Estimado Roberto: ¿por qué existe Suiza?
Dijo Zico, jugador Egipcio: ¿para que nos invitan jugar, si quieren que gane Argentina? Qué lejos quedaron las investiduras de Tutankamon. Qué lejos aquel imperio envidado y odiado. Tú que eres argentino, me confirmarás que tu país es mucho más joven que Egipto, ¿no es cierto? Como Estado moderno, Egipto nació 1971.
Como cultura tiene 7,000 años. Argentina, como nación, nació hace… ¿167 años? Tú me dirás si hice bien las cuentas. ¿Me explicas cómo hace un país para remontar en 10 minutos? Porque los egipcios hoy en día son muy buenos para explotar turísticamente lo que tienen desde hace miles de años, además son buenos para producir gas, petróleo, algodón, manufactura, administrar el Canal del Suez… pero Argentina produce soya, carne y futbol. Y políticos patéticos, ¿cierto? Egipto es mencionado en la Odisea, Argentina no. Pero Messi ha sido la palabra más buscada en la historia de Google. Perdona la estupidez que tengo que decir: los tiempos cambian.
Ahora tenemos dos partidos en la mesa de discusión, mejor dicho, de provocación de ideas. El primero, si me lo permites, El Colombia vs Suiza. El segundo, el de ayer 9 de julio (justo el día que nació como patria tu patria), Francia vs Marruecos. ¿Hay país más desangelado que Suiza? Una amiga que vivió ahí me contó que hay viejos jubilados que se dedican a sentarse en las paradas de autobuses para denunciar los que llegan tarde. ¿Se puede dedicar ese lujo llamada jubilación, hoy día, a eso? Si algo representa Suiza es el orden de un sistema. Una cerrazón al mundo, una constante de guardarse.
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Guardarse como guardaron el oro que los nazis habían robado de los belgas o los holandeses, o de judíos a quienes les confiscaron todo, hasta el alma. ¿Deberían respestarse los suizos? Para mí, ni en la cancha. Ya lo dijo el suizo Herman Hesse: Aprende lo que hay que tomarse en serio y ríete del resto. ¿Serán serios los Suizos? Ya me contarás en el partido de Argentina, el próximo sábado 11.
Cuando terminó el partido, recordé las primeras líneas del multicitado García Márquez en Crónica de una muerte anunciada. Sí, Gabo, ese que se dividió en dos a su muerte: medio Gabo en Colombia y medio Gabo en México. El inicio seguro lo recuerdas, porque tú tienes una memoria que le jugaría un tú a tú a Funes, así como el portero Bono le jugó a los franceses:
El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna y, por un instante, fue feliz en el sueño…
¿Será que eso soñó Colombia, querido Roberto? Tal vez eso escuchaban mientras se deslizaban lentamente hacia los penalties. El portero se llama Camilo Vargas. Juega aquí en Guadalajara. Confieso que nunca lo ví tan grande en el Jalisco como ahora en el Mundial. Pero en el duelo final, ese que en ocasiones parece el clímax de Barry Lyndon de Kubrick, no llega. El que lo aniquila también se apellida Vargas, se llama Ruben Estephan y su padre es dominicano. Su madre, Suiza.
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Ser espectador del Mundial y ser espectador entre coterráneos que han vivido esa fiebre mundialista como si fuera la nueva pandemia. Te cuento una anécdotas. La primera sucedió cuando México recibió a Corea, aquí en Guadalajara. Intenté ir al famoso Fan Fest en el centro de la ciudad. Tomé el tren ligero al mediodía. Iba lleno. Imaginarás que decenas de playeras verdes manchaban el interior del vagón. En medio de esa mancha verde, una mujer coreana, de unos 40 años. Los gritos fueron las porras de siempre, las que no son las más creativas. Aunque a veces nos sorprenden las masas.
Lo sorprendente fue que la coreana, después de resistir, con un poco de español y un poco de inglés, enseñó a vitorear en coreano a la gente. Lecciones de coreano en el tren ligero, ¿quién iba a pensar? Esa noche, la estatua/rotonda de la Minerva se atiborró. Luego hubieron multitudes cuando ganamos a Ecuador, cuando Maná y Alejandro Fernández hicieron conciertos gratuitos. Y luego, el silencio y los coches de vuelta. Prometo, hasta aquí el tema de México como selección y las repercusiones en la ciudad.
Y bueno… Ayer vimos Francia contra Marruecos. ¿Qué pasó ahí? Un amigo comentó que Marruecos se había quedado en el hotel. Como Ronaldo antes de la final de Francia 1998. Aquello fue un misterio. Lo de ayer también. Imaginaba a Louis Ferdinand Céline, tal vez utilizando el epígrade de su apabullante “Viaje al fin de la noche” para referirse a la actuación de Marruecos: “Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación.
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El resto no son sino decepciones y fatigas. Parece que a Marruecos no le sirvió el viaje o quiso volver pronto a la decepción. ¿O será que les pegó eso que llamamos Karma, por haberse quedado con la Copa Africana en la mesa, después de haber sido descalificada Senegal?
Hay equipos que van al Mundial para jugar algo, otros para ganarlo todo. Ya casi termina esta fiesta rodeada de miseria. ¿Habría algún equipo que se atrevió y viajó al Mundial solo para pasear? Citando a Homero: ¿quién cruzaría por placer la salada llanura de las aguas sin fin? Espero siempre con deleite tu respuesta.
Recibe otro abrazo de Adrián
Guadalajara, 10 de julio 2026.
*Este es un intercambio epistolar entre Adrián González Carmargo y Roberto Jáuregui.


