En los años 80 el futbol soccer aún mostraba rasgos de llano en su propia cuna. La Primera División de Inglaterra se jugaba sobre pasto fangoso, estadios pequeños y equipos armados con bajos presupuestos. Algunos jugadores eran fichados sin necesidad de haber pasado por categorías de menores y no tenían un ambicioso representante.
En ese entorno surgió la figura de Vinnie Jones, un chico de clase obrera nacido en Watford en 1965. A los 21 años fue fichado por el modesto Wimbledon, club que solo quería permanecer en aquella Primera División que era la antesala de lo que después se convirtió en la Premier League.
Pero Vinnie no era un futbolista promedio. Con el número 4 en la espalda y la contención a su resguardo, se encargó de sembrar el terror en la cancha. ¿Cómo lo hizo? A chingadazos. Pronto se convirtió en el jugador más sucio de la liga, con patadas temerarias que por increíble que parezca eran perdonadas por los árbitros. Aquella era una batalla de hombres y no payasos, sin los Neymar que rodaran hasta llegar a otro planeta.
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El salvaje defensa contagió a sus compañeros y pronto fueron etiquetados como los “Crazy Gang” de la liga. Si alguien quería vencerlos, se atenía a las barridas, los codazos y las faltas arteras. Quizá el momento cumbre fue cuando Vinnie tocó los testículos de la estrella del Newcastle United, Paul Gascoigne, momento que quedó inmortalizado en una foto publicada por los diarios británicos.
Aquel grupo de inadaptados tocó la gloria cuando se coronó campeón de la FA Cup frente al millonario Liverpool. David derrotando a Goliat pisando los cayos, dando escupitajos y lastimando las rodillas. Después el plantel se fragmentó y el futbol comenzó a transformarse en algo más comercial. La liga no podía permitir que Vinnie siguiera como un pandillero impune y comenzó a sacarle rojas, incluso a suspenderlo por largos periodos por comportamiento inadecuado fuera de las canchas. Y es que, coño, en una noche de copas golpeó a un periodista y a la mañana siguiente ni siquiera lo recordaba.

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La figura del muchacho se expandió más allá de las canchas y una tarde de 1998 recibió una curiosa invitación: participar en una película. El director era un joven llamado Guy Ritchie y la cinta se llamaba Lock, Stock and Two Smoking Barrels. El papel era corto pero sustancioso: encarnaría a un matón a sueldo. Lo hizo tan bien que ganó el Premio Empire a Mejor Actor Debutante.
Y entonces Vinnie Jones se enamoró del cine. El propio Ritchie lo incluyó en la película de culto Snatch, Cerdos y Diamantes (2000) y volvió a ser laureado. Con el tiempo llegarían otras producciones como Mean Machine (2001), 60 Segundos (2000) y Operación Swordfish (2001). Ya encumbrado ha estado en series, programas de televisión y hasta curiosos realitys de concursos.
Dicen que cuando estaba en su auge futbolero soltó frases para la inmortalidad: «Lo que más me gusta es el chasquido de los huesos del rival al lesionarse». Y esta otra: «Cuando me entero que a algún rival le ha dejado la mujer, yo procuro recordárselo en el campo».
Larga vida a ese genio pandillero llamado Vinnie Jones.


