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Autor: Gustavo Ogarrio
Cronista y profesor de literatura latinoamericana en el Colegio de Estudios Latinoamericanos (FFyL / UNAM). Ha publicado los libros Épicas menores (UNAM / SCDF / EÓN, 2011), Breve historia de la transición y el olvido (CIALC-UNAM / Eón, 2013), Nunca seremos poetas (UNAM, 2018) y Ningún país es mi país (Silla Vacía, 2020).
Quisiera decir en un tono suave, casi como un susurro en la oreja de un perro mientras lo acaricio…o mejor aún: como si me lo dijera a mí mismo en esa sucesión cinemática, a veces alegre, a veces absurda, de dos mundiales anteriores y al filo mortal de la tercera Copa del Mundo en México: este Mundial se lo robaron. Se lo robó Estados Unidos y su presidente filibustero en el delirio de su guerra total, comercial y militar, con su sonrisa infernal al pie del genocidio en Gaza y de la fractura a nivel internacional que genera la destrucción…
Nota exclusiva del 28 de diciembre
Pensaba que ese primero gol sólo podía atraer una forma más elevada e intangible de la tristeza: un estado difuso de alegrías, el fin de los que esperan un milagro, la explosión en la que danzan voces como arrullos en colapso, la vibración inocua del futuro imposible, los gritos que se estrellan contra los demás –el de junto, la de más lejos, el que está de espaldas, la que no se ve– y los acaban, los tiran al suelo para patearlos con el puro júbilo sin destino… arrolladoras muecas que desfiguran la máscara de barro de un país sin país.…
Solo me interesan los mareos de meniscos destrozados en alta mar, la prolongada desolación al patear un balón dirigido hacia la intuición del travesaño sin red y desnudo en medio de la tarde lluviosa…porterías que se extendían como bandera de astronautas en la luna ante el naufragio en el lodazal bíblico del campo La Fragata. Sólo me interesan esas porterías casi de barro en la memoria, ni blancas, ni grises, ni negras, manchadas de una tierra dura que no permitía el idilio entre gol y acrobacia, ni la felicidad de los gestos en perfectos close-ups para la televisión; sonrisas ligeras…

