A la infancia se le suele recordar con nostalgia y sonrisas, pero hay niñeces que fueron tan duras que se tienen que exorcizar. En la pieza dancística “Un juego monstruoso: Reescritura coreográfica de una infancia marica”, Francisco Ponce visita su propio pasado en el que las barbies y los brillos se tenían que ocultar de las miradas conservadoras.
En sus propias palabras, la obra “nace del deseo de volver al juego para mirar de otra manera aquello que alguna vez dolió. El cuerpo se mueve entre el recuerdo y la invención: baila lo que fue censurado, exagera lo prohibido y convierte en fiesta aquello que antes fue vergüenza”.
El acto escénico se presentará el próximo 1 de agosto a las 20:00 horas en el Escalón Cultural, un foro alternativo ubicado en la calle Corregidora 723, en el Centro de Morelia, con un costo de 150 pesos.
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El autor explica que con esta puesta “la infancia deja de ser un territorio de silencios y la danza abre un espacio donde lo monstruoso deja de habitar el cuerpo que baila para revelarse en la mirada que lo observa. Lo que alguna vez fue señalado como error o anomalía reaparece como fuerza vital, como juego compartido y como afirmación de que las infancias maricas existen, resisten y son hermosas”.
El origen
Francisco Ponce subraya que el génesis de la obra data de 2020, fecha en que publicó el texto “Homosexualidad, cuerpo y danza. Mi ruta”, que aparece como capítulo del libro Voces desde la diversidad. Ahí comenzó una necesidad de recapitular su infancia mediante una pieza dancística, que tuvo como primer salida un acto dentro del festival Bienal Innexo en 2021.
En 2025, con apoyo del PECDA Michoacán, Ponce pudo concretar la versión que finalmente veremos el 1 de agosto. “Para mí significó un ejercicio de resiliencia y de celebración de mi ser homosexual feminizado. Representó la posibilidad de encender las luces para hacer visible una niñez marcada por el dolor que produce la vigilancia por familiares, maestros y otras infancias sobre el cuerpo y sobre el juego”.
Al mismo tiempo, añade, “esa luz sobre el pasado también deja ver la inventiva y el poder de la imaginación como puntos de fuga o resistencia de mi ser niño marica ante ciertos modelos de masculinidad dominantes”.

No hay culpa en la feminización
El artista escénico, investigador y profesor considera que este acto es “un ungüento para sanar esa vergüenza impuesta y adquirida durante mi infancia. Es el grito de mi cuerpo para hacerme saber a mí mismo y los demás que no hay culpa en la feminización”.
Finalmente, considera fundamental emitir una postura política mediante la danza contemporánea. “Hay que poner en entredicho los modelos heteropatriarcales y religiosos que han determinado culturalmente cómo ‘debemos’ vivirnos y relacionarnos en función de un binarismo de género hombre-mujer en polos opuestos. Es una situación que ha desembocado en la permanencia de actos de discriminación, odio y violencia hacia homosexuales, lesbianas, personas trans y demás miembros de la comunidad LGBTQ+”.



