Por Roberto Jáuregui
Estimado Adrián:
¡Se terminó, por fin se terminó! Es un alivio. Déjame decirte, antes de responder a tus preguntas, que esta vez me amargaron el pastel, y no me refiero al resultado del partido final, sino a la enorme bola de nieve de estupidez y maledicencia que a lo largo de la última semana creció de manera desmesurada y de forma totalmente desquiciada.
Esta vez no me dejaron disfrutar de nada, ni siquiera de la merecida derrota. Nada. Todo me supo amargo, tedioso, idiota, enfermizo. Fue tan fuerte la sensación de hastío que me dije que este sería el último mundial al que le prestaría algo de atención (sabiendo que, de aquí a cuatro años mi enojo habrá pasado, o tal vez sea otro, y que, si estoy vivo, tal vez vuelva a dejarme arrastrar por esa corriente que tanto disfruto cuando es sana y divertida); ya veremos.
Voy a responder a un par de preguntas tuyas y después volveré sobre este tema, porque hay, y esto no es casualidad, una pregunta tuya que va a permitirme explayarme más sobre este asunto.
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Che, no jodas, qué título feo le pusiste a tu última carta… “¿Supiste dónde quedó Lionel Messi?” No parece tuyo, la verdad. Bueno, respondo igual. Messi quedó donde debe quedar alguien de su altura: en el Olimpo. Perdió un partido. Perdió una final (y no es la primera), y eso no demerita un ápice lo increíble que es ese tipo. Todos los campeones han perdido no una, sino varias veces. Muhammad Ali, Michael Jordan, Maradona, Federer, todos ellos fueron humanos en algún momento y perdieron grandes finales o partidos importantes, y eso es lo que los hizo grandes, el hecho de alzase sobre esas derrotas. Eso es todo, no pasa nada.

Me preguntas mi opinión sobre el juego, y no hay nada que pueda decir o que merezca ser dicho. Argentina llegó agotada y con tres cuartos de equipo y eso se sintió desde el primer momento. España nos sacó a pasear y ya, eso es todo. Ganó el mejor y listo, that´s all folks. Sumar análisis o comentarios es superfluo y en un todo innecesario.
Oye, me alegra saber que has finiquitado La Odisea. Ya tenemos tema para charlar dentro de poco. Yo todavía no he visto la película de Nolan, falta que rectificaré mañana mismo (cuando eso ocurra el que se llenará la boca de preguntas seré yo, y tú tendrás el trabajo de desasnarme al respecto de algunos puntos, ya que sé que la película en cuestión ha levantado bastante polvareda, aunque he evitado todo acceso sobre eso, ya que no quiero que influyan de manera previa en mi mirada).
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Con respecto al Ulises, de Joyce, te recomiendo la edición aniversario, de Lumen, ya que contiene material accesorio sumamente interesante y valioso, como el Esquema de interpretación del Ulises, el cual no es imprescindible para la lectura de la novela, pero sé que, para ti, que eres un dedicado buscador de exquisiteces literarias, va a gustarte mucho.
También es muy recomendable, para una primera lectura, acompañarse de algún texto complementario. A mí me ayudó mucho el análisis de Vladimir Nabokov, capítulo por capítulo, que se encuentra en su Curso de literatura europea. Espero que lo disfrutes tanto como lo he disfrutado yo.
Termino con el tema que quedó pendiente desde el primer párrafo. Me preguntas, al final de tu carta, sobre mi parecer sobre la credulidad actual de la FIFA y una pregunta que es importantísima y que deslizas al inicio de tu carta: ¿No estamos en tiempos de falacias, querido Roberto? ¿Donde se utilizan momentos del juego, de declaraciones, de comentarios en internet, para tratar de decir que eso es el todo?
Y esto es, precisamente, lo que provocó en mí ese hastío del que te hablé al principio. Sí, estoy de acuerdo contigo: la FIFA, en su afán por ganar dinero y nada más que dinero ha profundizado el problema de corrupción (el cual ya existía desde hace tiempo, no vamos a ser tan ingenuos como para creer que esto es algo nuevo), pero que ahora ya ha alcanzado increíbles niveles de descaro.
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Después, tu pregunta sobre el tiempo de falacias, pues qué decir; bien me conoces y sabes que vengo sosteniendo eso desde hace años, y no solo con respecto al fútbol, sino en referencia a todos los ámbitos. Vivimos en tiempos de estupidez generalizada y todo parece indicar que la cosa se va a poner peor. Espero equivocarme, claro está, pero la verdad es que no creo que vaya a ser así, porque para darte cuenta de que estás equivocado (y así poder enmendar los errores cometidos) tienes que tener, para empezar, un mínimo de inteligencia, y ese mínimo es lo que no veo. Fíjate que hoy lo que prima es el yo por sobre la verdad; y eso es catastrófico.
Por lo pronto, ya que por fin terminó este Mundial que no me dejaron disfrutar como corresponde, te cuento que voy a encerrarme en mi biblioteca y que el mundo, al menos por un tiempo, se vaya bien al diablo, que es donde se está yendo sin necesidad alguna de mi presencia (cosa que, por supuesto, agradezco). Sacaré la cabeza en algún momento futuro, si es que así lo considero adecuado, por lo pronto tengo un esnórquel de excelente calidad, con el que pienso mantenerme en las profundidades por un buen tiempo.
Me quedan un par de temas más por charlar, Adrián, pero el tiempo es tirano (perdón por el lugar común) y el espacio también, así que quedarán para otro momento. Que el próximo Mundial nos pille confesados, hermano, porque presumo que esto se va a poner más y más espeso todavía.
Roberto
Morelia, Michoacán, 22 de julio de 2026
*Este es un intercambio epistolar entre Adrián González Camargo y Roberto Jáuregui.


