáver del gato, en el momento desesperado de quien ha vencido por primera vez y ahora sabe el padecimiento que es vencer y sabe que está comprometido a continuar por el camino elegido y no se le permitirá la salida del que fracasa”.

—De ahí viene el nombre de la librería… excelente analogía la que encontraron para su oficio de alto riesgo que eligieron, Tsitsiky —les comento, y ambos asienten dándole el primer sorbo al Macallan 12.
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—Me parece que iniciar cualquier empresa implica un riesgo que decidimos asumir con Tsitsiki, porque ambos creemos en el libro y la lectura como vehículo para el pensamiento crítico y la empatía. No creo que sea un acto kamikaze, la literatura y los libros han podido superar modas y formatos —como el libro electrónico. La cuestión es ajustar bien las expectativas y analizar las oportunidades que ofrece el mercado.
—¿Alguna objeción con los libros electrónicos? -pregunto sin malicia.
—Los libros infantiles y juveniles no “caben” en una pantalla digital. El diseño editorial forma parte de la experiencia lectora, porque los formatos, texturas, materiales, ilustraciones y temas apelan a que se lea con todos los sentidos. También tenemos juegos de mesa, ilustraciones, papelería, cómics y revistas que giran en torno a la literatura y el pensamiento creativo; ofrecemos talleres, lecturas, proyecciones de cine, funciones de títeres. La idea es acompañar a los lectores en su incursión hacia las artes y la ciencia de una manera creativa y siempre con la literatura como hilo conductor.
—Sean sinceros, muchachos ¿este oficio da suficientes recompensas e ingresos como para decir que no sólo lo hacen “por amor al arte”?
—Tenemos claro que realizamos este trabajo con mucho amor a los libros y la lectura, pero también es una forma de subsistencia. Nadie debería realizar un trabajo por “amor al arte”, eso sólo suma a la pauperización laboral del ámbito cultural. El libro es un producto cultural, intelectual y también material. Involura muchos talentos (autoras, ilustradores, diseñadoras, editores), muchos procesos (impresión, transporte, distribución, promoción) y cada uno de los involucrados merece un pago para continuar realizando su labor dentro de la cadena editorial.
Las pequeñas librerías independientes merecen funcionar como un negocio rentable que nos dé a los libreros la posibilidad de ofrecer una curaduría especializada, recomendaciones personalizadas y el mantenimiento de un espacio cultural que funcione como un “tercer espacio” fuera de la vida escolarizada y el entorno familiar. Y sí, ¡este empleo da muchas recompensas y satisfacciones!
—No es que me ponga suspicaz, pero cómo le hicieron para poner esta librería en este código postal… la renta debe ser cara ¿no?
—La ubicación fue resultado de un cúmulo de decisiones y también del azar. Queríamos atender a la población del sur de la ciudad porque vivimos en el pueblo de Santa María de Guido y sabemos bien que casi toda la oferta cultural de la ciudad se queda en el Centro, (la cual por cierto, no está enfocada en niños y jóvenes.) Al abrir la librería en esta zona promovemos la bibliodiversidad y nos comunicamos con colonias como Altozano o Vista Bella, con Las Torrecillas, El Durazno o Jesús del Monte y consideramos a todos los lectores que las habitan: en cuestión de precios, tenemos libros desde cincuenta pesos, actividades sin costo y una pequeña biblioteca general de uso gratuito que deseamos hacer crecer, por lo que cualquier persona, de cualquier edad, puede disfrutar del espacio sin tener que pagar algo necesariamente.
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—¿Cómo se va dando el proceso de formación de un lector desde la infancia?
—Tenemos un año y media que abrimos la librería y ya comenzamos a observar esa formación, no sólo en los niños, sino en los adultos que los acompañan. Ver cómo descubren un título, un estilo de ilustración o una palabra fantástica es muy emocionante. Y cuando regresan durante los siguientes meses y hacen nuevos descubrimientos, ves cómo van creciendo juntos. A veces, un niño que apenas comienza a escribir su nombre en septiembre te dice en mayo que la mantis religiosa tiene una super visión de 180 grados y que puede regenerar las patas que pierde en una pelea… y eso lo leyó en el libro que eligió por sí mismo.
—¿Cuánto es un asunto de seducción y cuánto de mero entusiasmo en el nicho de los lectores infantiles?
—El entusiasmo es una condición casi sine qua non de la infancia. Las niñas y niños están siempre dispuestos al asombro, al descubrimiento, a no dar por sentado que las cosas existen y que son de un modo o de otro. Para ellos un libro es casi siempre una posibilidad de maravillarse y casi siempre la toman. La seducción tiene qué ver más con desear y querer contener ese deseo. Eso sólo le pasa a los adultos, que encuentran un libro fantástico, quedan encantados con sus ilustraciones y palabras, pero se sienten un poco avergonzados de elegirlo para ellos mismos por ser aparentemente un libro “sólo para niños». Nos gusta pensar que podemos ser un espacio donde el entusiasmo y la palabra sean para todos, sin vergüenza.
—Qué chingona forma de describirlo la tuya. Vamos a seguir apurando el caldo este y díganme qué otras motivaciones los mueven a llevar a cabo esta tarea… salud.
—Pues la alegría y curiosidad de los niños. A través de la lectura construyen su identidad, comprenden el mundo, imaginan posibilidades y encuentran palabras para nombrar lo que sienten. Las historias, las conversaciones y los libros les ayudan a entenderse a sí mismos y a los demás. Cada vez que alguien lee o escucha una historia entra en contacto con otras voces: la voz de quien escribe, las de los personajes, las de quienes escuchan a su alrededor e incluso la de sus propios recuerdos y emociones. Leer es, en muchos sentidos, conversar con otros y con uno mismo. Es nuestra apuesta: que los niños y jóvenes amplíen su mundo, tal como Cósimo Piovasco di Rondó lo hizo al subir a la copa de la encina.
—Lo que hacen ustedes y todas las personas que se lanzan a misiones loables y —repito— de alto riesgo, son de verdad admirables, Gerardo y Tsitsiky. Se merecen toda la ventura presente y por venir con sus empeños.
BREVES DATOS SOBRE ESTE PAR RAMPANTE:
Gerardo Paredes: Estudió Letras y ahora sólo revisa cuentas de Excel. Sabe declarar impuestos y escribir poemas. Ama la lluvia, los perros y los libros. También sabe dónde encontrar tacos a las dos de la mañana en Nunca Jamás (sólo falta que nos diga dónde ese esa taquería. RM).
Tsitsiky Olivares. La soñadora despeinada que deseaba abri una librería para vivir leyendo cuentos. Su palabra favorita es cucurucho. Le gusta acampar y leer tarot. Sigue sin peinarse.


