Estimado Roberto: perdió México
¿Qué sucede cuando has visto este partido antes? ¿Cómo le puedes decir a tus compatriotas, esos que amas cuando están alegres y que odias cuando roban, matan, secuestran, te echan el coche encima, tiran la basura o ensucian el agua y cortan árboles para ganar más dinero? El contraste es abismal. El contraste es latinoamericano.
Viví en los 90yalgo minutos de anoche lo que hubiera vivido hace 40 años, durante el mundial del 86, si me acordara. Entonces tenía seis años y vimos el partido de México contra Alemania Federal en una pequeña televisión portátil blanco y negro, conectada al Gremlin 6 cilindros que era propiedad de mi madre.
Solo recuerdo que era sábado. Pero ese partido no lo volví a vivir o a ver. Ahora volví a ver el partido o los partidos que veo cada fin de semana, a las 6 o 7 o 9 de la mañana. Cada fin de semana, entre agosto y mayo, veo a Anthony Gordon corriendo por la banda izquierda como Renton en la secuencia inicial de Trainspotting. Veo a Pickford salvando al maldito Everton, aunque nunca lo había visto tan inspirado, debo confesar, como anoche.
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Veo a Bellingham de vez en cuando en el maldito Real Mandril y de nuevo, pocas veces tan inspirado. Veo a Bukayo Saka haciendo maravillas, semana tras semana, en la extrema izquierda. ¿Cómo le explico a mis compatriotas que los ingleses siempre juegan así? Es como maravillarse por leer por primera vez a Dickens o a Shakespeare. Acostumbrados a los grandes relatos y poetas, los ingleses.
Y también había visto este partido desde el lado de México. Ojalá las ideas de Fernando del Paso, de Arreola, de Juan Rulfo, de Elena Garro, de Paz, se pudieran filtrar a la falta de creatividad del Vasco. El ataque de México no necesitaba muchos adjetivos, sino una frase contundente que se deslizara por debajo de las piernas inglesas. ¿Si los mexicanos podemos burlar a las autoridades, las cámaras de vigilancia y hasta a hacienda, por qué no podemos burlar a 10 ingleses? Hay algo en la historia que posiblemente se cuela, que no podemos tocar pero que llama cuando se necesita. ¿Sería que Declan Rice o Jude Bellingham pensaban de pronto en algún soneto o en alguna línea de Shakespeare mientras sufrían en la cancha? Ojo, este partido lo jugamos en verano. Así comienza el Soneto 18 de Shakespeare:
¿Debería compararte con un día de verano?
Tú eres más graciosa y más templada.
Rudos vientos sacuden los botones de mayo
y el alquiler del verano vence muy temprano.
Se nos acabó, Roberto, el alquiler de verano. Vimos muchos jugadores, un bosque verde, pelear por 20 o 30 minutos. Necios, convencidos. Pero peleaban como los fantasmas de Rulfo: para seguir existiendo, sin hacer daño. Yendo al final sin una última lanza afilada o un cuchillo para atacar. Parecían que corrían suspirando. ¿Recuerdas lo que dice Rulfo en Pedro Páramo? Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.
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Los jugadores mexicanos se fueron deshaciendo del Mundial y de la vida (mundialista). A Quiñones, a Raúl, a Fidalgo, a Alvarado que parecía el Pípila, no les alcanzó. Olvídate de los errores y venir de abajo: tuvimos un jugador extra y 20 minutos (o más) para empatarlo. Aguirre dejó de ser el entrenador para ser el flautista de Hamelín. Nos fuimos convirtiendo en aquellos 11 ratoncitos verdes que bautizó Manuel Seyde.

Te cuento, porque a lo mejor no te sabes esta, tú que sabes mucho. Era 1961. México jugando contra Inglaterra. En Wembley, la Catedral del futbol. Perdimos 8-0. Manuel Seyde escribió en su columna que había visto “unos ratones verdes corriendo espantados entre leones ingleses”. Por cierto, un pariente tuyo jugaba en México al frente. Ahora, en el 2026, los ratones verdes parecían que podían morder y organizarse para acabar con los leones. Estuvieron, una vez más, a punto de. Pero no poco a poco dejaron de atacar a las piernas y se fueron al invisible precipicio, siguiendo la flauta de Aguirre.
En fin.
¿No te jode que cuando nos quedamos sin palabras y sin ideas, o sin ganas, tenemos que usar un conector discursivo, como ‘en fin’? Espero imagines mi sonrisa irónica.
Y bueno, no estamos tristes pero estamos tristes. Te escribo mientras España intenta sacar a Cristiano Narciso Ronaldo. Volvimos a caer. Volveremos a tener esperanza y volvemos a esperar cuatro años. Somos el gran Sísifo de de los mundiales, los eternos yamerito. Y si hubiera escrito este final el escritor moreliano Rafael Bernal, habría dicho gruñendo, lo que muchos dijimos anoche, entre lluvia y silencio, mientras volvíamos a casa: ¡Pinche México!
Guadalajara, 6 de Julio, 2026.
*Este es un intercambio epistolar entre Adrián González Carmargo y Roberto Jáuregui.


