Por Yessika María Rengifo Castillo
Un día la emoción fue la misma como los entrenamientos en el parque del sur de la ciudad. Tomás Álzate era el maestro de las grandes escuelas de fútbol, contaron los Durán esa noche de recuerdos. Su niño nunca podría ir a una de ellas y tomarse una fotografía de la Selección de Colombia era imposible para una familia tan humilde como la suya. El dinero que ganaban Federico, y Samanta, sus padres, no alcanzaba para todo el mes.
Lucas, el hijo menor de los Durán, deseaba conocer el estadio Nemesio Camacho El Campín y trabajó sin cesar vendiendo álbumes de su ídolo Pelé, emprendiendo un viaje de vida sin regreso a las humillaciones del barrio de Las Cruces. Después de tantas lágrimas, frente a las esperanzadoras palabras de su padre, consiguió seguir luchando sin mirar los días de lamentos.
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El sueño se logró ante el juego que ofreció Lucas frente a la encantadora mirada del profe Tomás esa tarde de abril sin los rayos del sol en el parque Simón Bolívar. Los papeles se firmaron y han pasado quince años donde el jugador Durán es la afición de los pequeños y la fotografía del álbum de la Selección de Colombia.
A partir de ese momento, el delantero Durán y El Campín son uno solo, susurran las canchas sin olvido. Los niños de la Plaza de Mercado Las Cruces comprendieron que habían nacido para hacer una estrella acompañando los cielos, pero la violencia no permitía que ocurriera esto.
El Mundial estaba a unos días y el corazón de la maestra Jiménez no paró de sonreír.
*Poeta, narradora, articulista, e investigadora colombiana. Autora del poemario Palabras en la distancia (2015) y los libros El silencio y otras historias, La estación de Luciana y algo más que contar, Volvamos y algo más, etc.


