Se acaba de estrenar el tráiler de la película I Play Rocky, la historia que contará cómo Sylvester Stallone convenció a un grupo de ejecutivos de Hollywood de interpretar al personaje que lo catapultaría a la fama.
Esta etapa de la vida de Stallone fue crucial para convertirse en la estrella que sería durante la década de los ochenta, y para obtener un lugar en la memoria colectiva de los cinéfilos.
Sylvester fue ignorado por muchos y menospreciado por otros. Desde el incidente en el que un médico le destrozó nervios faciales en su nacimiento, Stallone quedaría marcado. A inicios de su carrera en el cine, mientras estudiaba en la Universidad de Miami, tuvo una participación en Ese Buen Chico de 1968, pero su primer papel principal fue en la película porno The Party at Kitty and Stud’s de 1970, la cual grabó a cambio de 200 dólares en un momento de desesperación.
Por ese entonces cruzaba problemas económicos severos, fue desalojado de su departamento y tuvo que mudarse a Nueva York, donde compartió casa con su novia, quien también era actriz. En ese proceso trabajó como limpiador en zoológicos y acomodador en un cine, pero lo despidieron por revender boletos.
Buscaba trabajos ocasionales para sostener el sueño de ser actor, al tiempo que se interesaba por la literatura y acudía con frecuencia a la biblioteca. Ahí, como otros grandes autores, descubrió a Edgar Allan Poe y su vida cambió.
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Durante los primeros años de la década de los setenta, parecía que Stallone tan solo era capaz de ser un extra en películas pequeñas. Hasta ese momento solo había aparecido como tipo rudo, lo que le daba una apariencia de “bobo”. Ante la desesperación por la situación económica que atravesaba, vendió a su perro Butkus por no poder costear su alimentación. Eso fue el punto de quiebre. Cuando estaba hundido, logró sobreponerse gracias a un talento no explorado: la escritura.
En menos de 4 días escribió el guion completo de Rocky. Logró colocarlo entre los guiones pendientes de revisión con una casa productora. El resultado: los ejecutivos quedaron fascinados por lo que leían. Les parecía impresionante que una historia tan redonda hubiese sido escrita por un completo desconocido. Compraron la idea, pero Sylvester tenía una condición, él y solo él podía interpretar a Rocky Balboa.
Los ejecutivos no estuvieron de acuerdo, sabían que un guion tan bueno requería de un actor conocido o si no corrían el riesgo de grabar un bodrio. Trataron de convencer a Stallone a billetazos, pero este no se rindió. Argumentó, negoció y se resistió hasta que logró ganarse el protagónico de la película. No obstante, esto no representó el fin de la batalla, sino solo una pequeña victoria. Grabar Rocky fue un camino tortuoso.
Sylvester dejaba la vida en cada escena, tal vez porque sabía que esa era la única oportunidad para demostrar su talento. En el camino, se rompió una mano, se fatigó y tuvo que pelear para rescatar una escena, quizá la escena más importante de la película, “el ojo de cíclope”, como dijo el propio Stallone.
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La producción decidió que la escena del diálogo entre Adrian y Rocky previo a la pelea final debía suprimirse. Stallone sabía, y tenía razón, que esa conversación en la que el italoamericano le confiesa a Adrian su vulnerabilidad al saberse un fracasado, era crucial para la trama, pues es ahí donde el público logra empatizar realmente con Rocky. Cuando este asegura tan solo lograr sostenerse de pie en los 12 rounds, demostraría que vale la pena como persona, no solo está hablando por Rocky, sino por todo ser humano que se enfrenta a una crisis. Stallone no contaba un cuento, sino una anécdota. Rocky fue la historia de su vida, y así continuaría en la secuela y en la tercera parte.
En noviembre de este año llegará a cines I Play Rocky, y parece que fueron fieles a la historia, además de que, gracias a la caracterización, el actor Anthony Ippolito es idéntico al Stallone de esa época, no solo en apariencia física, sino en movimientos, actitud y hasta voz.


